Un Milagro en Betesda que Ignora la Izquierda

Un Milagro en Betesda que Ignora la Izquierda

Los milagros no son cuentos del pasado, como lo demuestra el sorprendente evento del paralítico de Betesda, que desafía la lógica política y las normas modernas. En medio de desesperación y burocracia, Jesús realizó un acto directo, una lección que resuena hasta hoy.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Los que piensan que los milagros quedaron en los tiempos bíblicos deberían revisar su historia. Imagínate estar paralítico en un mundo sin sillas de ruedas, sin rampas y sin los eco-amigables métodos de inclusión que tanto adoran algunos hoy en día. Bueno, eso es exactamente lo que vivió un hombre en Betesda hace unos 2000 años. En medio de esta situación, quien aparece sino Jesús de Nazaret, el hombre que ya incomodaba a las élites de su tiempo y que, claramente, seguiría incomodando hoy en día a ciertas élites modernas.

Ahora nos situamos en Jerusalén, en un lugar llamado el estanque de Betesda, en algún momento del primer siglo de nuestra era. Cientos de enfermos se congregaban en ese lugar, creyendo que en ciertas ocasiones el agua se agitaba y el primero que entraba al estanque después de esto, se curaba. Allí, en este crisol de esperanza y desesperación, nos encontramos con un hombre paralizado por 38 largos años. ¡38 años! En este contexto, Jesús aparece y le pregunta al hombre si quiere curarse. Sin anestesiar la pregunta con una consulta psicológica previa o una exploración de traumas pasados, simplemente le ofrece una solución clara: "Levántate, toma tu camilla y anda". Y como si fuera cosa de magia —aunque no lo es— el hombre se levanta y camina. Ni burocracia, ni comités, ni costosos tratamientos. Un acto directo que, sin duda, desafía cualquier explicación racional que tanto les gusta a los que niegan lo que no pueden controlar.

Lo más revelador de este evento es la reacción de los líderes religiosos de esa época. Verán, se molestaron porque Jesús realizó el milagro en sábado, quebrantando, según ellos, las leyes del descanso. Pero aquí tenemos una lección que ni el paso del tiempo ha borrado: en cualquier época, siempre habrá quienes pongan las reglas y los procedimientos por encima de la compasión, la eficacia y el sentido común. Esta es la misma mentalidad que hoy en día encontramos aplicando políticas que ahogan a los ciudadanos con regulaciones sin sentido mientras los problemas reales permanecen sin solución.

Si observamos bien el milagro de Betesda, no se trata sólo de una curación física. El mensaje detrás de este milagro es que hay problemas que no se solucionan con más normativas sino con acciones directas, con el poder de hacer lo correcto sin caer en la trampa de la burocracia. Jesús desafió con gran valentía una tradición legal que, en manos de algunos, se había convertido en una herramienta de control más que en una manifestación divina de justicia y misericordia.

En esta historia, ¿dónde están los académicos, los analistas sobrecargados de datos y los teóricos que buscan explicar todo basándose exclusivamente en pruebas empíricas? Callados, por supuesto, porque no hay forma de medir un milagro en una probeta. Jesús demuestra que no necesitamos buscar complejidades donde la verdad, por impactante que sea, es simple: el hombre estaba paralítico, y ahora camina.

Este relato nos enseña que hay veces que la intervención necesaria no sigue las convenciones políticas o sociales. En medio de tanto caos contemporáneo, donde el sentido común es la excepción y no la regla, el milagro de Betesda marca una pauta de decisividad y un llamado a entender que no todo requiere medidas complejas. A veces, las soluciones son simplemente una cuestión de acción y fe.

Quien quiera ver en esto una lección, la encontrará, aunque moleste a aquellos que creen que para cada problema debe haber una política elaborada y aprobada por algún organismo global. En el estanque de Betesda, no había auditorías de recursos ni discusiones interminables sobre presupuestos, solo un milagro directo y evidente. Y más relevante que nunca, nos obliga a cuestionar: ¿Estamos resolviendo problemas, o sólo complicándolos con nuestra incapacidad de ver más allá de lo visible?

La historia del paralítico en Betesda es una prueba histórica y espiritual de que el sentido común y la fe pueden, de hecho, generar cambios significativos. En un mundo que a veces se pierde en la complejidad estéril de soluciones ineficaces, recordar este milagro nos impone preguntarnos si no sería tiempo de volver a las soluciones simples, al coraje de actuar y a la tenacidad de creer.