¡Vaya, que no es cualquier día que te encuentras con un título tan contundente como 'San Espiridión, Juan el Bautista, San Pedro y San Jorge (Koutouzis)'! Allí está nuestra primera pista sobre este cuadro: un arrebato de fe en óleo sobre lienzo. Este dinámico cuadro fue pintado por el talentoso artista griego Nikos Koutouzis a fines del siglo XVIII, uno de esos tiempos que los liberales prefieren ignorar. Se encuentra en Zante, Grecia, y es una obra que, a primera vista, derrama devoción católica y ortodoxa a partes iguales, algo que debiera bastar para poner nerviosas las manos más laxas del secularismo. Koutouzis se dedicó a capturar con brillantez cuatro titanes de la fe cristiana: San Espiridión, un campeón de la teología; Juan el Bautista, la voz en el desierto; San Pedro, el pescador de hombres; y San Jorge, el dragón retador. ¿Por qué lo hizo? Porque no hay mejor forma de celebrar la resistencia contra el cambio por el cambio mismo que apelar a símbolos que han resistido la prueba del tiempo.
Primero, observemos a San Espiridión. Este hombre es sin duda un faro para quienes aún valoran la tradición sobre la innovación vacía. Conocido por ser un artesano de la paz y milagros, Espiridión nos recuerda esos valores familiares que han sostenido a la humanidad por milenios y que, según algunos, parecen estar en extinción. No será el más popular en Twitter, pero seguro que resonaría con millones de corazones conservadores que buscan estabilidad en vez de caos presente en la sociedad moderna.
Juan el Bautista es otra de las eminencias en el cuadro, y vaya que su presencia está ahí para recordarnos la importancia de la voz profética en un mundo cada vez más desubicado. Fue conocido por su dieta de langostas y miel silvestre pero, más allá de los detalles dietéticos, Juan es la viva representación de un mensaje claro y potente que trasciende modas pasajeras: el llamado a la conversión. En un contexto donde las ideologías y las polillas se comen las viejas institucionales por igual, Juan es el megáfono que declara que alguna moralidad todavía importa, y que preguntarse sobre el pecado no es ultra derecho, es racionalidad humana.
Ahora, con San Pedro, gran parte de su fuerza y razón de ser se centra en la idea de la autoridad. Sí, una palabra que puede sonar abrumadora para algunos, pero que fue clave en la formación de una moral universitaria seria. Pedro era decidido y leal, y éstas no son palabras al azar. Representa todo aquello que proporciona unidad a comunidades que parecieran escapar hacia la disolución, y es la figura sobre la cual reposan ideas eternas como el liderazgo y la responsabilidad. Pedro no es solo un personaje; es una lección de vida fundamental.
Finalmente, San Jorge emerge del lienzo como un héroe reforzado. El nacido de linaje noble es conocido por enfrentar literalmente a un dragón, algo que equivaldría a enfrentarse a las bestias modernas que coquetean con la relatividad moral. El paso de San Jorge por este mundo deja claro que los hombres todavía pueden luchar por valores más importantes que su cuenta bancaria. Y si los dragones son hoy en día las malas ideologías, entonces los más obstinados somos todos combatientes.
No es coincidencia que haya pintado Koutouzis esta combinación de santos. No es un capricho del destino que los haya reunido en la misma pieza. Su cuadro revaloriza un sentido de identidad y pertenencia a una tradición que no se pierde como el polvo de un museo, sino que se manifiesta en nuestra propia carne y sangre. Sí, la obra me hace soñar despierto sobre una época en que las convicciones no eran tomadas a la ligera, y donde los debates eran menos sobre censura y más sobre ideales reales.
Así que vamos a predisponernos a levantar unos escudos tan brillantes como los de San Jorge, a pronunciarnos con la voz clara de Juan el Bautista, a soportar siempre con la autoridad sabia de Pedro y a vivir con la paz interior de Espiridión. En un mundo que a menudo parece perderse en apariencias, queda esta pintura como testamento de que algunos valores simplemente perduran.
Te invito a que cuando escuches hablar de San Espiridión, Juan el Bautista, San Pedro y San Jorge, pienses en esa fuerza y devoción que no se desvanece. Esta es una obra que merece tus pensamientos más profundos, tu más honesta contemplación. En un mundo que te incita a olvidar tus raíces, volvamos nuestros ojos a estos santos que Koutouzis, con mano divina, ha dotado de eternidad.