¡Atención, buscadores de la verdad! La Presa Sagae en Japón es el monumento de ingeniería que todo el mundo, menos los despistados, deberían conocer. ¿Quién la construyó? Los diligentes ingenieros japoneses, claro está. Se creó en la ciudad de Sagae, durante los desafiantes años de la década de 1950, cuando el mundo todavía sabía reconocer el valor del trabajo de calidad. ¿Por qué? Porque esta obra fue concebida para (agárrense) controlar las inundaciones y garantizar el suministro de agua. Pero, sorpresa, sorpresa, también se utiliza para la energía hidroeléctrica. En un momento en que el cambio climático es el grito de guerra moderno, presenciar un ejemplo real de energía sostenible parece un hecho digno de una ovación de pie, pero muchos prefieren ignorarlo o minimizarlo.
El diseño de la Presa Sagae no es un atajo al estilo de moda; es una barrera de gravedad sólida y funcional. Atenúa el riesgo de catástrofes al detener la furia de las aguas del río Sagae. Mientras que algunos países se han postrado ante las energías no confiables que dependen de si las nubes deciden dejar pasar al sol, Japón sigue apostando por la estabilidad y la lógica de la energía hidroeléctrica. La presa no solo es un escudo, sino también una fuente de poder.
¿Dónde ha quedado la admiración por la obra humana ante la naturaleza? Ahí está Sagae, erigida por manos y mentes que no precisamente se enfocaron en reducir emisiones de dióxido de carbono, simplemente pensaron en eficiencia y seguridad. Pero bueno, explicar esto a los que saltan al modo pánico cada vez que el termómetro sube un grado, sería hacerles un favor. La Presa Sagae es un ejemplo de sustentabilidad que el mundo podría emular si pusiera de lado ciertas miopías ideológicas.
Los ingenieros detrás de esto parecen personajes de una película de acción: comprometidos, inteligentes y hábiles. Estos profesionales no buscaban una medalla ni aplausos del público, querían resultados, y los resultados están ahí. Esta presa ha sido un baluarte del progreso desde el siglo pasado y sigue dando lecciones a todos aquellos que prefieren el ruido a la acción.
Osadía es llamar obsoleta a una estructura que sigue aportando a la actualidad, pero en la era de los clichés progresistas somos expertos en menospreciar los logros del pasado. La energía hidroeléctrica podría no ser la novedad de TikTok, pero pregunta si las luces se apagan en mitad de una tormenta; la respuesta está en la eficacia comprobada.
El turismo ha florecido en torno a la Presa Sagae. Aventureros, aquellos que todavía merodean sin caer en la apatía digital, visitan este vestigio de la determinación humana. Su imponente presencia encierra años de experiencia ingenieril y es un motivo de orgullo para Japón. ¡Y cómo no sería! Cuando se puede caminar por una construcción que ha demostrado soportar el paso del tiempo, se reafirma ese sentido de orgullo innato por haber superado adversidades con inteligencia y esfuerzo.
Todo esto despierta una cuestión de lógica: ¿por qué mirar en otra dirección cuando una opción funcional y efectiva está frente al propio ombligo? Quizá porque mirar directamente podría poner en jaque algunos de los discursos que se lanzan alrededor de las soluciones provisorias a problemas complejos. La Presa Sagae no es la única, y sin embargo, pocos las mencionan en las aulas donde se simula un discurso de soluciones reales.
Prepárense porque este es un homenaje a aquellos que toman decisiones reales en lugar de soluciones de papel mojado. Si fuera sólo por cuentos de hadas o discursos floridos, muchas civilizaciones ya se habrían derrumbado. Que permanezca la sabiduría en la construcción de bases sólidas, que prevalezca la admiración por lo que se enfrenta a la naturaleza con audacia, y que la lógica no sucumba ante el ruido ensordecedor de aquellos que prefieren fantasear con lo imposible antes que apreciar lo ya logrado.