¿Alguna vez has sentido que te venden gato por liebre? Eso me ocurrió al ver "Sergio", una película del 2020 que intenta ser más de lo que realmente es. Esta película, dirigida por Greg Barker y protagonizada por Wagner Moura y Ana de Armas, trata sobre la vida del diplomático de la ONU Sergio Vieira de Mello. La historia nos lleva por las misiones diplomáticas del protagonista, centrándose especialmente en su trágica muerte durante el atentado en la sede de la ONU en Bagdad en 2003. Pero, para ser honestos, más que un tributo a un gran hombre, parece un intento de Hollywood de hacernos tragar su agenda ideológica.
Primero, hablemos de la elección del protagonista. Wagner Moura, famoso por su interpretación de Pablo Escobar, ahora asume el papel de un héroe diplomático. Bien por él, ¿verdad? Sin embargo, ¿no es irónico que Hollywood, ese bastión del progresismo, elija siempre las mismas caras conocidas en lugar de buscar nuevos talentos? Está bien ser eficiente, pero aquí la eficiencia se siente más como perezosa conformidad y menos como una audaz representación de la diversidad que tanto pregonan.
Lo más intrigante de "Sergio" es cómo intenta presentarse como una crítica social envuelta en un drama biográfico. La cinta, apenas inicia, se lanza a mostrarnos el desorden político-social de allá por el 2003, en el marco de la invasión a Irak. Claro, en un acto típico, no desaproveican la oportunidad de cuestionar las decisiones del gobierno republicano de turno sin realmente aportar claridad o contexto al espectador sobre las complejidades de la época. No se disfruta de una narrativa imparcial, sino de una serie de imágenes que pretenden ser un recordatorio de las 'tropelías' del pasado.
En esta película se pierde la oportunidad de explorar a fondo la vida y legado de Sergio Vieira de Mello – un hombre que fue mucho más que su último destino en Bagdad. El realismo de sus misiones en Timor Oriental o sus acciones diplomáticas en Congo y Kosovo quedan relegadas a breves menciones. En cambio, se enfoca en un romance con Carolina Larriera (interpretada por Ana de Armas), resaltando lo superficialmente romántico sobre lo esencialmente humanitario. Apenas se roza su inteligencia estratégica y su habilidad para mediar en conflictos. Aquí, el guión peca de simplista y predecible.
Hablemos de Ana de Armas, la carismática actriz que todos sabemos usar como cliché del "romantic interest" sin más profundidad. Hollywood, inquebrantable en su fórmula, la ofrece de nuevo en un papel más interesado en su belleza que en el verdadero peso de lo que representa ser socio afectivo de un diplomático de tal calibre. La relación entre Sergio y Carolina carece de la sutileza necesaria para hacerse creíble; su química, aunque visible, es a menudo eclipsada por la falta de solidez en el guión.
Visualmente, "Sergio" es bella, con escenografías y tomas que hablan por sí mismas. Pero, ¿es eso suficiente para tapar sus otras deficiencias? Difícilmente. Los diálogos, fundamentalmente necesarios en una cinta que requiere de una gran carga emocional y política, no logran calar hondo. En lugar de explorar con audacia el terreno humanitario, se siente como un catálogo de escenas filmadas para apaciguar conciencias más que para despertar verdaderas emociones o cuestionamientos.
Esta película tenía el reto de capturar la complejidad de las decisiones políticas internacionales y sus resultados, pero termina convirtiéndose en un simple ejercicio de estéticas y estereotipos emocionales. Quienes gustan de la crítica fácil y el ajuste de cuentas político la encontrarán sugerente, pero quienes esperan un análisis serio e integral de un personaje como Sergio Vieira de Mello verán su tiempo casi malgastado.
Al final, "Sergio" se siente como un intento demasiado predecible de contar una historia que merecía mucho más. Ese mismo viejito truco del progresismo de apelar al corazón para brillar en pantalla grande se queda corto. En resumen, esta saga histórica, que debería haber explorado la mente única de un gran hombre atrapado en una de las telas diplomáticas más complejas de la historia reciente, termina defraudando, dejando al espectador preguntándose qué pudo haber sido si solo hubiera salido del molde genérico de Hollywood.