¿Alguna vez has oído hablar de la nueva moda de que "Todo Es Verde"? Parece sacado de una peli de ciencia ficción en la que el planeta es salvado con una varita mágica. La idea se esparce de Estados Unidos a otras latitudes, con promesas de un futuro brillante y ecoamigable solo si todos se trepan al carro verde. Empieza en la política, donde un puñado de individuos con discursos elocuentes dibujan con pasteles la utopía perfecta. Pero, ¿qué hay detrás de esta tendencia que ha surgido prominente en la última década?
Para aquellos que logran esquivar la más mínima influencia de la propaganda verde, la paleta ambiental no es más que un colorear donde las sombras se ignoran por completo. No está de más mencionar que el amarillento sol de la realidad no deja de brillar. Los edificios altos de programas gubernamentales y subsidios verdes en realidad se pintan con toneladas de dinero estatal. Los autoeléctricos, las turbinas de viento, y esos paneles solares no dejan de ser piezas caras que no pagan sus sueldos solos. Al final del día, ¿realmente solucionan los problemas del mundo o solo crean un vacío inflacionario?
La energía verde tiene algo más que unos problemillas ocultos. Pensemos en esos materiales raros que se extraen con prácticas nada éticas y que se transforman en baterías para esos autos que, sin dudas, circulan silenciosos. A esto, súmale que la cadena de producción está lejos de ser sostenible. Irónicamente, esos mismos autos verdes son una carga más para el bolsillo del ciudadano. Las grandes ciudades están repletas de estaciones de carga que necesitan electricidad que, adivina qué, sale de centrales eléctricas de combustibles fósiles.
Hemos escuchado tantas veces sobre un llamado “futuro verde”, que empieza a sonar más a una canción repetida hasta el cansancio. De ahora en adelante, el mantra es que cada ciudadano debe pagar y someterse al gran cambio ambiental con la esperanza de que la Tierra se sane. En realidad, el mayor sacrificio reside en la hipoteca tras hipoteca que cargan los ciudadanos para darle vida a esta transición verde. ¿Las restricciones al combustible fósil? Una brillante estrategia para generar más dependencia del estado y glorificar soluciones utópicas.
Las voces oficiales aseguran que todo irá bien si se sigue el camino de lo verde. Creamos empleos, decían, con rostros sonrientes en conferencias donde el sonido de las palmas resuena como eco a sus promesas. Pero, ¿dónde está la autocrítica sobre los millones invertidos sin retorno visible? Los presupuestos estatales se gastan construyendo castillos de viento en el aire, mientras en la acera se siente la agudización de los problemas económicos.
Todo este tema verde muestra su verdadero rostro cuando dejamos de mirar solo el maquillaje. El panorama global se transforma en una caricatura donde la burocracia, con sus papeles reciclados de propuestas, apunta a una sola dirección: regusto dulce de nuevos impuestos, regulaciones sin pies ni cabeza, y otra excusa más para justificar la intervención gubernamental.
La constante nube de debate sobre todo lo verde difumina no solo el aire. En hecho, bloquea la realidad del cambio climático en beneficio del chantaje político. Los constructores de estas torres ecológicas se han vuelto adictos a las soluciones fáciles, eslogan tras eslogan, esperando aplausos de un público ya adormecido por un espectáculo de luces sin sustancia.
En fin, cuando ves que hasta la bicicleta para desplazarse lleva un precio inflado por la etiqueta de "ecológica", uno se pregunta si todo este movimiento verde solo está pintando de otro tono el verde intenso del dinero. Esto es más que un juego. Podríamos decir que este evento de proporciones verdes es comparable a un casino donde el pueblo apuesta cada vez más alto: un futuro que jamás llegará.
Ellos, los que nos prometen un porvenir uniforme y lleno de virtudes verdes, ignoran que la diversidad de pensamientos y soluciones es lo que realmente impulsa el cambio. Ver el mundo a través de un solo filtro, ya sea verde o no, no nos llevará a ningún lado salvo a una realidad maquillada e insostenible.