Las relaciones entre Chad y Francia son como una novela con altibajos dignos de un culebrón. Francia ha estado metida en los asuntos de Chad por décadas, desde la época colonial hasta nuestras actuales intrigas diplomáticas. ¿Por qué está Francia tan interesada en un país sin salida al mar en África Central? Bueno, seamos claros: no se trata de turismo ni de amor fraternal, sino de interés estratégico y económico. Exploraremos diez maneras en las que esta relación ha estado marcada por intervenciones, intereses y una pizca de desdén por los valores democráticos que tanto promueven en casa.
Primero, Francia ha sido el árbitro supremo en las políticas internas de Chad desde 1960, el mismo año en que Chad obtuvo su independencia. Más que un padrino, ha sido el titiritero. Es evidente que no siempre lo hacen por amor a la democracia. Francia ha apoyado a gobiernos autoritarios y líderes influyentes cuando le ha convenido. Si a alguien le queda alguna duda, habría que ver las operaciones militares donde el ejército francés intervino para estabilizar el régimen local sin ir más lejos.
Segundo, Francia ha dado prioridad a mantener sus intereses en los recursos naturales chadianos, especialmente el petróleo. A menudo, el oro negro lleva a las potencias a mirar a otro lado cuando se trata de violaciones de derechos humanos. La extracción de petróleo se hizo más evidente cuando se construyeron oleoductos masivos para llevar el crudo chadiano a los mercados internacionales, todos, convenientemente, bajo la supervisión de compañías francesas.
Tercero, la presencia militar francesa en Chad no es casualidad. La Operación Barkhane, que se extendía por el Sahel, tuvo una presencia bien establecida en territorio chadiano. Su excusa oficial es la lucha contra el terrorismo, pero también puede ser vista como un pretexto para asegurarse de que su influencia no mengüe.
Cuarto, Francia no duda en ejercer su dominación cultural a través del lenguaje. Desde las aulas hasta las instituciones gubernamentales, el francés continúa siendo el idioma preferido. Esta impronta lingüística no solo es cultural, sino también política, manteniendo a Chad atado a la orbita francófona.
Quinto, los intercambios económicos entre estos dos países han sido escandalosos en varias ocasiones. Francia ha sido históricamente uno de los principales socios comerciales de Chad, pero siempre en una relación desequilibrada donde Chad suministra materias primas baratas y Francia exporta productos manufacturados a precios exorbitantes.
Sexto, las aves de renta internacional cantan a favor de Francia. Durante años, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han otorgado préstamos a Chad con el beneplácito francés. La deuda eterna mantiene al país en una situación de dependencia económica que Francia no desearía cambiar.
Séptimo, el apoyo militar en conflictos internos ha sido otro ejemplo de cómo Francia elige sus aliados. En 2008, cuando la rebelión alcanzó la capital, el ejército francés actuó para proteger al entonces presidente Idriss Déby, asegurando la continuidad de un liderazgo que respeta sus intereses.
Octavo, la cooperación en el sector de la educación es una de las principales herramientas de influencia de Francia. Los chadianos que desean alcanzar la élite intelectual no tienen muchas alternativas más allá de estudiar en instituciones educativas francesas, manteniendo así la élite local bajo un halo de influencia extranjera.
Noveno, las ONGs y asociaciones financiadas por Francia han jugado un rol crucial en mantener el status quo político y social. Con el pretexto de ayuda humanitaria y desarrollo social, estas organizaciones muchas veces actúan como extensiones de la diplomacia francesa.
Décimo, el apoyo al gobierno chadiano se ha traducido en una falta de presión significativa para implementar reformas democráticas. Cuando muchos países abogan por la democracia y los derechos humanos, la actuación de Francia en Chad sugiere prioritización de sus propios intereses.
Es claro que las relaciones entre Chad y Francia son todo menos un cuento de hadas. Lo que algunos podrían tachar de simbiosis, es más una relación donde uno siempre sale ganando. Para aquellos que soñaban con otra cosa, las realidades geopolíticas y económicas aclaran rápidamente el panorama. La política internacional exige un realismo que los liberales rara vez entienden, especialmente cuando se trata de intereses nacionales en un mundo competitivo.