Barney Glaser, la mente maestra detrás de la 'grounded theory', es un genio que ha estado girando cabezas desde mediados del siglo XX, justo en las bulliciosas calles y aulas de Nueva York y Londres. Junto a Anselm Strauss, revolucionó el mundo de la investigación cualitativa dándole un giro 180 grados. Ahora todos andan hablando de teorías emergentes y categorías que surgen de la data misma, algo que antes sería considerado una locura o peor aún: ¡poco académico! En 1967, con la publicación de "The Discovery of Grounded Theory", Glaser y Strauss pusieron de cabeza el ámbito de las ciencias sociales.
¿Por qué hablar de él hoy? Porque sus ideas no solo son vigentes, sino que además son un golpe en la cara para aquellos que buscan imponer datos estadísticos fríos sin alma como la única conclusión válida. En un mundo donde todo debe estar milimétricamente regulado y analizado, Glaser nos recuerda que la ciencia, al igual que la vida, debe permitir que surjan las sorpresas, y los datos deben ser libres como el viento para contarnos su propia historia.
Hablemos de por qué la teoría fundamentada es relevante aún en esta década. Glaser enfatizó en que el investigador debe adentrarse en la recopilación de datos con la mente abierta, libre de sesgos preestablecidos. Contrario a las rígidas metodologías defendidas a diestra y siniestra, Glaser sugiere que las teorías deben emerger de la data misma. Así se abre paso a la originalidad, a lo novedoso y a la adaptabilidad natural al entorno cambiante.
Los académicos de sillón normalmente esperaban que todo estuviera ordenado en una monolítica teoría listada en orden alfabético, pero Glaser los remeció con su enfoque evolutivo. En lugar de seguir el status quo, animó a los investigadores a que permitieran a los datos hablar primero, y luego, sí, ordenar en teorías que son realmente significativas y fundamentadas.
Es importante destacar que el trabajo de Glaser fue más allá de lo académico. Las ideas que desarrolló junto a Strauss han tenido un impacto tangible en el mundo real, desde la educación hasta las organizaciones empresariales que buscan entender mejor las dinámicas de sus empleados. Sacudió a la comunidad lingüística dormilona hacia una nueva era de exploración y libertad, donde las interpretaciones artificiales y forzadas no tienen cabida.
Otra cosa que fascinó al mundo, y nos tiene que dejar pensando, es su desafío al paradigma científico hegemónico. En un universo donde los resultados a menudo buscan confirmar hipótesis preconcebidas, Glaser propuso lo contrario: dejar que el descubrimiento sea orgánico, y sí, a veces aleatorio. Es un enfoque más humano y más cercano a la realidad del día a día, donde no siempre tenemos todos los datos al comenzar un proyecto o hacer funcionar nuestras organizaciones.
¿Y qué tal las implicaciones políticas? Aquí viene el dardo que podría hacer torcer labios a más de un liberal. La 'grounded theory' es un recordatorio de que el mundo no se ajusta a planificaciones utópicas inmutables ni a la rigidez de una agenda con predicciones estáticas. Es un manifiesto de adaptabilidad y evolución, conceptos que los amantes de la norma bien podrían detestar, o al menos querer domesticar.
Viendo hacia atrás, es evidente que Barney Glaser cambió la forma en la que investigamos e interpretamos el mundo. Esto también resalta un hecho simple pero poderoso: que el conocimiento y la sabiduría surgen de la experiencia práctica y de un dialogo con nuestra realidad, no simplemente de números o de categorizaciones forzadas que buscan complacer a poderes establecidos.
Claro, sus métodos tienen sus detractores, pero es innegable que la corriente de aire fresco que Glaser inyectó al disco rayado de las ciencias sociales transformó y sigue transformando mentes y cambiando paradigmas. Quizás el éxito de su legado se pueda resumir en que, en última instancia, Barney nos enseñó que es vital dejar que el conocimiento se revele gradualmente, de formas que muchas veces se escapan de nuestras predicciones más elaboradas.
En el bullicioso mundo académico, Glaser se alzó como un rebelde perspicaz con un mensaje imperecedero: las mejores historias se escuchan cuando permitimos que el silencio sea roto por una data libre y honesta. Así que ya sabes, la próxima vez que te dicten cómo pensar o analizar, tal vez sea el momento de canalizar a Glaser y cuestionar el orden establecido. Al final, tiene más sentido dejar que los datos y la experiencia sean tus verdaderos guías.