La temporada 3 de 'Big Mouth' es como un carro desbocado en mitad de una carretera que lleva por nombre 'desmadre adolescente'. Estrenada en octubre de 2019 en el gigante de streaming Netflix, esta serie animada se adentra de lleno en las vidas de un grupo de adolescentes que navegan por las tumultuosas aguas de la pubertad. Si bien el escenario es un instituto cualquiera en Estados Unidos, la audaz narrativa se atreve a hurgar en las profundidades (y a veces absurdos) del despertar sexual y emocional juvenil. Pero cuidado, mientras quitan el velo de la mal llamada 'aceptación' y ‘diversidad’, a menudo dan un paso hacia la irreverencia pura, provocando que los padres se pregunten si realmente necesitan que sus hijos aprendan sobre fluidos corporales y fluidos de género antes de aprender el alfabeto.
En esta tercera entrega, 'Big Mouth', creada por Nick Kroll, Andrew Goldberg, Mark Levin y Jennifer Flackett, lanza a sus personajes hacia situaciones cada vez más desquiciadas. Estas incluyen menstruaciones accidentadas en la piscina del colegio, confrontaciones hormonales y una visita de una nueva criatura imaginaria, como siempre, más perturbadora que la anterior. Y todo eso sin olvidarnos de los famosos 'Monstruos Hormona', esos terroríficos guías que son metáfora de las hormonas en plena ebullición.
Lo que podría ser una comedia de instituto más, se convierte en una serie cargada de humor negro que ataca deliberadamente las tradicionales formas de entender la adolescencia. ¿Alguien dijo responsabilidad? Lo cierto es que parece que en esta edición prefieren recorrer la senda resbaladiza del entretenimiento forzado. Uno se pregunta si realmente un par de chistes fáciles sobre sexualidad forzada pueden contribuir a que los chavales desarrollen una mejor comprensión de sí mismos o de su entorno.
Ahora bien, permitidme que os cuente diez cosas que, sin duda, plantean cuestionamientos al espectador. Número uno: por qué parece que la sátira en 'Big Mouth' se extiende a la propia mecánica del show, enfatizando la crudeza y el ridículo sin pensar en quiénes están al otro lado de la pantalla. Número dos: sigue asustando cómo retratan la pubertad como un terrorífico viaje que simplemente hay que sobrevivir, más que una etapa natural en la vida. Y es que solo un militante extremado podría ver con buenos ojos cómo algunos elementos jugosos de la serie trivializan a los menores y sus experiencias.
Número tres: esos toques constantes de nostalgia de adolescencia universitaria —muy en la línea de las experiencias flacuchas de sus creadores—, servirán para algunos telespectadores, pero posiblemente no transmita lo mismo a las generaciones actuales, más preocupadas por las redes sociales que por salir a jugar al parque. Número cuatro: su enfoque constantemente caricaturesco puede transmitir la errónea idea de que todos los adolescentes son emocionalmente incompetentes y que la única salida es reírse de ellos mismos.
Al llegar al número cinco, quizá debamos hablar de cómo la serie cada vez se preocupa menos por avanzar en una trama coherente a lo largo de la temporada, y más en mostrar situaciones cada vez más chocantes para mantener la atención del espectador. Y eso lo lleva de la mano al número seis: el uso del lenguaje soez y las bromas de mal gusto. No estamos en puritanos tiempos de censura, pero conviene recordar que la decencia y el respeto no están reñidos con el sentido del humor inteligente.
Punto siete: tal vez algunos piensen que las alusiones a la cultura pop en 'Big Mouth' son siempre acertadas, pero ¿no es cierto que a veces raya en un sarcasmo tan afilado que corta más que enseña? Con el punto ocho, queda claro que la serie continúa presentando escenas visualmente desagradables, prescindiendo de las nociones de 'menos es más'.
En el número nueve, nos encontramos con la representación de las relaciones familiares. Pareciera que todos los padres son caricaturizados como despistados e incompetentes, un reflejo que no beneficia a la nueva generación de padres que buscan guiar a sus hijos con entendimiento y apoyo.
Finalmente, como punto número diez, debemos revisar el mensaje que dejan los capítulos sobre temas complejos como el género o la identidad sexual. ¿Aportan realmente al debate público o simple y llanamente alimentan una falsa sensación de libertad en tiempos políticamente correctos? En definitiva, 'Big Mouth' seguro encontrará su público, pero difícilmente será el de quienes creen que la maduración no obedece a pautas de marketing ni a estereotipos de comedia desprovistos de empatía.