El Tratado VIP de Marrakech: Lo que no te Contarán en CNN

El Tratado VIP de Marrakech: Lo que no te Contarán en CNN

¿Alguna vez te han vendido un pollo con plumas? Este tratado de Marrakech sobre migración es exactamente eso: un peligroso juego de manos globalista que amenaza la soberanía nacional.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Alguna vez te han vendido un pollo con plumas? Así es la sensación cuando tapas los ojos y te lanzan a un tratado internacional. Desde el caliente desierto de Marrakech, en diciembre de 2018, emerge el Tratado VIP de Marrakech, conocido formalmente como el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. Este acuerdo, una mezcla de aspiraciones idealistas y riesgosos sueños globalistas, ha hecho que los corazones de los burócratas internacionales se eleven. Las élites políticas se reunieron, planteando un enfoque que, en teoría, aborda las migraciones internacionales bajo la promesa de seguridad, orden y regularidad. Pero miren más allá de las cortinas de humo, y verán una maraña de preocupaciones que ponen los pelos de punta.

Nos dicen que este pacto no es vinculante, pero, ¿quién garantiza que esto no es solo el primer paso hacia un mandato global más fuerte? Hacerlo vinculante podría ser el dulce final que las élites globalistas esperan. Hay diez puntos que esencialmente pueden encender las llamas para aquellos que aún creen en la soberanía nacional y en mantener la casa bien ordenada.

Primero, el pacto adopta un enfoque abiertamente pro-migración. Seamos sinceros, no es nada difícil imaginar hacia dónde se dirige esto. La invitación explícita para la migración se disfraza de altruismo, pero es todo un juego para redistribuir poblaciones, borrando las líneas de identidad nacional.

Segundo, esconde peligrosas potenciales presiones sobre los recursos nacionales. ¿Cuántos inmigrantes puede una nación acoger razonablemente sin que se resientan sus sistema de salud o seguridad social? Ese es un dolor de cabeza que el Tratado VIP parece ignorar alegremente. Las largas listas de deseos para apoyar a los migrantes incluyen garantizarles derechos, pero el costo y carga de estos 'derechos' termina en los hombros del ciudadano común.

Tercero, la equidad y protección de los derechos de los migrantes suenan bien en el papel, pero detrás tarde o temprano caemos en el juego de la culpabilidad. ¿Somos responsables nosotros como nación por todo el dolor del mundo? Parece que sí, de acuerdo con esta óptica devela prioritariamente otra vez una narrativa de satisfacción de necesidades en detrimento de incentivar a los países emisores de migrantes a resolver sus conflictos internos.

Cuarto, el tratado pone gran peso en la narrativa dominante mediática. La libertad de expresión podría estar en peligro en nombre de combatir discursos de odio. ¡Oh la ironía! Un tratado que nos ata no solo física sino intelectualmente al moderar las conversaciones sobre migración según intereses establecidos globalmente.

Quinto, la increíble subestimación de los desafíos culturales. No se trata sólo de mover personas de un lugar a otro, sino de la integración y adaptación al tejido social existente. Pretender que la diversidad es siempre dorada es ignorar la realidad de tensiones culturales.

Sexto, las negociaciones tras puertas cerradas nos dejan fuera del cómo y por qué. La esfera pública debería estar más que involucrada cuando se trata de decisiones que impactan directamente la soberanía de una nación.

Séptimo, y siguiendo el mismo hilo, hay complicidad política en el sentido de que han firmado el tratado 164 países, mientras que notables ausentes como Estados Unidos, Australia, e Israel no se dejaron enganchar. Ellos ven las fallas, es un espejismo institucional con serias implicaciones.

Octavo, hay un presagio de caos económico potencial. No sólo hablamos de empleo, sino de una competencia desigual que ignora los balances naturales del mercado laboral.

Noveno, la ilusión del título "Pacto Mundial". Muy bonito lo del "mundo unido", pero deja una precedencia de riesgos económicos y culturales. Cuando decimos "todos los países", en realidad se ignoran contextos locales, una receta para el desastre.

Décimo, el abandono absoluto de la necesidad de disuasión para las formas ilegales de migración. El pacto da poca atención a las realidades del contrabando humano y el tráfico ilícito, subestimando el peso de estos males.

Desde una perspectiva conservadora, el Tratado VIP de Marrakech es algo que hay que tratar con cautela. Para casi 200 naciones, el debate debe ser cómo preservar las identidades nacionales mientras se abordan necesidades genuinas de migración. En todo caso, el rechazo a este tipo de acuerdos que comprometen la estructura y razones de un Estado no es simplemente otra anécdota, sino una tarea vital para mantener una nación fuerte y soberana.