En una curiosa danza política que bien podría formar parte de un episodio de 'House of Cards', las relaciones entre Palestina y Venezuela han estado arrastrando cámaras y micrófonos desde hace más de una década. Desde que Hugo Chávez y la Autoridad Nacional Palestina comenzaron a formalizar lazos allá por 2009, estos dos actores han encontrado en la retórica antiimperialista y el amor por la polarización internacional mucho en común. Pero, ¿qué ha llevado a estos dos gobiernos a ser tan cercanos, y cómo es que una nación latinoamericana está involucrada en asuntos de Oriente Medio? Aquí te contamos los 10 motivos detrás de esta relación que algunos consideran peligrosa, otros fascinante.
Ideales compartidos en contra de un villano común. Ambos gobiernos han hecho de su política exterior un manifiesto en contra de lo que consideran 'opresión occidental'. Para Chávez, y ahora para su sucesor Maduro, Israel representa todo lo que está equivocado con el mundo capitalista opresor que tanto desprecia. Hamas, al frente de Palestina, ve a Venezuela como un aliado estratégico en su lucha por el reconocimiento y la independencia. No es de extrañar que los discursos de ambos bandos estén plagados de menciones a una lucha histórica contra la tiranía extranjera.
Reconocimiento político estratégico. En 2009, Venezuela fue uno de los primeros países latinoamericanos en reconocer oficialmente al Estado Palestino, un movimiento que desató pasiones y tensiones similares en la región y en el mundo. Este reconocimiento es un punto clave en sus relaciones, ya que otorga a Palestina un estatus diplomático digno de figurar en el tablero internacional de manera más formidable.
Intercambios culturales y educativos. Podría causar sorpresa, o incluso escepticismo, pero estos dos países han fomentado un intercambio cultural y educativo notable. Venezuela ha proporcionado becas a estudiantes palestinos para estudiar en su país, lo cual es un movimiento que no solo sirve para formar nuevos líderes, sino para fortalecer los lazos amistosos a través de las generaciones. Algo tan irreverente como una amistad entre ‘hermanas’ que aprenden a bailar juntas.
Unión en la ONU. Palestina ha encontrado en Venezuela un incondicional aliado en las Naciones Unidas. Ya desde el Consejo de Seguridad, con Chávez, y ahora con Maduro, Venezuela ha mantenido una defensa sólida de los intereses palestinos. Mientras otros países titubean ante las represalias económicas, Caracas sigue su camino.
Intereses económicos ocultos. Aunque el petróleo venezolano ha estado en crisis por años, existen indicios de que ciertos recursos petroleros y minerales han sido discutidos entre ambos gobiernos. Claro, nada se confirma oficialmente, pero las reuniones clandestinas y contratos invisibles bien podrían ser una razón más tras estos lazos 'hermanos'.
Política exterior extravagante. Si algo define a Venezuela bajo las administraciones chavistas es la teatralidad en la política exterior. Al utilizar Palestina como bandera en su causa antiamericana, Venezuela no solo consolida su narrativa doméstica, sino que también se proyecta como defensora de causas que le aseguran protagonismo en el escenario internacional.
La influencia de Irán como mediador. Detrás de toda buena relación entre dos naciones, puede que exista un 'cupidito' que une a los protagonistas. En este caso, Irán bien podría ser el facilitador entre Venezuela y Palestina, dada la fuerte conexión que ambos tienen con Teherán. Y no nos debería sorprender si detrás de cuerdas haya intereses alineados más allá de las relaciones públicas.
El congreso palestino en Caracas. Un hecho poco mencionado es que Palestina ha contado con sede de su Congreso en Venezuela. Solo este movimiento ya marca un hito sobre cuán profundas y complejas son estas relaciones, sirviendo como puente no solo diplomático, sino también logístico.
Uso político doméstico. Ambos regímenes han utilizado esta amistad a modo de herramienta política dentro de sus fronteras. Hacer de Israel el enemigo común hace que las rencillas internas palidezcan ante lo que presentan como la ‘amenaza sionista’ a escala global. Causa ajena, pero euforia interna.
Boicot a Israel y el impacto simbólico. Finalmente, las relaciones han consolidado también un boicot contra productos israelíes, sirviendo como acto simbólico para unificar fuerzas en torno a una causa polarizadora. Mientras algunos podrían decir que ello no representa un gran cambio, para ambos gobiernos es como la cereza en el pastel de propaganda.
¿Es entonces esta relación un modelo a seguir o una receta para mayores conflictos? Lo cierto es que cada declaración conjunta entre Venezuela y Palestina tiene el potencial de sacar llamas de quienes creen que el camino hacia la paz y prosperidad debe seguir otra trayectoria.