Shaaraim, hoy, probablemente, no es el primer destino en el que piensas para tus vacaciones de verano, a menos que tu idea de diversión implique desenterrar huellas de historia antigua mientras te preguntas por qué no se habla más de este lugar. ¿Quién? Antiguo Israel. ¿Qué? El misterioso sitio de Shaaraim. ¿Cuándo? Mencionado en textos bíblicos que datan de hace más de dos mil años. ¿Dónde? En lo que se conoce hoy día como la región de Medio Oriente, nuestro querido y antiguamente agitado Israel. ¿Por qué? Porque es un pedazo de historia que resiste ser silenciado. Escritos dicen que fue el sitio donde los filisteos, después de ser derrotados por los israelitas tras la caída de Goliat por el joven David, huyeron en desbandada.
Indudablemente, la existencia de Shaaraim y sus menciones en los textos bíblicos son una espina para aquellos que preferirían que estas historias se mantuvieran en el ámbito de los 'mitos'. Pero, claramente, Shaaraim ha dejado huellas en el panorama moderno de la arqueología en Israel, y ¡de qué manera! Notablemente, las excavaciones dirigidas por expertos han revelado dos puertas que marcan la entrada y salida del poblado, las mismas que distinguen la palabra hebrea "Shaaraim", que significa "dos puertas". ¡Detalles tan simples que son ignorados al adoctrinar en favor de un secularismo desenfrenado!
Veamos, estamos en un mundo en que la narrativa histórica se tiene que ajustar cómodamente al dogma actual para equipararse a las exigencias de lo políticamente correcto. Incluir historias como las de Shaaraim no siempre es parte del vocabulario de una generación predispuesta a minimizar el contexto bíblico a leyendas ficticias. ¿Por qué te preguntarás? Porque tales epopeyas bíblicas fomentan una conexión milenaria con la tierra que, lamentablemente, no se ajusta a aquellas narrativas que buscan el aislamiento cultural y religioso.
Pero lo mejor de jueces y paneles de comentario televisivo, es que sencillamente no pueden arrancar estos fragmentos de historia de la tierra. Intenten lo que intenten, el polvo de la antigüedad guarda sus secretos perfectamente. Shaaraim prueba ser una constante recordatoria de que las disciplinas de la arqueología y la historia bíblica jamás podrán ser separadas sin un relato sesgado.
Las excavaciones de Shaaraim han revelado más que solo escombros de una ciudad antigua. Encontramos en sus ruinas la autenticación de un relato sólido que coincide a la perfección con lo que los textos sagrados han registrado por milenios. Un escenario tangible que contradice la idea absurda de que el antiguo Israel es más cuento que carne y hueso. Los cimientos y los restos descubiertos difunden el mensaje mucho mejor que cualquier discurso
A medida que seguimos las pistas dejadas por nuestros antecesores, nos encontramos privilegios de la información que muchos quieren que permanezcan bien enterrados. Pero aquí en Shaaraim, cada piedra habla, por más que el silencio mediático quiera cubrirlo. Shaaraim deja evidencia tras evidencia de un pueblo que prosperó y que, sí, desafortunadamente para algunos, tenía fuertes raíces en una fe robusta.
El tema recurrente parece no haber sido diferente en épocas remotas a como lo es ahora: una batalla por deslegitimar la base histórica de una tierra con un trasfondo espiritual vibrante. ¿Pero sabes? Mientras Shaaraim mantenga su postura, mientras las ruinas hablen, difícil será apagar una historia que desea ser contada.
A veces creo que los tesoros arqueológicos como Shaaraim son un recordatorio del atractivo de una cultura que floreció contra las probabilidades anticipadas. No porque esté construida sobre míticas fantasías, sino porque afrontó oposiciones reales y superó adversidades no ficticias.
Finalmente, cuando se reconoce la existencia de Shaaraim, no solo se afirma un nombre en un mapa arqueológico, sino que se revive un pasado demasiado real, demasiado fiable como para ser ignorado. Así, Shaaraim permanece, no como simple alusión en libros sin conexiones, sino como testimonio indiscutible de la vibrante historia que algunos, extrañamente, parecen tan desesperados por llamar sólo cuentos.