Si la temporada 2016 de los Tampa Bay Rays fuese una película, quizás habría sido más un drama que una comedia, o mejor dicho, una tragicomedia. En la temporada que va desde abril hasta octubre de 2016, en el Tropicana Field de San Petersburgo, Florida, los Rays lograron algo notable: se las arreglaron para ser decepcionantes incluso cuando nadie esperaba mucho de ellos. En una liga donde la competencia es feroz, la alineación de los Rays mostró promesa pero con demasiada frecuencia se quedó con las bases llenas. Así es: el club alcanzó un récord de 68-94, reiterando que 'tener potencial' no es sinónimo de 'lograr resultados'.
Consistencia en la Inconsistencia: Si hay algo en lo que los Rays fueron consistentes, fue en su inconsistencia. El equipo podía ganar una serie contra un rival serio y luego perder lamentablemente contra un equipo cuyo nombre apenas se pronunciaba correctamente. Los puntos brillantes aparecieron y desaparecieron con la misma rapidez, dejando a los fanáticos rascándose la cabeza. Podría parecer una estrategia de confusión para sus adversarios, pero no. Era simplemente falta de sinergia en el equipo.
La Revolución en el Montículo: Chris Archer era el líder del equipo en el montículo. No obstante, su registro de 9 victorias y 19 derrotas mostró que el liderazgo no siempre se traduce en resultados. Podría decirse que Archer arrojaba la pelota como un titán del montículo pero a menudo terminaba poniéndose una toga de mártir. Alcanzó al menos 200 ponches por tercera temporada consecutiva, pero las victorias se sintieron raras y pocas. A menudo, lanzadores como Jake Odorizzi se sintieron más bien como si estuvieran jugando a la ruleta.
Ofensiva Inutilizada: El equipo tenía bateadores con talento, como Evan Longoria, quien parecía estar siempre al borde de un gran momento. Longoria conectó 36 jonrones esa temporada, demostrando que era la única estrella que iluminaba un cielo lleno de nubes grises. Sin embargo, junto al resto de los jugadores, parecía que no había un plan claro de cómo capitalizar esa fuerza ofensiva. Gracias a una estrategia de puntuación inconsistente, los Rays encontraron una manera de desperdiciar incluso los hazañas de Longoria.
Jugadores Jóvenes en la Mira: No faltaron jóvenes promesas a lo largo de la temporada. Blake Snell hizo su debut en la MLB y mostró destellos de por qué tenía tanto bombo en las menores. El problema es que las promesas no ganan campeonatos. Un equipo lleno de jóvenes es genial para el largo plazo, pero necesitaban líderes experimentados para guiar a estos diamantes en bruto hacia la madurez profesional.
El Truco de la Magia del Receptor: Curt Casali y Hank Conger compartieron las responsabilidades de receptor, y algunas veces más se asemejaron a magos intentando sacar conejos de un sombrero vacío. La posición de receptor parecía ser un problema que los Rays no podían resolver. Podría haber sido mejor conseguir un contragolpeador del equipo contrario, dadas las dificultades para mantener a los corredores fuera de las bases.
Declive del Red Bullpen: El bullpen de los Rays podría ser visto como un patio de juego donde los rivales encontraban su ritmo fácilmente. En lugar de ser un muro impenetrable entre los bateadores contrarios y las bases, parecía una puerta giratoria. De nuevo, Andrew Bellatti y compañía intentaban mantener el puntaje bajo –en vano– mientras los fanáticos veían cómo los juegos cerrados se desmoronaban en las últimas entradas.
El Estrés de la Gerencia: Desigualdades en el rendimiento, decisiones cuestionables, y la presión general presenciaron a Kevin Cash en uno de sus momentos más estresantes como gerente. No fue un trabajo fácil lidiar con alineaciones desiguales y cambiar constantemente los planes de juego para intentar encontrar la fórmula mágica. Si alguna vez hubo una maldición en el béisbol, en 2016, los Rays fueron su anfitrión.
Constructores de Estadio, Menos Backstage: Esta temporada también se vio marcada por conversaciones sin fin sobre la necesidad de un nuevo estadio. Tal vez los Rays necesitaban un milagro divino más que una estructura de cemento y acero. Invertir tiempo más en la configuración técnica que en el desarrollo del talento solo parece una distracción más del problema real.
Fanáticos Frustrados: No se puede hablar de la temporada sin mencionar a los fanáticos. La base de seguidores de los Rays es leal, pero para 2016, la paciencia se ponía a prueba. A medida que el equipo acumula derrotas, sus seguidores comenzaron a preguntarse si su fidelidad podría soportar más temporadas de decepción. Por supuesto, quien aguanta sigue lanzando monedas de cinco centavos en la feria, esperando finalmente obtener el premio.
El Camino por Delante: El destino de los Rays después de 2016 pareció incierto. Como en un programa de telerrealidad, los fanáticos fueron dejados al borde de sus asientos, preguntándose qué traerían los años siguientes. Algunas veces, lo único bueno de tocar fondo es que solo queda un camino: ascendencia. Pero en el competitivo mundo del béisbol, ese ascenso parecería más una cuesta que un viaje fácil cuesta arriba. Solo queda por ver si los Tampa Bay Rays aprenderán de sus errores o repetirán el ciclo.