El arroz es uno de esos alimentos que, como el buen gusto, nunca pasan de moda. Todo el mundo lo conoce y, a menos que seas uno de esos fanáticos de la quinoa, seguro que ya eres fanático de este noble grano. Desde los vibrantes campos de arroz de Asia hasta los mostradores de cocina en casa, el arroz ha sido un ingrediente básico durante miles de años. ¿El por qué de su popularidad? Sencillo. Su versatilidad y la forma impecable en que absorbe los sabores hacen que cualquier comida mejore drásticamente. No es de extrañar que las amas de casa (sí, esas mismas que todavía hacen la cena familiar mientras los progresistas intentan inventar utopías), hayan aprovechado este grano como un aliado en la cocina. Esto es lo que pasa cuando la tradición manda sobre la moda.
Primero que nada, dejemos algo claro: hacer arroz no es una ciencia oculta ni una moda pasajera. Todo comienza con el agua. Aquí no jugamos a ser científicos midiendo milimétricamente. ¿Quieres arroz perfecto? Simple. La proporción un estándar que ha funcionado durante generaciones es 2:1. Dos tazas de agua por una de arroz. Pero claro, si te gusta más seco o más meloso, ve variando. Nada como el ensayo y error. La vida no es perfecta, pero tu arroz puede serlo. Y mientras muchos están ocupados buscándole tres pies al gato con métodos rebuscados, tú disfrutarás de un plato limpio y tradicional.
Hablemos del lavado, algo que algunos urbanitas modernos parecen olvidar. Antes de que ese arroz toque la olla, asegúrate de que esté bien lavado. No solo es cuestión de higiene, sino de sabor. Al quitarnos el exceso de almidón, garantizamos que no se convierta en una amalgama pegajosa. Enjuagar tres veces es tu mejor apuesta. Es simple, rápido y como decía mi abuela: "el agua no es cara".
Luego viene el momento crucial que dista mucho de ser una odisea culinaria que algunos citadinos te quieren hacer creer. El arroz no necesita supervisión constante. Llevar a ebullición y, una vez que el agua hierve, bajar el fuego con la tapa puesta. Al 15to minuto, verás que empieza el verdadero espectáculo. Pero no vayas a levantar la tapa cada cinco minutos. Esto no es una obra de teatro. La paciencia, esa virtud que muchos parecen olivdar hoy en día, es lo que te dará un arroz esponjoso.
Sal: el condimento de los que saben. Evita esos consejos modernos ridículos que evitan salar el agua. La buena sal mejora la vida y también tu arroz. Un poco de sal al agua y verás que sabor tan exquisito nos regala la vida. Los aderezos son opcionales. Si prefieres el arroz al natural, estás en buena compañía. Pero si, por el contrario, deseas añadir un toque propio, ahí entra en juego el arte culinario (el verdadero, no ese que te venden con nombres raros y precios exorbitantes).
Y aquí te traigo mi consejo más provocativo: el aceite. Muchos no lo mencionan, pero un chorro pequeño de aceite nada más empezar a cocinar, hace maravillas. Llámalo un truco de la vieja escuela, de esos que no pasan en las clases de "gastronomía" (entre comillas porque así parecen ser muchas veces esas clases) modernas.
El arroz es como la vida: con un buen inicio, paciencia en el proceso y sabiduría al final, se nos da un resultado espectacular. Y mientras algunos distraen su atención con soya, tofu y tantas cosas modernas de moda, tú y yo tenemos el buen arroz para recordarnos que no todo tiene que cambiar para mejorar. Porque en mi cocina y seguramente en la tuya, las cosas claras son las mejores. Algunos pensaron en crear nuevas formas de cocinar arroz, pero el viejo proverbio nunca falla: "si no está roto, no lo arregles". La tradición perdura porque muchos conocíamos el valor del sabor sobre la política.
Mientras la marabunta del mundo moderno sigue en sus intentos por cambiar lo incambiable, sigue perfeccionando tu arroz. Al final, la buena cocina es lo que nos une a nuestras raíces, a lo verdadero, a lo que nunca vira hacia el caos. Apostar por lo de siempre en un mundo enloquecido, solo puede traerte buenos resultados en la cocina y en la vida.
Allí lo tienes. Arroz. Simple, directo, y tan efectivo como esa receta transmitida por generaciones. Si alguna vez dudas de su genialidad, recuerda que el arroz es lo que ha sostenido civilizaciones enteras, mientras otras no resistieron los inventos de la moda. Y ahí lo tienes, otro recordatorio de que, a veces, los "nuevos" tiempos solo son ruido. Lo tradicional nunca necesita disculpas.