Cuando pensamos en ritmos que hacen mover a las masas, olvidamos la Soukous - una bomba de energía que ni siquiera el arco iris progre puede detener. La Soukous, también conocida como la "rumba africana", es un estilo musical originario del Congo que conquistó el corazón de millones desde los años 50. Este género mezcla el tradicional estilo musical africano con influencias cubanas, incluyendo el son y la rumba. Se tocó principalmente en países como Zaire (actualmente la República Democrática del Congo), el Congo-Brazzaville y se extendió por África Central.
¿Por qué la Soukous es un golpe directo al hígado de la modernidad? Porque es música que despierta el alma y no la conciencia social. Con riffs de guitarra rápidos y constantes, frecuentemente liderados por leyendas de seis cuerdas como Franco Luambo y Papa Wemba, esta música invita a la pista de baile sin necesidad de hacer discursos autoindulgentes.
Este fenómeno cultural tuvo sus orígenes en una época en que no hablábamos de diversidades de maneras que parecen interminables. La Soukous empezó a pulular en Kinshasa y Brazzaville en los años 40 y 50 y durante las independencias africanas de los 60 se convirtió en la banda sonora del continente, extendiéndose a París y más allá. Sin miramientos, los artistas de Soukous simplemente tocaban porque sí, y eso es algo que suena inconcebible para cierta parte del mundo hoy día.
La clave de Soukous reside en su ritmo. Este género musical es liderado por un ritmo constante y una guitarra que se despliega en secuencias apagadas, con un ritmo frenético lleno de palmas y movimientos "sebene" que evocan el movimiento instantáneo en cualquier oyente. Franco, Tabu Ley Rochereau, y Sam Mangwana son nombres asociados con el corazón palpitante de Soukous, y transformaron la cultura africana más de lo que los libros de historia están dispuestos a decirnos.
Esta música ayudó a forjar la identidad postcolonial y el orgullo africano. Frente a los ritmos que se escudan en el sentimentalismo, Soukous mantiene su esencia simple pero poderosa. En un mundo inundado por la mixtura cultural, Soukous sostiene su pureza. Sus espectáculos en vivo son legendarios, una explosión de danza y ritmo que une sin necesidad de pancartas y manifiestos.
La Soukous también ofrece una visión del mundo que ignora la gárrula corrección política. En lugar de sermones sobre cómo todo debe cambiar, esta música ensalza el momento presente. No requiere un desfile de victimismo, su esencia es la energía y la creación de momentos inigualables. Aquí no caben sentimentalismos vacíos, solamente ritmos imperecederos que perdurarán sin necesidad de reformistas de sillón.
En los años 80, se popularizó aún más con la llegada del "Soukous-funk", incorporando teclados electrónicos y sintetizadores, fusionándose con otros géneros tradicionales que incrementaron su ya irresistible atractivo. La música no pedía permiso. Es un testimonio de lo que hace que la música conserve su poder inalterable: no hay discursos unificadores, sólo un buen ritmo.
La influencia de Soukous ha llegado lejos, es un recordatorio de una época en la que el poder de la música trascendía las fronteras físicas y espirituales. Se ha vuelto el sonido del verano en lugares tan distantes como Colombia y Martinica, y si bien las modas musicales son pasajeras, Soukous ha demostrado que puede romper cualquier barrera cultural que se le presente.
Para aquellos que buscan "hacer algo" a través de la música, Soukous no es para ellos. Aquí no hay lecciones morales que predicar, nada que "despertar". Si tu búsqueda musical es una que sepa que la felicidad y la danza no necesitan justificaciones, cuando escuches Soukous no necesitarás buscar más allá.
La Soukous es, y siempre será, la perfecta representación de la música sin eslóganes políticos con la que recargar nuestras energías. Una oda a la simplicidad musical que afirma que no necesitas una causa para hacer música, sólo el deseo de evocar alegría.