Párense y aplaudan, porque la historia de Wilson Ruffin Abbott es de esas que nadie puede creer que se dejen bajo la alfombra. Este hombre nacido en Richmond, Virginia, en 1801, hijo de un esclavo liberado y una madre de ascendencia europea, logró lo imposible para su época. ¿Qué hizo? Durante el siglo XIX, cuando el mundo aún trataba de digerir el fin de la esclavitud, Abbott cruzó las fronteras y llegó a convertirse en un exitoso hombre de negocios y político en Canadá, un país que para muchos era símbolo de libertad. Una ironía, ya que los progresistas de hoy no parecen interesados en resaltar su apabullante éxito "capitalista".
Abbott no solo construyó una exitosa carrera empresarial en la ciudad canadiense de Toronto, sino que además se dedicó a la política, convirtiéndose en uno de los fundadores de lo que hoy es el Partido Progresista Conservador de Ontario. Desde la década de 1840 casi hasta su muerte en 1876, Abbott desafió las expectativas que la sociedad racista de su tiempo había impuesto sobre él. Sin embargo, su legado no encaja en el relato actual que se promueve desde los puntos de vista más radicales de la política contemporánea, y por eso la historia prefiere guardarlo quieto como reliquia de un museo.
Pero no te engañes, Abbott no era un político cualquiera. Durante un período de gran agitación política, en el que las tensiones raciales y económicas sacudían incluso a la tranquila Canadá, él mantuvo su posición como líder fuerte. Era conocido por su férreo individualismo y por promover políticas que impulsaban el mérito y la responsabilidad personal. Por supuesto, esto hoy podría ser etiquetado como "elitista" o hasta "insensible" porque desafía nociones modernas que prefieren ver las políticas como facilitadoras en lugar de oportunidades para el esfuerzo personal.
Su éxito lo llevó a obtener tierras, establecer diversos negocios e incluso a financiar iniciativas educativas para las comunidades de color. Aquí es donde el sentido común choca con las interpretaciones contemporáneas: Abbott enseñó que el máximo esfuerzo individual era el camino hacia el éxito, contrario a lo que actualmente cierta agenda nos quiere vender.
Hagamos un recorrido breve por su vida que desenrolla una serie de hechos que, para una mente de hoy, podrían causar cortocircuito. Primero, el hecho de que Abbott optara por vivir en Canadá no fue casual; huyó de la opresión racial y encontró en Toronto una tierra de oportunidades. El éxito que tuvo al establecerse en el vecindario de St. John's Ward fue, en parte, un testimonio a su habilidad para integrarse en un contexto que valoraba más el esfuerzo que la racialidad. No obstante, este capítulo glorioso no tiene altar entre las peroratas actuales sobre raza y justicia social.
Liberales o no, es fascinante ver cómo utilizó cada herramienta a su disposición para mejorar su situación y la de su comunidad. En muchas formas, su vida podría ser vista como una guía para aquellos que buscan no solo sobrevivir, sino prosperar en entornos difíciles. Para los que creen que las políticas públicas son el único camino hacia la equidad y el progreso, Abbott podría resultar una figura incómoda pero, para otros, representa el ejemplo perfecto de autodeterminación.
Vamos contigo hasta el final: Wilson Ruffin Abbott tuvo 14 hijos, y uno de ellos, Anderson Abbott, se convirtió en el primer médico negro de Canadá. Dato jugoso: fue amigo de Mary Todd Lincoln, la viuda de Abraham Lincoln. Mientras que estas conexiones podrían hacer girar las cabezas de los historiadores, su significado va mucho más allá de la anécdota y representa una sabia plétora de logros dentro de un marco de responsabilidades personales.
Ahora, ¿por qué, con todo este valor histórico y logro individual que demuestra cómo la superación personal y el trabajo duro pueden vencer barreras que parecieran insuperables, no es Wilson Ruffin Abbott un nombre que resuene en las aulas o los discursos progresistas de nuestros estudiantes? Tal vez no es conveniente hablar de un hombre que, sin una red de seguridad, logró lo que muchos consideran sólo posible hoy gracias a políticas paternalistas. ¿Te suena algo "incómodo"?
Abbott es la figura que desafía tanto a la historia como a los actuales guardianes de tendencias ideológicas. Un personaje que dice mucho más sobre lo que la humanidad puede lograr que las simples cifras de injusticia o las estadísticas de desigualdad a las que nos tienen acostumbrados. Cuando se habla de figuras históricas y sus legados, a veces resulta útil mirar al pasado con un lente que nos muestra cómo aspirar a mayores cosas, no simplemente cómo recordar lo peor de nuestra historia común.