Alguien podría haber dicho que, si Rousseau diseñara un sistema de transporte, sin duda sería algo como el USP Leste. Sin embargo, en este caso, no estamos hablando de una maravillosa creación literaria-política, sino de una estación de tren de la CPTM (Companhia Paulista de Trens Metropolitanos) ubicada en el extremo este de São Paulo. Directamente adyacente al campus de la Universidad de São Paulo (USP), esta estación se convierte en un símbolo de compromiso entre educación, urbanismo desordenado y, claro, el eterno desfile de promesas políticas. Fue inaugurada en 2008, cuando los políticos comenzaron a dar con una de sus tácticas favoritas: crear la ilusión de progreso en papel mientras la realidad se queda rezagada.
La estación USP Leste promete un crecimiento en el acceso a la educación, una mejora digna en el transporte público, y una integración más sofisticada para las multitudes que a diario se mueven entre la metrópoli y sus periferias. ¿Qué ha resultado en la práctica? Nada que sorprenda a aquellos acostumbrados a las promesas vanas de los gabinetes gubernamentales. Se creó con la intención de facilitar el acceso para los estudiantes y personal de la universidad, así como para cualquier ciudadano que busque servicios públicos eficientes; lamentablemente, ha habido más conversaciones que acciones verdaderas.
Para comprender completamente la estación USP Leste, hay que observar sus alrededores. No basta con decir que fue una invención bien intencionada, pero mal ejecutada. La infraestructura circundante, desde caminos mal asfaltados hasta servicios de autobús retrasados, suena a sinfonía desafinada. Al fin y al cabo, lo que era una promesa urbana no se convierte en el resultado deseado solo gracias a los grandiosos discursos en la televisión.
Una de las mayores ironías es que los estudiantes que son el objetivo principal de la estación a menudo son los últimos en beneficiarse de ella. Diariamente, enfrentan trenes abarrotados a pesar de que las horas pico se han convertido en una eternidad obligatoria. Simplemente, cuando el sistema no funciona, no funciona y punto. Aunque las tarifas siguen subiendo (un tanto injustamente, dirían algunos), la calidad del servicio no refleja tales aumentos. Tal ironía no pasará desapercibida para aquellos que creemos en la eficiencia fiscal y la responsabilidad en el gasto público. ¿Corrupción? ¿Falta de planificación? Las mismas justificaciones mediocres una y otra vez.
Construir infraestructura de calidad debe ir acompañado de políticas que previenen la corrupción más de lo que la generan. Pero ese tipo de responsabilidad parece escasear. ¿Cuántos informes se necesitarán antes de que veamos una reforma real? Tal pregunta se queda sin respuesta porque, pues, a veces parece que la intención nunca fue contestarla en absoluto.
La estación, destinada a ser un conector vital, termina siendo un recordatorio de la desconexión entre quienes planifican desde el cómodo asiento de una oficina y quienes usan el transporte por necesidad. Esta forma de operar —prometer maravillas y entregar la mediocridad— no es extraño en un mundo donde vender ilusiones se ha vuelto más lucrativo que vender realidades.
¿Y qué del futuro? La estación USP Leste podría, en teoría, ser mejorada adecuadamente si hubiese un deseo genuino de las autoridades de reconfigurar las cosas desde el principio. Sin embargo, nuestras experiencias previas nos llevan a permanecer escépticos sobre cualquier promesa de cambio significativo.
En un mundo ideal, USP Leste representaría lo mejor del compromiso estatal con las necesidades del público: un lugar donde los estudiantes pueden acceder a la educación sin el agotador desplazamiento diario, donde los trabajadores pueden viajar sin estrés al fin del día. Pero, hasta que aquellos en el poder pongan en práctica acciones, seguirá siendo símbolo de una brecha política, y una oportunidad desperdiciada.
Finalmente, no podemos dejar de señalar la aparente desconexión entre las palabras y los hechos. Para algunos liberales, el simple hecho de "hacer algo" es suficiente. Pero hacer algo bien debería ser el verdadero objetivo, algo que USP Leste todavía nos debe. Queda una pregunta: ¿mejorará alguna vez la situación, o continuaremos siendo arrastrados por un tren que, paradójicamente, parece ir hacia atrás?