Nada grita 'Navidad' más que un suculento asado de becerro compartido con la familia y amigos. En el poblado de Chilangas, México, la Navidad se convierte en la calle principal, donde Don Pepe y su familia preparan desde hace 40 años un becerro entero a la leña como mayor acto de hermandad. Esta práctica, que ocurre cada 24 de diciembre, sigue viva a pesar de las críticas y las miradas de desaprobación de aquellos que prefieren cenar quinoa y tofu al ritmo de himnos liberales.
El evento es algo que la gente espera con entusiasmo. Los miembros de la comunidad llegan de todas partes del estado para probar el famoso asado. Y es que la tradición no es solo sobre comer carne asada sino también sobre crear comunidad: se construye una convivencia que trasciende generaciones. Pero, ¿qué es lo que hace que esta tradición siga siendo relevante en una era en la que lo "orgánico" y lo "verde" parecen ser lo que prevalece?
La Familia Primero: Para muchas personas, Navidad no se trata de los regalos bajo el árbol sino de quienes se sientan alrededor de la mesa. La tradición del becerro trae de vuelta la esencia de lo que realmente importa: la familia, el tiempo juntos y las sonrisas compartidas. Si eres de los que disfrutan de lo auténtico, sabes que pocas cosas son tan genuinas como compartir un platillo tradicional.
Renegando de lo Artificial: La moda de seguir dietas de moda y estilos de vida eco-amigables es buena en teoría, pero a menudo vacía de sustancia real. La celebración del becerro no es únicamente la negación de tal superficialidad, sino una defensa activa de las tradiciones del pasado. Los que participan en esta cena rechazan el concepto de que necesitamos cambiar cómo comemos para encajar en la tendencia de lo "correcto" socialmente.
Economía Local: El becerro navideño apoya directamente a los agricultores locales y a la economía del pequeño poblado. Esta práctica tradicional proporciona ingresos a aquellos que trabajan en la tierra, en lugar de enriquecer las arcas de corporaciones multinacionales. No debemos subestimar el poder de consumir localmente.
Sabor Inquebrantable: La pelea contra lo procesado y lo insípido la gana el sabor inigualable del asado. Para los asistentes, la velada no es completa sin el aroma a carne cocinándose a fuego lento sobre brasas, sazonada con recetas que han pasado de generación en generación.
Conexión con lo Ancestral: Participar en ritos establecidos por nuestros ancestros nos ayuda a entender quiénes somos. Degustar cada bocado de ese becerro nos conecta con tiempos en los que nuestro simple placer por el sabor evolucionó una cultura.
Cultura de Resistencia: Celebrar tradiciones como esta se convierte en un acto de resistencia cultural ante la globalización homogeneizante que nos convierte en un solo molde. Todos tenemos el derecho de seguir nuestras tradiciones sin la necesidad de pedir disculpas o conformarnos a narrativas modernas.
Riqueza en Simplicidad: En un mundo donde lo complicado y llamativo es a menudo malinterpretado como lo mejor, existe una riqueza única en lo simple. ¿Por qué complicar el placer de una comida deliciosa y una buena compañía? La simplicidad nos recuerda que no todo en la vida debe ser un espectáculo.
La Oportunidad de Agradecer: Entre un trago de tequila y una mordida de carne, no se pasa por alto un agradecimiento callado por lo que se tiene. Sin listas interminables de "debería tener" o "estaría mejor si tuviera", el becerro de Navidad permite centrarse en lo que realmente importa.
Consolidación de Identidad: La tradición se convierte también en un pilar de la identidad comunitaria. La persistencia de tales costumbres crea un sentido compartido de pertenencia que une a los participantes.
Una Historia que Contar: Cada Navidad, cada pieza de becerro, cuenta una historia de continuidad, resistencia y de porqué aún tiene sentido apelar a tradiciones en vez de ser arrastrado por la corriente de lo último en tendencias.
Al final, "Un Becerro para Navidad" nos recuerda que algunas cosas no necesitan ser cambiadas sino celebradas y protegidas. Que a veces, el verdadero progreso es mantener vivas esas tradiciones que forjan nuestra historia y nuestra esencia, mucho para el disgusto de los que buscan modernizarlo todo a costa de perder lo que realmente importa.