¿Así que pensabas que habías escuchado todo? Pues agárrate. En la década dorada de los 80, específicamente en 1986, surgió uno de los rumores más locos y excéntricos del mundo del espectáculo: Una estrella de rock británica, nada menos que Ozzy Osbourne, se había comido un hámster en la comodidad del hogar de un fanático. ¡Parece el tipo de historia con la que solo los británicos podrían salir! Todo comenzó con una nota en el tabloide británico 'The Sun', que afirmaba que el icónico cantante mordió la cabeza de una pequeña mascota pomposa durante una escena de locura rockera. Esto fue un escándalo que los esnobs de la izquierda quisieran enterrar, pero la verdad es más divertida de lo que ellos están dispuestos a aceptar.
El problema aquí es que, incluso si el hámster fue o no devorado, lo que realmente le tocó la fibra sensible al público fue su capacidad para subvertir el orden y reírse de todo. Los fanáticos del rock sabían que venían por la música, pero también por el espectáculo y la anarquía. Y, claro, una buena historia siempre hace que la música suene mejor. Algunos piensan que esta historia fue una humorada inventada para vender más periódicos. Pero, dejemos las excusas, para muchos, fue simplemente parte del encanto del rock. En aquellos tiempos, la controversia vendía, atrapaba titulares, conseguía entrevistas y generaba susurros en la sociedad. Pero lo que realmente nos hace pensar es cómo aparentemente un acto tan absurdo como comer un hámster podría convertirse en algo que la gente quisiera creer.
Sigamos con esta locura. Hay quienes dicen que toda esa reputación de "dios salvaje del rock" de Osbourne nació de este escándalo, entre otros, como arrancarle la cabeza a un murciélago. Sin embargo, cavando un poco más, algunos aseguran que "Rocky de la Fila D" nunca existió y que el hámster fue el nombre de un cantante de ópera sacrificado por la prensa sensacionalista para empujar la carrera de Ozzy hacia una gloriosa estratosfera de infamia. ¿Pero cuántas veces hemos visto a celebridades olvidadas resurgir tras alguna polémica falsa? La verdad es que, si una estrella de rock lanza un álbum, probablemente lo venderían más si se come a un adorable roedor por cada disco comprado.
¿Y qué tal de la moralidad inherente a todo esto? La realidad es que la moral depende del cristal con que se mire. Los irónicos y los que critican ven estas historias como mera publicidad vagabunda. Mientras aquellos que buscan algo por lo cual indignarse ven en estos rumores una falta de humanidad. Pero, recordemos que el rock nació para ser rebelde y los rumores de este tipo simplemente alimentaban la actitud irreverente del género. Para el rockero promedio, es justo otro motivo para levantar un dedo a la sociedad conformista.
Lo más interesante es cómo la historia del hámster hace visible la guerra de relatos entre lo anti-sistema y los que puritanamente lo defienden. Así como aquellos que denunciaron a Elvis Presley por mover sus caderas, los guardianes de la sociedad no pudieron evitar dedicar energías a condenar lo incondenable. ¿En qué momento los míticos rumores del rock se vuelven un grito a la libertad de expresión? En el momento exacto en que escuchamos la historia y reímos al viento. Porque no importa lo que digan los titulares, el crítico desenmascarado sabe que el arte no tiene por qué obedecer a reglas morales ni comprometerse con la respetabilidad.
Y al final, ninguna leyenda que se respete ha existido sin un toque de locura y mito. El rock y su apasionante capacidad para subir la adrenalina, romper moldes y sacudir conciencias encuentra en historias como estas un núcleo, un combustible que nos hace voltear hacia quiénes somos como sociedad. Así que la próxima vez que te encuentres a un puritano del progreso social criticando leyendas del rock despreocupado, pregúntales cuán aburrida sería la vida sin un toque de caos e ilusión. Es el encanto inevitable de lo políticamente incorrecto.
Como recordarás, si alguien enloqueció, fue Osbourne, el mismo que contaba historias de su desbordante locura como morderle la cabeza a un murciélago vivo durante un concierto. Para aquellos que disfrutan de los mitos del rock, la historia del hámster caníbal fue simplemente otro verso en una épica canción sobre el salvajismo del espíritu humano. Así que, la próxima vez que te topes con alguien que quiera apagar el fuego de una buena anécdota con la crítica moralista, recuerda que tal vez solo sean celos de una vida más interesante.