¡Imagínate esto! Un vaquero que en lugar de montar a caballo, monta un montón de mentiras. Eso es lo que hace un 'Western Revisionista'. Estos retorcedores de la historia apuntan sus armas hacia la legendaria imagen del Viejo Oeste que todos conocemos y amamos. ¿Quiénes son? Cineastas, activistas y escritores de escritorio en busca de rehacer la historia a su conveniencia politicorrecta. Pero más allá de ese bonito barniz cinematográfico, se esconde una narrativa que busca cambiar la leyenda y los héroes genuinos de una nación porque, claro, los iconos americanos del Viejo Oeste eran demasiado heroicos para manejarlos. ¡Qué original!
El tema principal que aborda el Western Revisionista es que el Viejo Oeste no era un lugar de heroísmo y aventuras, sino de injusticias y conflictos raciales sistemáticos. Creen que pistoleros como Wyatt Earp o Billy the Kid son meros fantasmas inventados por mentes conservadoras ansiosas de alimentar un mito nacionalista. Estos revisionistas afirman que el salvaje oeste debería estar lleno de hombres generosos donde todos se preocupaban por la igualdad. Claro, porque la ley de la selva siempre ha sido famosa por su gran equidad.
Derrumban la figura del sheriff como autoridad justa para transformarla en figuras de poder corrupto. Tampoco se olvidan de redibujar la imagen del vaquero, ese emblema de independencia y trabajo arduo, mostrándolo como un símbolo de opresión. ¡Qué interesante reinterpretación! Porque, como ahora resulta, el único trabajo vaquero que hicieron fue oprimir a todo lo que se movía. Es verdaderamente asombroso cómo los revisionistas han leído historias de resurgimiento en el oeste, y han decidido que es hora de escribir una nueva donde nadie quiere leerla.
Obviamente, en este retrato del oeste revisionista, los hombres fuertes y decididos son descartados por considerarlos tóxicos, retratando «sabias» obras donde las verdaderas estrellas son marginales víctimas y situaciones políticamente correctas. Se narran historias de mineros explotados, pueblos nativos masacrados y grandes empresas que se mueven con trucos y artimañas. Pero con ese mismo pincel, omiten mencionar el contexto real de esfuerzo personal y resiliencia sin el cual jamás hubiera sido posible construir el gran país que hoy coquetea con la autodestrucción de sus raíces.
Recuerdan las películas de John Wayne, esos años de oro donde los tipos rudos eran, efectivamente, rudos. Los revisionistas intentan que los héroes del oeste sean reformulados como villanos, haciendo héroes a quienes simplemente no lo eran en esa narrativa. Y por supuesto, son estos revisionistas quienes aplastan cualquier tipo de heroísmo tradicional bajo el peso de un pasado desprovisto de la ética de esos días. El arte de cineastas revisionistas han dado paso a poderosos dramas que juran contar la verdad, pero más bien construyen complicadas dimensiones morales de víctimas y opresores automatizados.
Estos intelectuales revisionistas confían en su propia versión del 'progreso'. Según ellos, la historia del Oeste es simplemente un borrador mal escrito por un cierto grupo de hombres malos. Su versión es relatar que la historia real del Viejo Oeste estaba repleta de maldad sistémica, escondiendo para siempre las afueras aventureras que alguna vez conocimos. Derribando estatuas, mostrando pintura donde no la hay y reescribiendo la historia para que las generaciones futuras crezcan desconociendo los periplos verdaderos de esta rica época. Todo esto para satisfacer su necesidad ideológica de aplicar narrativas modernas a aquellos tiempos legendarios donde existían códigos de honor ahora perdidos.
Y lo mejor es cómo el paso del tiempo les proporciona a los revisionistas un lienzo blanqueado sobre el que rescribir esos capítulos de la historia que no les convienen. Así el hipnótico y heroico oeste fino es pintado en tonos más oscuros por quienes no entienden ni respetan la vida auténtica más allá de reconstrucciones semánticas de un teclado. Al romper los moldes narrativos de quienes se atrevieron a capturar un sueño de independencia, honestidad y verdadera construcción, los revisionistas pretenden destruir las bases de aspiración y valor que una vez hicieron grande al país, empujándonos a un presente confuso entre lo que es verdadero y lo que es una ilusión forzada.
Así como el humo al revólver, el revisionismo deja su estela en nuestra percepción cultural, pero esa no tiene por qué durar. Hay historias que no son habladurías, hay sueños que no son ficticios, y un héroe cowboy que se enfrenta al mundo no debería renovarse por revisionistas fantasiosos que nunca saben cerrar el libro sin desterrar la página más gloriosa de la historia americana.