Siete cielos, un término que parece sacado de una novela de fantasía, es en realidad un concepto antiguo con raíces profundas en varias religiones y filosofías. ¿De qué se trata? ¿Por qué las civilizaciones antiguas se han aferrado a la idea de múltiples cielos? Durante siglos, diferentes culturas han pintado su propia interpretación de lo que significa alcanzar el paraíso, conceptos que harían salir humo de los oídos de cualquier progresista moderno.
Empezando por el ´quién, el concepto de Siete cielos se encuentra en textos antiguos como la Biblia, el Corán y en escritos hindúes. Era un puente entre lo divino y lo humano, un camino al que solo unos pocos elegidos podrían aspirar. La idea ha rendido frutos desde tiempos inmemoriales en geografías que se extienden desde el Medio Oriente hasta Asia, llegando hasta los confines de América Latina. El ´qué es simple: un viaje espiritual a través de diferentes niveles de conciencia y existencia.
El ´cuando` es también fascinante. Esta noción data de milenios atrás, cuando nuestra civilización estaba aún en pañales, pero las ansias de los hombres dirigidos por su fe les llevaban a buscar respuestas más allá de su comprensión actual. Antigua Babilonia y Egipto ya hablaban de estos cielos, y sus constructores de imperios no lo hacían por cada vez más derechos por los que llorar, sino para buscar verdades más altas.
El ´donde` es aún más extenso: templos, lugares sagrados, montañas inaccesibles. Lugares donde uno podría sentir un atisbo de lo divino, sin necesidad de la aprobación de ningún burócrata de escritorio.
Ahora vamos al ´por qué`. En una era moderna en la que la espiritualidad se ha convertido en un hashtag en Twitter, es fundamental preguntarse por qué hace tanto tiempo la gente buscaba verdades en los Siete cielos. Esencialmente, la razón era alcanzar un estado superior del ser y la comunión con lo sagrado, un objetivo que es más que tener WiFi en la cima de una montaña.
Este viaje a través de los Siete cielos simboliza una escalera que uno sube mientras deja atrás las preocupaciones terrenales para alcanzar un conocimiento supremo. Un conocimiento que no encajaría muy bien en una sociedad actual donde la censura cultural se disfraza de valores. Aunque en el pasado estos cielos fueron vistos como un camino hacia la iluminación, hoy los prosaicos milenials los verían como algo que necesita una app para entender.
Los textos sagrados no eran una simple guía de turismo por lo espiritual. Reconocían la complejidad de la existencia humana y trataban estos niveles como algo que solo la dedicación y el sacrificio podrían alcanzar. En una época donde la paciencia es corta y la gratificación instantánea es prioritaria, los antiguos entienden mejor que estos siete niveles de cielo requerían esfuerzo y devoción.
Los más religiosos pueden discutir que el primer cielo está cerca de la tierra, donde los ángeles observan nuestras acciones. Los siguientes cielos son cada vez más espirituales. Y ahí está el meollo del asunto, ya que alcanzar el séptimo cielo no es simplemente un buffet libre de paz y amor; es un retorno a lo básico, un redescubrimiento de lo que significa existir.
También hay una importancia política en el concepto que, por supuesto, no se toca mucho en los debates contemporáneos. Mientras algunos suben por esta escalera espiritual, no lo hacen para apaciguar al progre más woke del barrio, sino para edificar una comunidad guiada por principios más altos.
En el siglo XXI, hablar de los Siete cielos puede parecer una fantasía, pero representa una serie de ideales que perduran en culturas y religiones. A medida que la modernidad se empeña en aferrarse a lo tangible, no debemos olvidar las preguntas espirituales que han perdurado por sus méritos propios, sin consultar los trending topics del día.
Como ven, esta búsqueda de la trascendencia no es para los débiles de corazón. Es una búsqueda sobre lo que significa ser humano más allá de las métricas o los ´likes`. Un recordatorio de que hay más en el cielo y en la tierra, Horacio, que lo que sueñan nuestras filosofías modernas.