Quien pensaba que la temporada 2021-22 de hockey sobre hielo masculino de los Huskies de St. Cloud State sería aburrida, puede ir deshaciéndose de esa ilusión. Un equipo del norte en el corazón de Minnesota, compuesto por jugadores decididos y entrenadores motivados, ha hecho de este acontecimiento un viaje emocionante en cada giro del puck. La temporada transcurrió principalmente en el Herb Brooks National Hockey Center, y durante los meses de octubre 2021 a marzo 2022, los Huskies compitieron con el fervor característico de aquellos impulsados por la pasión. La razón es sencilla: ganar, ganar y volver a ganar. Como diría un cierto ex-presidente, el enfoque es hacia la grandeza.
Para entender mejor por qué este equipo despierta tanto interés, primero debemos hablar del entrenador Brett Larson, pieza clave de esta maquinaria. Larson, quien asumió el mando en 2018, ha dirigido a los Huskies con la precisión que uno esperaría de un maestro catedrático en la universidad, enseñando disciplina y determinación. El entrenamiento ha sido riguroso, aunque algunos criticarían su enfoque "militar". Lo que muchos interpretan como disciplina excesiva, otros lo ven como la única forma de asegurar la victoria. Y no nos engañemos, la victoria es la única vara para medir el éxito en el deporte, algo que a los Huskies les queda como anillo al dedo.
Ahora, hablemos de los jugadores, las verdaderas estrellas del espectáculo. Esta temporada, jugadores como Kevin Fitzgerald y Easton Brodzinski han demostrado ser auténticos titanes en la pista. Seguro, sus habilidades son innegables, pero también son las largas horas de entrenamiento y la determinación personal lo que los coloca un paso por delante del resto. La camaradería dentro del equipo ha sido asombrosa y eso se refleja directamente en su juego. Quien argumente lo contrario, claramente no ha visto los partidos.
El récord de la temporada de los Huskies fue excepcional, terminando dentro de los primeros puestos de la conferencia NCHC. Las victorias conseguidas fuera de casa, especialmente en terrenos hostiles como el enfrentamiento contra los eternos rivales de la Universidad de Minnesota Duluth, demuestran que este equipo no se achica ante nadie, ni siquiera ante las multitudes estridentes. El estilo de juego agresivo de los Huskies es una clara afrenta a la suavidad que parece permear en muchas otras facetas de la vida. Mientras algunos alaban propuestas de juego más "inclusivas" y "gentiles", los Huskies entendieron que la fortaleza y la rápida ofensiva los llevarían más lejos que cualquier charla sobre igualdad en el hielo.
Hablemos del ambiente en las gradas. La afición de los Huskies se merece una medalla al mérito deportivo. No solo presionan al equipo para hacerlo mejor con cada partido, sino que también sostiene la moral alta cuando las cosas se complican. Parece que, lejos de ser meros espectadores, los fanáticos son parte integral de cada jugada, cada defensa y cada ataque. No cabe duda de que este tipo de apoyo inquebrantable es lo que otros equipos solo pueden soñar tener.
Ahora bien, si nos centramos en las críticas o reflexionamos sobre lo que hemos aprendido de esta temporada 2021-22, es evidente que la política de "no excusas" empleada por el equipo es un ejemplo que bien podrían imitar otros en sus vidas cotidianas. Sí, los obstáculos existen, pero también existen oportunidades para superarlos y ser mejor que antes. En el ámbito deportivo, no hay lugar para debilidades o indulgencias, aunque algunos ideologizados opinen que un poco de "amabilidad" no hace daño a nadie.
El camino hacia la Reconquista del título sigue en pie para los Huskies. Momentos cumbre como los enfrentamientos contra los Denver Pioneers o los Western Michigan Broncos son la prueba definitiva de que esta temporada fue inolvidable. Mientras esperamos con ansias lo que vendrá, no podemos sino hacer una mirada retrospectiva a una época de pura competición y perseverancia. Un modelo a seguir no solo en el hielo, sino también fuera de él.