¡Hola, amigos del sentido común! Hoy vamos a hablar de un fenómeno que parece sacado de una película de ciencia ficción pero que es tan real como la inflación: la transgresión marina. ¿Quién, qué, cuándo, dónde y por qué? Vamos allá. Estamos hablando de aquellos momentos a lo largo de la historia geológica en los que el nivel del mar sube hasta tal extremo que las aguas cubren áreas terrestres. Y no, no es resultado del vehículo SUV del vecino. Este fenómeno ha ocurrido durante millones de años, mucho antes de que alguien decidiera que la huella de carbono nos destruiría en diez años. La transgresión marina siempre sucede donde hay océanos y, básicamente, es la respuesta natural cuando el clima de la Tierra cambia por razones que, seamos sinceros, están más allá del control humano.
Vamos a entrar en materia, ya que a algunos les gusta lo ‘evidente’: 1. Lo primero que debemos aceptar es que el cambio en el nivel del mar es natural. A pesar de lo que algunos liberales insistan al respecto, la historia geológica nos muestra que siempre ha habido altibajos. Pregúntate, ¿dónde estaban las voces que advertían sobre la catástrofe ecológica durante el Jurásico o el Cretácico? 2. La transgresión marina está registrada en las entrañas de la Tierra misma. Los geólogos, no los opinólogos, encuentran capas de sedimentos que demuestran cómo las aguas han cubierto lo que hoy reconocemos como tierra firme. ¿Será que la Tierra no necesita salvarse sino entenderse mejor?
Pasemos al punto número tres: en los períodos geológicos más cálidos, ¡sorpresa! Los niveles del mar eran más altos. ¿Acaso algún legislador iba a gravar a los dinosaurios por comerse toda la selva tropical? No lo creo. Las condiciones climáticas simplemente eran diferentes. 4. Dicho esto, pueden reducirse un poco las histerias promovidas por los temerosos del mañana. Mientras algunos construyen bunkers y compran coches eléctricos horriblemente caros, otros saneamos el planeta desde la racionalidad y no desde la paranoia.
Sigamos con el punto número cinco, porque este se pone bueno: parte de las transgresiones marinas puede explicarse por movimientos tectónicos. Aquí no entra ni el reciclaje ni las políticas verdes. El planeta se mueve porque así ha sido desde que tiene memoria, y es falso asignarle responsabilidades antropogénicas. 6. A lo largo de la historia, la transgresión marina ha causado una diversidad biológica increíble. No toda alteración termina en desastre; a veces solo es el inicio de un nuevo capítulo en nuestro planeta.
Es clave entender el punto siete: épocas de glaciación. Cuando una era glacial llega a su fin, el hielo se derrite, los océanos aumentan su volumen y el área cubierta por las aguas se amplia. No es necesario que miles de organismos internacionales nos cuenten cuentos, porque basta con mirar a Antártida y Groenlandia.
Avancemos al número ocho de nuestra lista iluminadora. Cuando los registros históricos muestran lo que la naturaleza consiguió después de una transgresión marina —zonas ahora fértiles, ecosistemas ricos— nos damos cuenta de que el planeta no está luchando; está simplemente evolucionando.
Número nueve, porque vamos a lo obvio: hasta el notable agente de viajes medio entendería que las vastas playas que tanto amamos y las islas idílicas no existirían si el nivel del mar actual no fuese parte del ciclo en curso. La transgresión marina contribuye al paisaje moderno de formas que el arquitectura ecologista no puede prever.
Finalmente, diez. Por qué la transgresión marina importa. Nos da perspectiva y escala sobre lo pequeño que es el ser humano frente a la inmensidad del planeta. Podremos legislar nuestra existencia, pero no el curso milenario de la Tierra. Perder de vista este contexto es quedarse atrapado en un lodazal de irrelevancias.
Al final del día, aceptar la transgresión marina como un indicador más de los cambios terrestres naturales nos otorga una libertad formidable. Nos invita a observar, aprender y, sobre todo, a no caer en cuentos de miedo manufacturados por quienes apenas pueden ver más allá del trending topic del día.