¿Sabías que un simple toque al volante puede llevarte directo al caos urbano? 'Toque y Se Fue', ese fenómeno que ha hecho de nuestras calles un escenario digno de una comedia de enredos, tiene el mérito de haber encendido las alarmas del civismo. Todo comenzó en las grandes urbes de América Latina, en particular en ciudades como Buenos Aires y Santiago, donde las vidas aceleradas y la cultura del ‘yo primero’ convirtieron nuestras vías en zonas de libre comercio… de golpes.
La idea es sencilla aunque irresponsable: cuando alguien se involucra en un accidente menor de tráfico, ese alguien se da a la fuga en un abrir y cerrar de ojos. Sin remordimientos, sin consecuencias aparentes, solo la fría huida. Es pura ley de la selva en un ecosistema urbano donde rigen las reglas del egoísmo. Pero claro, había que llegar a esto; después de todo, hemos pasado años diciéndonos que todo vale y que las normas son para el que se las cree.
¿Te has puesto a pensar cómo el Toque y Se Fue refleja la falta de responsabilidad individual? En un mundo ideal, las normas son un acuerdo social. Sin embargo, muchas legislaciones, llámese permisivas, dan vía abierta a estos 'turistas de la fuga', mientras las impuestas consecuencias son más blandas que un discurso vacío de promesas políticas.
Los liberales no quieren oír sobre la libertad y la responsabilidad individual, aquellos pilares que podrían tratar de apagar las llamas del caos vehicular. Los automovilistas han tomado la cuestión en sus manos, y no podemos culparlos: cuando las políticas flaquean, las personas buscan su supervivencia. En cierto modo, son la antítesis del ciudadano modelo, aquel que sabe que su libertad termina donde comienza la del otro.
¿Quién va a detenerse a dar cuentas cuando las grúas y el papeleo se vuelven un monumento a la burocracia? Ya sabes, esa tenebrosa red que, en su búsqueda por simplificar, ha hecho de cada trámite una odisea. Todo se reduce a una simple cuestión de obligaciones y derechos que deben mantenerse en equilibrio para evitar que nuestra civilización vacile más.
Si piensas que el Toque y Se Fue es un picante dilema cotidianamente urbano, piénsalo de nuevo. En el fondo, nos enfrenta a un interesante retrato social de cómo la comodidad personal ha triunfado sobre el compromiso social. Como cualquier tendencia mal entendida, tiende a extenderse, para luego invadir otros aspectos de la vida cívica.
De la misma manera que hacer cola o saludar al vecino, el adiós fugaz tras un toque refleja un deterioro del contrato civilizado. No es solo pintura y chapas dobladas; es la cultura de la concesión continuada, donde lo justo se negocia en el carril más rápido y nadie quiere quedarse como último en llegar al destino soñado.
Considerando el tiempo que toman las polis en atender una infracción menor, este fenómeno se traduce en un ahorro de tiempo para aquellos que creen que el tiempo es oro y las reglas de convivencia básicas solo pan de cada día para los incautos. De nuevo, esa lógica del egocentrismo y el inmediatismo, finalmente se mastica tan fácil en una sociedad movida por flash y 'me gusta'.
La cultura del Toque y Se Fue es un dolor de cabeza para aseguradores, policías y, por supuesto, para aquellos que aún creen en la vieja ‘camioneta’ del civismo. No es un crudo argumento moralista, es una cuestión de entender que cuando una regla social se rompe silenciosamente, la amenaza latente para el resto nunca se hace esperar. La realidad es que no podemos tapar el sol con un dedo; la omisión de sanciones severas tiende a convertir la excepción en norma.
Un llamado a la acción: las autoridades deben reforzar los métodos de control y las penas para los reincidentes, aquellos que todavía creen que vivir entre costuras invisibles sigue siendo una opción.
Si realmente queremos desactivar el peligroso no va más de las calles, es crucial dar un paso hacia sistemas más efectivos. Cuando el Toque y Se Fue ya no sea uno de los temas de conversación cotidiana, sabremos que hemos recuperado parte de la cordura pública.
Pesimistas de lo objetivo, ya sumámosle a nuestra cartera de riesgos actuantes que el Toque y Se Fue nos muestra indudablemente que lograr responsabilidades comunes en un entorno multicultural progresa ahora como un éxodo sobre ruedas. Cuidemos de no hacer de ello, en un descuido, nuestra tradición más común.