Destruyendo al Correctismo Político: Tres Anuncios por un Crimen

Destruyendo al Correctismo Político: Tres Anuncios por un Crimen

Si estás harto de los clichés liberales de Hollywood, *Tres anuncios en las afueras* te va a encantar y probablemente hasta te va a hacer aplaudir. Esta película dirigida por Martin McDonagh es un auténtico terremoto para sacudir el adormecimiento cerebral progresista.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Si estás harto de los clichés liberales de Hollywood, Tres anuncios en las afueras te va a encantar y probablemente hasta te va a hacer aplaudir. Esta película dirigida por Martin McDonagh, conocida en inglés como Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, estrenó en 2017 y es un auténtico terremoto para sacudir el adormecimiento cerebral progresista. La historia se centra en Mildred Hayes, interpretada por Frances McDormand, una madre de Missouri que decide hacer frente al sistema de justicia de su pequeño pueblo tras el asesinato de su hija, que permanece sin resolver y prácticamente ignorado por la policía.

La trama se desarrolla en la ficticia ciudad de Ebbing, Missouri, y es aquí donde McDonagh, amado por unos y repudiado por otros, va desarticulando con astucia los argumentos de la corrección política típica. Mildred alquila tres vallas publicitarias en desuso para dejar en evidencia la ineficacia policial al frente de Bill Willoughby, interpretado por Woody Harrelson, y Dixon, un racista e inepto oficial que es un ofensivo estereotipo del sur estadounidense llevado al extremo. El caos está servido, y vaya que se siente bien.

El talento de McDonagh para el diálogo cáustico se sirve amplio y generoso en este festín satírico. Aquí está lo que importa: no hay ‘buenos’ o ‘malos’ predecibles. Lo que ves es lo que hay, punto. Es lo opuesto de los inmaculados héroes y antagonistas dictatoriales que suelen arrojar al público como si fueran palomitas. ¿Racismo policial? Claro, McDonagh no esquiva eso, pero, sorpresivamente, el director explora eso sin lanzarse al pataleo melodramático. Sí, Dixon comienza como un bruto incompetente, pero lo que lo redime en parte no es algún capricho del guion que lo vuelva santa súbitamente: es su humanidad cruda y poco proclamada que sale a flote en situaciones límite.

A diferencia de las narrativas típicamente blancas o negras, en esta historia no es solo sobre el sufrimiento de una madre. Es una bofetada a toda una serie de convencionalismos que, bajo la pretensión de igualdad, no hacen más que pisotear las individualidades. Ahora, imagina por un momento una hilarante secuencia donde Mildred desafía al sacerdote local con un retorcido y oscuro monólogo sobre el verdadero dilema de las instituciones religiosas. ¡Bum! ¡Directo en la cara de los que creen que la moral sólo se enseña desde un púlpito!

Además, la actuación de McDormand es un regalo que sigue dando. Mildred es fuerte, ruda y con una lengua afilada que deja cicatrices. Pero eso sí, no esperes ver lágrimas sin límite. Aquí, el dolor y la rabia se exprimen con la precisión quirúrgica de una comedia negra, más que el drama lacrimógeno de manual. Pero McDormand no está sola: Sam Rockwell entrega una actuación fenomenal, llevando a Dixon de un extremo al otro, logrando que el espectador pase de aborrecerlo a entender un poco su perspectiva, sin apelar a trucos baratos.

No es difícil ver por qué esta película enciende algunos resentimientos de quienes prefieren las narrativas almibaradas. En un cine casi programado por lo políticamente correcto, Tres anuncios en las afueras es un relato picante, que cuestiona sin reparos y repudia esa mandíbula que todo lo abarca de la indulgencia contemporánea. A través de su hiriente humor y su desgarradora historia, ofrece un comentario mordaz sobre cómo el duelo, la justicia, y la redención son más complejas de lo que las plataformas ‘políticamente aceptables’ nos hacen creer.

Y la belleza está en los detalles. Desde la cinemática de Ben Davis que captura la desolación de Ebbing con extraordinaria simplicidad, hasta la banda sonora de Carter Burwell que martillea cada escena con una intensidad capaz de derribar muros. Esta película no solo triunfa en técnica, sino en intención. Tomarse libertades creativas para desafiar la narrativa monolítica es un riesgo que rara vez vemos.

Entonces, para quienes están cansados de ser alimentados con fórceps de complacencia, este film será catártico. Tres anuncios en las afueras no solo es una obra maestra de storytelling, sino que, en el fondo, se atreve a cuestionar los propios límites de nuestra empatía. No solo con el personaje principal, sino con la gama de personajes que se despliegan en este lienzo narrativo, lleno de imperfecciones humanas representadas sin reserva alguna.