Imagina un galardón que no celebre solo la ciencia, sino también la resiliencia y la innovación de las mujeres en regiones en desarrollo: eso es el Premio de la Fundación OWSD-Elsevier. Desde 2013, este premio ha estado iluminando el esfuerzo de mujeres científicas en áreas donde los recursos son limitados y las barreras son altas. Organizado por la Fundación OWSD (Organización para las Mujeres en Ciencia para el Mundo en Desarrollo) y Elsevier, una editorial y analítica gigantesca, este reconocimiento anual se otorga a mujeres en etapas tempranas de su carrera con contribuciones destacadas a la ciencia y al desarrollo sostenible. Y sí, mientras algunas voces pueden argumentar que no necesitamos "premios especiales" para las mujeres, la realidad en muchos aspectos sigue siendo una carrera cuesta arriba para ellas.
La ciencia siempre ha sido un campo complicado para las mujeres, especialmente en regiones donde las barreras socioeconómicas se entrecruzan con el espectro de género. Este premio no solo recompensa a sus destinatarias con un reconocimiento monetario, sino que ofrece visibilidad y abre puertas hacia una plataforma internacional. Lo cual, para una investigadora intentando hacer ciencia desde el sudeste asiático o África subsahariana, es un cambio de juego.
Parte de la razón detrás de este premio radica en la necesidad de cerrar la brecha de género en las ciencias. Este es un reto global: en reglas generales, las mujeres acceden menos a las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y en consecuencia, se aprecia menos innovación femenina en estas áreas. Los premiados son seleccionados no solo por sus logros científicos, sino por cómo su investigación aborda problemáticas urgentes como el cambio climático, la pobreza o la salud pública. Se entrega a mujeres jóvenes (menores de 45 años) de países en desarrollo, donde las dificultades económicas e infraestructura suelen ser retos mayores.
Sin embargo, es comprensible que algunos cuestionen la necesidad de premios específicos para mujeres en ciencia. Argumentan que segmentar a los premios podría subestimar el verdadero mérito científico. En un mundo ideal, dirían, la ciencia habla por sí sola, sin importar el género. Esta visión ignora, no obstante, las estructuras históricas opresivas y los desafíos todavía presentes. Separar por género no debería ser la norma final, pero existen circunstancias donde visibilizar el esfuerzo femenino ayuda a equilibrar el juego desigual.
La diversidad es crucial en la ciencia, aporta perspectivas nuevas y valiosas que de otro modo podrían ser ignoradas. Las investigaciones dirigidas por mujeres pueden ofrecer un enfoque distinto y necesario, y premiar esto contribuye a cambiar el pigmento de la ciencia tradicionalmente dominada por hombres. Por otra parte, también es importante no perder de vista el objetivo mayor: un mundo donde hombres y mujeres puedan ser reconocidos por sus contribuciones científicas por igual. Pero mientras tanto, combatir los sesgos inherentes es necesario.
Los efectos de estos premios son significativos. Las ganadoras han encontrado nuevas colaboraciones internacionales, obtenido acceso a recursos imposibles de conseguir antes y han podido seguir inspirando a la próxima generación de mujeres científicas. Ciertamente, este premio pone en pantalla grandes historias personales, reales y tangibles, motivando a otras a seguir un camino científico a pesar de los desafíos.
Resumiendo, el Premio de la Fundación OWSD-Elsevier es más que un reconocimiento. Es un acto político y social que nos pide repensar cómo vemos la ciencia y quiénes tienen la oportunidad de contribuir a ella. Hace visible lo que el sistema a veces intenta opacar. Y aunque queda mucho por hacer para lograr una verdadera igualdad en el campo científico, cada historia celebrada a través de este premio es un pequeño paso hacia el futuro que nos gustaría ver.