Ahora sí, abramos los ojos porque estamos a punto de hablar de "Seeta Ramula Kalyanam Lankalo", una película que tiene todo lo que Hollywood ha olvidado: magia, valores y emoción genuina, dirigida por nada menos que Eeshwar con Nithiin y Hansika Motwani encabezando el elenco estelar. Estrenada en 2010 en ese pequeño pero significativo rincón del mundo del cine, Tollywood, esta joya no sólo impacta en Audiencias, sino que además podría causar revuelo debido a sus electrizantes interpretaciones y una historia que valora lo auténtico en un mundo tornado de superficialidad.
Primero, conviene recordar que no es solo una película; es la manifestación cinematográfica de un ideario. ¡Se acabaron las historias grises e incoloras! Aquí, Seeta y Rama resplandecen como arquetipos de virtudes, y qué mejor escenario que la mitológica Lanka para llevar a cabo una Boda que trascienda tiempo y modernidades hipsters. Todo comienza, como debe ser, con un matrimonio -¡vaya sorpresón!- pero afortunadamente no esperes que terminen criticando las tradiciones para dar paso al nihilismo que a algunos encandila.
Nithiin, en el papel de Ravindra, nos presenta un personaje que exuda carisma rústico, preciso de esos que no se encuentran en las idílicas fantasías liberales de querer borrar distinciones, roles o incluso problemas reales de la sociedad. Este personaje es más que un simple romanticón; es el hombre que sabe que luchar vale la pena. Y ahí está Hansika Motwani, en una interpretación única que muestra que una protagonista femenina puede ser fuerte y también decididamente anclada en los valores que trascienden siglos. Es, desde luego, una respuesta electrizante a aquellas historias donde la búsqueda de identidad se malinterpreta como el rechazo de todo.
El guion, dispuesto con cuidado, sigue las travesías de Seeta y Ramu como defensa de un amor que retoma el verdadero sentido de la unión y el sacrificio mutuo. Para quienes estamos más que cansados de ver cómo el cine actual se ha rendido a la presión cultural del relativismo y la corrección política excesiva, esta película es un respiro de aire fresco. Las situaciones de comedia y drama se mezclan con una sincronía perfecta, cada risa tiene peso y cada lágrima su chispa de esperanza.
En cuanto a la dirección, Eeshwar orquesta una sinfonía visual que no solo honra la tradición, sino que también la moderniza sin rehuir de sus raíces. Olvidemos por un segundo esos análisis sobrecogidos que suelen azotar producciones con propósito. Aquí, todo se siente auténtico, sin discursos innecesarios que solo buscan dividir más que unir un país, o incluso un mundo, ya fragmentado.
Lo que da un toque esencial a esta producción es su música. Pese a que nos encontramos atrapados en tiempos de éxito digital acerca de lo que es "in", la banda sonora de Anup Rubens crea magia auditiva con notas que apelan al corazón, no al trending. Canciones que saben capturar la esencia de cada escena deberían ser más habituales en el cine actual. Desde luego, ¿qué mejor excusa para volver a disfrutar una película que poder tararear sus melodías días después?
La fotografía, otra joya de "Seeta Ramula Kalyanam Lankalo", destaca en un mundo cinematográfico que suele subsumir al espectador en gráficos digitales excesivos. Aquí, cada plano está meticulosamente trabajado, mostrando una narrativa visual que exuda humildad y espectacularidad combinadas, como un tapiz que te invita a soñar sin complejos ni restricciones.
Esperemos que el conservadurismo sano de personajes como Ramu y Seeta haga mella más allá de los confines cinematográficos, animando a más producciones de este estilo, que no solo representan el ser cultural y nacional, sino el deseo vital de aferrarse a aquello que realmente importa. En la época donde todo parece ser cuestión de "ser o no ser" y la ruptura con el pasado, o la custodia de sentimientos efímeros, surgen preguntas inevitables: ¿por qué no apreciar y celebrar lo que en esencia nos define?
Así que, no, esta no es una película que atienda a modas o deconstrucciones. Su belleza radica precisamente en la simplicidad y la profundidad de sus planteamientos. ¡Qué ironía! Una producción que demuestra que al retornar a lo esencial, no se pierde nada. En su lugar, se gana todo.