Si pensabas que el cine español no tenía la osadía y la frescura para hacer reír sin tapujos, te equivocas. "Torrente 5: Operación Eurovegas" es una bofetada a la corrección política actual, dirigida por el irreverente Santiago Segura. Estrenada en 2014, es la quinta entrega de una de las sagas más icónicas y atrevidas del cine español. La acción se sitúa en un una España no muy lejana, año 2018, sumida en un caos con el país fuera de la Unión Europea. Sorprendentemente profético. Torrente, el tipo de antihéroe que haría temblar a cualquier liberal de turno, vuelve al ruedo después de su salida de prisión, listo para recuperar lo que considera suyo en un nuevo golpe: el Casinovilla, un símil del fallido proyecto Eurovegas.
Santiago Segura, el director, la mente brillante detrás de este anti-ícono cultural, no teme en abordar las realidades mordaces y cómicas de una España que vive en el borde de una constante crisis identitaria. ¿Y quién podría encarar mejor esta misión que José Luis Torrente? Un personaje que, por su misma existencia, desafía todas las normas preconcebidas del comportamiento social correcto. Este astuto ex-policía reconvertido en el mejor de los perdedores continúa representando a esos valores prácticos que hacen tanta falta en una sociedad saturada de burocracia moralista.
Uno de los aspectos más llamativos de "Torrente 5" es cómo convierte en burla las preocupaciones modernas con un humor directo que muchos criticarían de simplista si no fuera por su aplastante efectividad. Es una película que apuesta a reírse de lo políticamente incorrecto, de lo absurdo del "mainstream". Por ejemplo, la participación de Alec Baldwin en uno de los roles más hilarantes no solo añade un toque internacional, sino que se burla amablemente del glamour de Hollywood al sumergirlo en el entorno desastroso de Torrente.
Hablar de Torrente es hablar de toda una declaración sobre la cultura popular española, y esta quinta entrega logra mantener la esencia con un renovado humor negro. Con su humor ácido, Segura expone en cada escena las hipocresías de un mundo que se presenta como civilizado y de moral intachable. Entre tiroteos, persecuciones y su humor ya característico, Torrente y su banda improvisada intentan llevar a cabo el golpe que les hará millonarios, como todo buen plan que involucra a este antihéroe, lleno de amenazas de fracasar.
Uno puede decir que uno de los mensajes subyacentes es que, mientras la sociedad intenta avanzar hacia un ideal futurista, los mismos problemas de siempre permanecen igual. Corrupción, falta de valores y una carrera sin fin hacia el dinero fácil, temas que Torrente aborda con un descaro que es difícil de encontrar en otras producciones.
Hay que enfrentarse al hecho de que muchos podrían tachar "Torrente 5" como una película carente de valor cultural o, peor aún, irrisoria en su forma de retar a las normas sociales. Pero precisamente es esta falta de pretensiones lo que la convierte en una crítica feroz a la superficialidad actual. Mientras unos intentan taparse los ojos ante los fracasos del progreso social, Torrente, con su torpeza natural, nos descubre la ridícula sencillez que permanece en nuestros problemas.
Por supuesto, los detractores querrán centrarse en los aspectos más controvertidos, ignorando la verdadera esencia de este filme que es reírse de lo intocable. Porque en un mundo donde parece prohibido opinar libremente, Torrente se atreve a mostrar las cartas sobre la mesa, y lo que es más, se ríe de ellas. No hay tema que Torrente no pueda pisar: machismo, xenofobia, y hasta política. Todo forma parte de este cóctel frenético que demuestra que bromear sobre los límites es muchas veces la mejor forma de analizar la realidad con la dosis justa de ironía despiadada.
Santiago Segura no se equivocó al pensar que la fórmula Torrente sigue siendo fresca. Al final, "Torrente 5" no solo nos ofrece entretenimiento a raudales, sino que también es un reflejo satírico sobre esos intentos incansables de moldear una sociedad a base de reglas artificiales. Porque, al fin y al cabo, no hay arma más eficaz que el humor para lidiar con un mundo que, muchas veces, se torna ininteligible.