¡Agárrense de sus sillas! The Bronx ataca de nuevo en 2006 con su segundo álbum homónimo, llamado simplemente The Bronx. Esta agrupación, originaria de Los Ángeles y no, no del Bronx de Nueva York, regresa con una dosis de punk rock directo y sin rodeos. ¿Quiénes son? Estos cuatro músicos californianos con Matt Caughthran a la voz, Joby J. Ford en la guitarra, James Tweedy al bajo y Jorma Vik en la batería, demuestran que el auténtico sonido punk todavía puede nacer en el corazón de una ciudad amante de las poses progresistas como lo es Los Ángeles.
La rebeldía es clara desde el primer acorde. The Bronx no está aquí para complacer a nadie, ¡y eso se siente! Hay un ambiente de desafío en todo el álbum que se palpa en temas como "Heart Attack American" o "Shitty Future". Sus letras son una ráfaga, un directo ataque a la cultura del conformismo que tanto gusta defender a ciertos sectores, porque, ¿qué hay más punk que oponerse a lo políticamente correcto? The Bronx no le tiene miedo a decir lo que piensa, y eso es justo lo que se necesita en una era donde el miedo a ofender es la norma.
Este álbum fue publicado el 25 de julio de 2006 bajo el sello Island Def Jam. Grabado en las calles de Los Ángeles, lejos de las iluminadas avenidas de Hollywood, The Bronx trae un sonido que, aunque naciente en el oeste, evoca ese espíritu del punk sucio y real del Nueva York de los años 70. La producción del álbum, llevada a cabo por Michael Beinhorn, conocido por su trabajo con otros titanes del rock como Soundgarden y Korn, le da a cada canción una energía cruda y sin adulterar que se siente como un golpe al sistema.
Lo destacable de este disco no son sólo los riffs frenéticos y la batería implacable, sino sus letras. Matt Caughthran no sólo canta; retumba con cada palabra un mensaje clarísimo. El álbum empieza con "Senor Hombre De Tamale", una muestra perfecta del nervio y la pasión que estos chicos ponen en cada tema. Traen de regreso a la música algo tan simple, pero olvidado: la honestidad.
La lista de canciones es una cadena de éxitos compactos, que aunque no buscan ser complacientes, sí buscan ser escuchados. Canciones como "History's Stranglers" o "White Guilt" colocan bajo el reflector la hipocresía creciente de la modernidad. Mientras algunos luchan con un millar de opiniones contradictorias, The Bronx se muestra sólido como una roca, seguro como una declaración donde se alza la bandera del verdadero rock.
En sus letras también se detecta esa crítica social que tantos no quieren escuchar. Un ataque al sentimentalismo vacío y al moralismo progresista que sacuden con humor negro y honestidad brutal. El disco, lejos de ser solo una colección de canciones, es un grito de guerra que reta a la autocompasión y a las modas superficiales que quieren dictar el vivir actual.
En vivo, The Bronx se convierte en una experiencia sensorial donde no hay espacio para lo aburrido. La puesta en escena es tan auténtica como la música que tocan; sin artificios ni florituras. Por eso, millones que quieren sentir música real siguen a estos chicos por todo el mundo.
Dirígete a una tienda de discos si buscas un álbum que desafíe las ideologías batallando en el centro cultural de hoy. Pero si prefieres las melodías limpias y políticamente correctas, entonces mejor busca en otro lado. The Bronx (álbum de 2006) es un álbum para los que quieren elevar los decibeles y desafiar la normatividad sonora y social. Y en este mundo, cada vez hace más falta música así.