Si creciste creyendo que la ciencia ficción era simplemente un cuento inventado para pasar el rato, necesitas leer 'Solaris corregido'. Stanisław Lem, el genio detrás de esta obra maestra, no estaba solo interesado en extraterrestres y planetas lejanos; en realidad, te presentaba un manual sobre la exploración humana en su forma más cruda. Publicado por primera vez en 1961 en Polonia, este libro ha visto el renacimiento en muchas formas, pero sin perder su esencia provocativa. Habla sobre un futuro donde los humanos, impulsados por su sed de conocer lo desconocido, se ven cara a cara con un ente completamente incomprensible en el planeta Solaris. Ahí está el quién, el qué, el cuándo, el dónde y el por qué para aquellos que quieren datos fríos. Ahora, ¡vamos al meollo del asunto!
El argumento de 'Solaris corregido' gira en torno al planeta Solaris, un cuerpo celeste cubierto por un vasto océano que desafía las leyes de la ciencia como la conocemos. Este océano es un ente viviente, capaz de materializar los miedos, deseos y memorias de los científicos que lo estudian. Algunos dirían que es un espejo de nuestra propia naturaleza humana, si es que te dejas llevar por esas visiones del alma tan predicadas por los académicos pretenciosos.
Primero, ¿por qué estamos tan obsesionados con entender lo que claramente está fuera de nuestro alcance? Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha querido ser el eje de la creación. Y eso es lo que el progresismo no logra comprender: no se trata de querer controlarlo todo, sino de la rendición ante nuestra insignificancia en el universo. Lem lo deja en claro; Solaris nos retó, no para enseñarnos, sino para mostrarnos cuán atrapados estamos en nuestra propia arrogancia.
Segundo, el libro se atreve a criticar el superficial anhelo humano de conquistar más allá de nuestras capacidades. Se enfoca en las fallas, sobre todo en el disconforme deseo de reescribir la realidad a nuestro favor. Да igual cuánto intentemos, los seres humanos no podemos escapar a nuestro intrínseco miedo a lo desconocido. Pero no, claro que no te enseñarán eso en las charlas de 'abrazos y unicornios'.
Tercero, el tema de la 'no comunicación' en el libro es un poderoso golpe a la ideología de que todo debe ser negociable y comprometido. Solaris no está aquí para recibir nuestras propuestas de paz o influencias culturales. Es un ser cuya existencia contradice la idea de interactividad que los autoproclamados pacifistas profesionales defienden ciegamente. A veces, un océano gelatinoso que genera tus peores pesadillas es solo eso, y no un doloroso paso por el torbellino burocrático de la diplomacia.
Cuarto, la capacidad de Solaris para crear 'visitantes' a partir de los traumas de quienes lo observan es un giro implacable y crudo. Solaris podría hacer que cualquiera de nosotros se enfrente con puertas que preferiríamos permanecer cerradas. Este fenómeno es un ejemplo de que combatir nuestros fantasmas del pasado es mucho más difícil de lo que las líneas guías de conducta moral nos quieren hacer creer. Solaris deja en claro que nuestros demonios personales siempre encontrarán la forma de volver, sin importar cuánto nos refugiemos en comodidades modernas.
Quinto, la ambición eterna de la ciencia desenfrenada encuentra un juicio justo en Solaris. La arrogancia de querer saberlo todo, de conquistar la desconocida frontera, se frota directamente contra el desconcertante océano viviente. No es una mera crítica al avance científico, sino a la ideología que lo sostiene. Sin embargo, aquí no hay cátedras feministas que se lo expliquen.
Sexto, Lem desafía el 'hombre-dios' al presentar un ser tan increíblemente complejo que los humanos no pueden descifrar. Cada intento de comprender Solaris termina en fracaso. Porque tal vez, solo tal vez, no todo fue hecho para ser entendido. Esta es una bofetada a la cara de la arrogancia humana que asume que todo debe ceder ante el inquebrantable intelecto humano. El autor polaco, sabiamente, cuta sobre aquél que piensa que el hombre es omnipotente. Un recordatorio cuestionando cuán irrelevantes somos en el gran esquema de las cosas.
Séptimo, al poner en perspectiva nuestra sed de conocer, 'Solaris corregido' explora la idea de que la humanidad puede no estar preparada para las respuestas que busca. Tratar de penetrar en la mente del océano, al cual no le interesa en lo más mínimo nuestra existencia, nos recuerda a aquellos progresistas que insisten en rediseñar el mundo a su capricho, como si éste necesitara ser 'salvado'.
Octavo, el libro no da prioridad a representaciones superficiales de heroísmo o victoria. El autor ofrece una narrativa en la que la empresa humana palidece en comparación con el sorprendente e inalcanzable misterio que es Solaris. A lo mejor, simplemente necesitamos seguir nuestro rumbo mundano sin querer ser más de lo que somos.
Noveno, a través de su implacable investigación de la moral, la ética, y la psicología humana, 'Solaris corregido' nos muestra la cruda verdad sobre nuestra existencia. Un profundo vistazo a lo insignificantes que somos en la cosmogonía universal no es algo que ciertos liberales admitirían abiertamente.
Décimo, y finalmente, las incógnitas de Lem nos dejan con una sensación de reflexión sobre los límites de nuestra propia percepción. Puede que el universo esté lleno de misterios que jamás resolveremos, y eso debería estar bien. Podría considerarse un alivio saber que no todo está al alcance de nuestro control o comprensión. Esta sensación, por sí misma, es un comentario mordaz sobre la necesidad voraz de la humanidad de intentar medir todo con la cinta métrica del entendimiento racional, cada vez que asomamos nuestra nariz a lo desconocido.
Así que, tal vez las lecciones de 'Solaris corregido' nos sean mucho más útiles que los incansables intentos de reestructurar la dinámica cósmica a nuestro favor, sobre todo cuando quedamos expuestos a la vastedad de la existencia tal como es.