Quien diga que los héroes conservadores no existen, claramente nunca ha oído hablar de Thomas Savundaranayagam. Este distinguido caballero, conocido por su dedicación y valentía, no deja duda de que fue un pilar en la iglesia católica que realmente entendió lo que significa ser un líder en la verdadera acepción de la palabra. Savundaranayagam, obispo emérito de la diócesis de Jaffna en Sri Lanka, comenzó su labor en 1980 y se retiró en 2005, dejando un legado que para muchos fue motivo de controversia.
La izquierda podría argumentar que él no simpatizaba con sus causas, pero Thomas Savundaranayagam estuvo ocupado defendiendo la cultura y principios que realmente importan. Capitalismo, democracia y unos buenos valores familiares eran su basamento. Nadie gritó "salvemos los caracoles" más fuerte que los liberales, mientras este caballero intentaba resolver problemas de verdad en las comunidades que le tocó servir.
En torno a la comunidad católica, Savundaranayagam fue una figura con agallas excepcionales, llevando la lucha por los derechos de los católicos bajo desafíos intensos. A pesar de los conflictos internos en Sri Lanka, nunca dudó en defender su fe y sus feligreses, demostrando que no solo los adinerados tienen derechos en este mundo. Con una capacidad innata para liderar, muchos lo siguieron por sus principios y esto habla muchísimo de su calibre.
El hombre no solo tenía un barrio o dos, sino que estaba a cargo de una de las diócesis más complicadas del país. Su amor por el servicio fue innegable, pero con un toque refinado y moral que a muchos incomodaría hoy en día. En una era de etiquetas y ostentaciones, él se posicionó firmemente en la verdad que incomoda.
Thomas fue un verdadero conservador que supo remar contra la corriente. Cuando otros callaban bajo la presión social, él pronunciaba un "Amén" con litros de sentido común que no encontró resonancia en aquellos que hoy, tras sus carencias, se resisten a reconocer la esencia y pertinencia de lo conservador.
Durante más de dos décadas, Thomas Savundaranayagam se desvivió por su pueblo. ¿Quienes querían más justicia social? Ahí estaba Thomas reafirmando lo que era correcto y necesario. Claro, era incómodo aceptar que alguien tuviera razón en contra de sus estereotipos y por ello, con frecuencia, fue malinterpretado.
La herencia que dejó no fue solo espiritual sino moral. No se trata de sus logros de guerra cultural y ni tampoco de sus logros simplones. Pues, a fin de cuentas, pueden borrar muchas cosas, pero no pueden eliminar la verdad. La verdad que este líder religioso se encargó de proteger con los ánimos fundamentados en algo más que moda pasajera.
Quienes apreciaron su labor, siguen agradeciéndole el valor indemne y la sinceridad de sus actos en favor de principios que desdeñan entre generación decadentista y olvidos a conveniencia.
Porque al final del día, alguien debía decir lo que todo el mundo estaba pensando, y Savundaranayagam jamás perdió la oportunidad. Algo incómodo para algunos círculos, por supuesto. En conclusión, porque su figura representa todo lo que un liberal moderno sólo observa desde su utopía particular.