Imagina ser parte de un espectáculo político repleto de tantas promesas vacías que hace que el guion de una telenovela parezca escueto. Bienvenidos a la Resolución 2070 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una historia del 2012 que se cuece en el conflicto mal gestionado entre el gobierno sudanés y el Sur de Sudán en Juba. Aquesto fue una medida desesperada desplegada el 12 de octubre de ese año en Nueva York, con la intención supuestamente honorable, o más bien, desesperada, de abordar la situación en la región de Abyei.
¿Quién no adora un poco de drama geopolítico? Especialmente cuando nuestros tan aclamados pacificadores internacionales intervienen con sus discursos majestuosos. El propósito declarado de la Resolución 2070, no era menos que una misión crítica de establecer un entorno pacífico en Abyei, con su importancia estratégica y sus recursos tentadores. Oh, cuántas veces hemos escuchado esto antes: las grandes potencias haciéndose pasar por salvadores del mundo mientras usan sus agendas diplomáticas como disfraz.
Esta resolución, diseñada supuestamente para proteger a los civiles, no es más que un intento superficial de evitar que una región crítica se convierta en un caos. Con intervención de la Fuerza Provisional de Seguridad de las Naciones Unidas para Abyei (UNISFA), uno se pregunta cuánta "seguridad" realmente se dispensó, pues parece que las hostilidades solo se multiplicaron. Quizás sea porque el mundo está empezando a sospechar que, cuando los políticos gritan "paz", a menudo ocultan más bien sus ansias de control.
Bienvenidos al juego de la diplomacia fallida. Las hermandades internacionales que intentaban demostrar unidad a menudo pierden de vista el objetivo verdadero. Esta resolución no sólo pasó como tantas otras, sino que también se expone a las críticas frecuentes de ser herramientas del soft power utilizado por las potencias occidentales para intervenir convenientemente donde los recursos y la influencia geopolítica prometen beneficios.
Ahora, ¿quién dice que las Naciones Unidas no son divertidas? Sus anexos y párrafos llenos de jerga burocrática aseguran horas y horas de "entretenimiento" para aquellos dedicados a estudiar las maquinaciones del poder en juego. La Resolución 2070 clarifica que la política de la ONU a menudo juega bajo las mismas reglas que la política nacional: mucho ruido, pocas nueces y una buena dosis de control desde detrás del telón.
Oh, ¡y qué sorpresa que esto signifique fortalecer la seguridad alrededor de las áreas ricas en petróleo! Nada impulsa la voluntad de "pacificar" un territorio como un poquito de oro negro escondido bajo las dunas. Claro, el discurso oficial reiteraba la "integridad territorial", un término que parece reservado sólo para aquellos lugares donde los intereses estratégicos curan el oído.
Cabe destacar que el intento de mover los procesos de paz hacia adelante parecía más una cortina de humo que un plan bien delineado. La dualidad de intereses a menudo lleva a estos escenarios donde la "paz" vendida es resistida porque se basa en tan solo la apariencia de estabilidad, en lugar de las necesidades fundamentales del pueblo.
La burocracia de la ONU a menudo se sorprende de que sus políticas no sean aceptadas de buena gana. Pero si la historia nos ha enseñado algo, es que las intervenciones con intenciones ocultas son apenas toleradas por comunidades que buscan autonomía y autogestión verdadera. La fe ciega en las instituciones internacionales se desvanece con cada resolución que promete mucho y logra poco.
Quizás para algunos esta pueda parecer otro intento valiente más que fallido. Sin embargo, otros lo ven como la confirmación de que los mismos actos diplomáticos no sólo dejan una mala impresión, sino que sirven como recordatorios de que nuestros gigantes de la política son a menudo más parte del problema que de la solución.
Mientras la Resolución 2070 quizás se osificó en la memoria colectiva, representa un microcosmos de la diplomacia en el siglo XXI: decisiones aparentemente gigantescas en papel, con apenas un eco superficial en la realidad política del terreno. Así, este recorte de 2012 es la representación perfecta de promesas vestidas de política internacional, un recordatorio de que el verdadero poder no siempre reside en las palabras votadas unánimemente en una urna de vidrio en Nueva York.