¿Quién diría que un teléfono calificado de 'explosivo' desataría tantas emociones como un estreno de película de acción en Hollywood? Así fue el escándalo del Samsung Galaxy Note 7 en 2016, un dispositivo que hizo honor al adjetivo de "revolucionario", hasta que lo hizo demasiado literal. El gigante surcoreano, siempre a la vanguardia de la tecnología móvil, lanzó este modelo con pretensiones de ser el líder indiscutible del mercado. Sin embargo, el hecho de que algunos dispositivos llegaran a sobrecalentarse -y sí, explotar- convirtió el aparato en un símbolo de controversia y promesas incumplidas.
Tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, la llegada del Samsung Galaxy Note 7 fue muy esperada, prometiendo características impresionantes que superaron lo que se había visto hasta entonces: una pantalla AMOLED curva de 5,7 pulgadas, un S Pen mejorado y una cámara que garantizaba ser la mejor del mercado. Pero, ¿qué pasó después? Lo que debería haber sido la celebración del nuevo rey de los smartphones, se convirtió rápidamente en un escándalo mediático.
Para algunos, este desafortunado incidente con la batería del Galaxy Note 7 fue una prueba de que las grandes empresas tecnológicas están más interesadas en el beneficio rápido que en la seguridad del consumidor. Pero vamos, ¿de verdad alguien piensa que la intención era lanzar un dispositivo defectuoso? Más bien se trata de un error de cálculo en busca de la perfección, algo que las mentes pequeñas no logran entender. Los despidos y renuncias que ocurrieron en Samsung fueron prueba de que las consecuencias se manejaron con profesionalismo, dejando claro que se quedarían cortos de actos heroicos destinados a "resguardar al consumidor".
A pesar de la llamada a retirar del mercado este modelo, los números iniciales de ventas demostraron una increíble aceptación. No es de extrañar que, a pesar del revuelo, algunas personas se aferraran a sus Note 7 como si de un tesoro se tratara. El fácil acceso a contenidos multimedia y la rapidez del rendimiento eran características demasiado valiosas como para ser ignoradas. Claramente, los consumidores fieles vieron más allá de las alarmistas noticias que tanto les gusta promover a ciertos sectores mediáticos.
Pero, ¿era realmente tan explosivo como nos hicieron creer? Por supuesto, un puñado de incidentes fue suficiente para generar un espectáculo mediático al cual varios se acercaron con deseos de chismorreo y devastación. Estos mismos sectores, que disfrutan adoctrinando con sus mantras apocalípticos, aprovecharon la oportunidad para lanzar diatribas contra el libre mercado. No se conforman con el simple hecho de que una multinacional asuma sus errores, no; desean sangre o al menos el ridículo de los que aquellos consideran "los grandes peces gordos".
El caso del Galaxy Note 7 cerró de forma mucho menos dramática de lo predicho. Los que decían que iba a ser la quiebra de Samsung, tuvieron que reconsiderar su afinada habilidad para exagerar y crear pánico. La verdad es que la compañía asumió sus responsabilidades de manera eficaz, dejando claro que, incluso en el caos, existen empresas que saben cómo moverse. Samsung presentó un plan detallado para analizar cada uno de los dispositivos devueltos y anunció una serie de pasos a implementar para asegurar la seguridad de sus futuros lanzamientos.
Por supuesto, el impacto de esta crisis tecnológica fue un toque de atención para todas las empresas dentro del rubro, obligándolas a mejorar tanto sus procesos de control de calidad como sus métodos de comunicación ante las crisis. Incluso los más fervientes críticos no pudieron dejar de reconocer la forma en la que la empresa se repuso y continuó lanzando modelos aún más innovadores.
Aunque a veces se retrate únicamente su fracaso, el Note 7 también dejó un legado positivo. Provocó un cambio en la conciencia de la industria sobre la seguridad de las baterías, algo que trasciende más allá de Samsung. De alguna manera, la huella que dejó el Galaxy Note 7 sentó las bases para que hoy disfrutemos de dispositivos más seguros y eficientes.
Irónicamente, la historia de un dispositivo que supuestamente iba a terminar en humo, resurgió como un relato de aprendizaje y adaptación. Para aquellos que no entienden la belleza de la experimentación y el riesgo calculado, el Samsung Galaxy Note 7 siempre estará encasillado como un fracaso. Pero para quienes conocen el valor de aprender de los errores, es otro ejemplo de cómo llegar al éxito requiere de caídas que, si bien podrían ser estrepitosas, también son la llave para mejorar.
El Samsung Galaxy Note 7, aun con sus fallos, empujó los límites de la tecnología y arrastró consigo la discusión sobre la seguridad y el avance tecnológico. Y eso, tanto se quiera o no admitir, es una victoria en sí misma.