¡Alerta de provocación! Hay una película australiana de 2009 llamada "Robado" que lleva al límite la paciencia de cualquier persona racional. Esta cinta, dirigida por Violeta Ayala y Dan Fallshaw, examina la vida de los refugiados saharauis en los campos de Tinduf, Argelia. Desde luego, no es una sorpresa que haya estado capturando la atención de aquellos que siempre parecen estar al borde de un complejo de mártires. La trama gira en torno a temas de esclavitud moderna y retos humanitarios, lo que naturalmente la convierte en una oda para aquellos cuya agenda principal es quejarse perpetuamente de los 'males del mundo'.
La trama de "Robado" nos adentra en un ambiente donde las identidades y los derechos humanos están en juego, pero pregúntense si alguien realmente estaba pidiendo otro recordatorio más de lo terrible que es todo en un mundo donde tanta gente vive del aplauso fácil. En lo más profundo, lo que "Robado" ofrece es una narrativa sobre un grupo marginado y explotado en un orden mundial ignorante. Pero claro, claramente la sociedad no puede esperar enfrentarse a sus fantasmas sin una regulación política de línea dura.
Dicho eso, "Robado" ha hecho un buen trabajo recolectando premios en festivales de cine. Será el caso de que haya impactado a los jurados, pero uno debe preguntarse si eso fue debido a una narrativa irresistible o a una presión colectiva para aplaudir el enfoque valiente de tocar la 'bomba de relojería social'. Directores como Ayala y Fallshaw, espectacularmente de tendencia liberal, nos colorean el mundo de blanco y negro. Y ojo, los grises parecen estar extintos.
Veamos el impacto, el drama y las respuestas que "Robado" ha desatado desde su estreno. Claro está, un debate debe encontrarse en cierto terreno objetivo, pero aquí es difícil desenredar la moralina de los hechos. Lejos de la narrativa justa y objetiva que podríamos desear, "Robado" se alinea para agitar las sensibilidades emocionales con un estallido intencionalmente acentuado. ¿Cuántas veces más necesitaremos escuchar cómo las 'estructuras desiguales' y ‘una falta de atención global’ son los viles villanos de nuestra era?
Algunos podrán argumentar que películas como "Robado" son necesarias para 'concienciar' a las masas y así el mundo puede aspirar a ser un lugar mejor. ¿Aspirar a qué exactamente? Desde mi punto de vista, parece más una jugada política para ganar simpatías sin ofrecer tácticas reales para el cambio. Y no, no estoy sugiriendo que cerremos los ojos ante las injusticias, pero permitir que toda una narrativa sea secuestrada por una visión única de pesimismo social, tampoco es la respuesta.
"Robado" se proyecta en locaciones áridas y en condiciones inhóspitas, que para algunos definirán parte del carácter agresivo de países como Argelia. Para los más sensibles, esto puede parecer el horror en technicolor y es probable que salgan del cine con el corazón arrugado. Los más críticos, sin embargo, podrían sentirse traicioneros con el aroma de querer un cambio forzado desde la plataforma de una agenda impulsada, en lugar de una narrativa auténtica creada desde la neutralidad.
Hay más en "Robado" que un simple documental oscuro y aterrador. Esa es la justificación para celebrar la "transformación social", pero cuando la transformación entra desde el reflejo de quienes desean verlo solo de una manera, se trata menos de transformación y más de autocomplacencia. Una vez más, la línea divide entre la realidad y lo emocional sigue sin encontrarse.
Para aquellos que disfrutan de las narrativas con un aire de expectativa trágica, "Robado" puede ser una experiencia imperdible. Permítanme preguntar, ¿esta necesidad infinita de ver y mostrar las sombras del mundo nos hace mejores? Una verdadera obra de arte debería hacernos reflexionar sobre soluciones, no solo en lo que está roto.
No cabe duda de que "Robado" ha establecido un pilar de inquietud, un monumento a la desesperación. La pregunta que queda: ¿qué tan efectiva es esta forma de narrar como herramienta de cambio o simplemente como un retroceso arcaico hacia la parálisis social?
"Robado" es mucho más que una película; es una declaración con la que algunos quieren redefinir los límites de la aceptación. Y en nosotros queda, como siempre, observar este espectáculo mientras buscamos nuestro lugar en el teatro. "Robado" cuestiona a los fuertes mientras carga un estandarte de las tribulaciones humanas. Qué ironía, ¿no?