Resurrección: La Película que Revive el Verdadero Cine

Resurrección: La Película que Revive el Verdadero Cine

"Resurrección" de 1980 nos lleva a un emocionante viaje fílmico donde se cuestiona la delgada línea entre la fe y la realidad, protagonizada por Ellen Burstyn, quien desafía lo sobrenatural en un contexto profundamente estadounidense.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Si jamás escuchaste de "Resurrección", esa es la clase de injusticia que estoy aquí para resolver. La película "Resurrección" de 1980 nos golpea con una historia desenfrenada que incluso los críticos más despistados de Hollywood deberían haber valorado. Dirigida por Daniel Petrie, esta pieza maestra de drama sobrenatural nos sitúa en el centro de la América profunda de los ochenta. Pero, ¿qué se puede esperar de una película que trata sobre milagros divinos? ¡Exacto! Destila cada resquicio de verdad sobre la fe, cuestionando si el verdadero poder reside en un ser muy superior o simplemente, en nuestra mente.

"Resurrección" sigue la vida de Edna, interpretada por Ellen Burstyn, una mujer que descubre que tiene el don de sanar a los demás tras sobrevivir a un accidente automovilístico impactante. No es una película para los amantes del status quo, eso garantizado. La trama retadora y profunda genera un conflicto interno: ¿Estamos ante un milagro genuino o una ilusión de masas? ¿Es ella una santa o simplemente una persona determinada por el destino? La película, rodada en diversas locaciones rurales en los Estados Unidos, explora la delgada línea entre la ciencia y la fe, y lo hace sin adornos innecesarios, alejándose del cine latinoamericano de hoy que parece enredarse en redes de narrativas políticamente correctas.

Es crucial reconocer la habilidad bajo la que Ellen Burstyn asume su papel en "Resurrección". Entrega de manera precisa una representación que nos invita a reflexionar sobre nuestra moralidad y valores. Ahora, quizás estés pensando "¿cómo es que una película de hace más de cuarenta años todavía resuena hoy en día?" Créanme, cuando un cineasta habla con la voz de la universalidad, la época se vuelve irrelevante. Resurrección, con todos sus vértices controvertidos, sirve como recordatorio de que el arte no puede medirse simplemente por la rápida aceptación en taquillas ni por cifras de audiencia dominadas por gustos globalistas.

En un clima donde lo sobrenatural suele eliminarse de las narrativas principales, parece osado que una película de los años 80 gravite en torno a la idea del alma inmortal, sobre todo en una temporada del cine donde la cultura de lo efímero y lo material son las que mandan. "Resurrección" nos obliga a mirar más allá de la superficie de lo tangible y nos recuerda que hay algo más significativo que la última tendencia en diseño de producción de una película de moda.

Históricamente, no podemos ignorar el contexto cultural bajo el cual "Resurrección" fue ejecutada. En 1980, la última década del siglo XX, los Estados Unidos estaban sumidos en una lucha continua con los ideales de la Guerra Fría y la inestabilidad económica. Las películas eran un escapismo, pero "Resurrección" brindó un espejo. Todo bajo la creciente popularidad del escepticismo espiritual, llevando a sus audiencias a desafiar sus propios paradigmas religiosos y culturales.

Este título tiene un peculiar y polémico enfoque que, hoy en día, algunos denominan valientemente "retrogrado". Las críticas han oscilado entre los que ven la película como una majestuosa proeza y quienes la descartan porque no sigue la narrativa de mártires modernos. Hay una poderosa razón para ver "Resurrección" ahora más que nunca: permite una reflexión rara en el clima cinematográfico saturado con presupuestos exagerados que, sin embargo, son espiritualmente caseros. Trata sobre una fe provocativa que no pide disculpas, un incidente casi hegemónico en nuestra era de lo políticamente correcto y complace el muro que levantan entre el arte y la realidad. Es esto lo que la diferencia.

La crítica liberal del cine, por otro lado, encontraría esta película un hueso duro de roer desde la primera escena. En una industria donde la tensión yace mucho menos en la habilidad actoral y más en ajustar el círculo al gusto trivial de masas, "Resurrección" es, sin duda, un refrescante oasis radical. La película encarna todavía aquella noción subyacente de que la verdad puede incomodar, un concepto que el cine contemporáneo ha olvidado en gran medida mientras se encuentra ocupado buscando el próximo gran héroe consternado.

Te desafío a explorar "Resurrección" no como una simple pieza de la historia del cine, sino como un acto de desafío contra la monotonía visual que se ha tragado la pasión crítica del cineasta actual. Inclinarse hacia el verdadero arte se trata de aceptación total y "Resurrección" tiene precisamente esa furia necesaria para renovar nuestra fe en lo que el cine debe representar. Y para aquellos que están interesados en cine con sustancia, más allá de lo trivial, no dejes que una página de la historia del cine caiga en el olvido porque no sigue la hoja de ruta de la perfección moderna.