¡Todo es Política en los Premios de Cine!

¡Todo es Política en los Premios de Cine!

¡Alerta roja, cinéfilos! Los Premios de Cine han dejado de premiar el talento y ahora son una pasarela de espectáculo político.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¡Alerta roja, cinéfilos! Antes, los Premios de Cine, esos galardones que recompensaban al talento cinematográfico, eran el lugar donde los actores se desvivían por obtener una estatuilla. Pero nos hemos desviado. Hoy, esas ceremonias son una pasarela del espectáculo político más que artístico. ¿Qué pasó con el simple disfrute del cine, y quién decidió que el mensaje político debía tomar protagonismo en un evento honrado por sus logros fílmicos?

En el corazón de lugares como Hollywood, cada año hacia febrero o marzo, se corona lo mejor del cine en los Premios Oscar, Cannes o el Goya, entre otros. Originalmente, el objetivo era claro: captar la magia del cine, ese que nos hace olvidar por unas horas la realidad. Sin embargo, ahora es más probable que te encuentres con un discurso político que salte del telón de fondo al centro de atención más que con una ovación al arte en sí. ¿Por qué cada entrega de premios es una plataforma para causas, muchas veces diseñadas sobre una agenda específica?

A menudo, estas ceremonias pretenden premiar calidad, pero es altamente cuestionable si es la verdadera estrella. Si un film es políticamente provocativo y coincide con la voz del "rebaño" de Hollywood, es probable que sea aclamado, independientemente de otros méritos artísticos. ¿Películas de contenido tradicional? ¡Olvídalo! Los votantes parecen tener un nuevo estándar: glorifiquemos lo que está de moda entre ciertos grupos, quienes también manejan los hilos del cine actual.

Es más, hemos visto cómo ciertos filmes hacen gala de incluir diversidad únicamente para encajar en una narrativa, en vez de destacarse por sí mismos como grandes filmes. Así que, si es un largometraje que entra en línea con las corrientes progresistas y paladinas, no sólo tendrá más visibilidad, sino también la grandiosa oportunidad de ganar múltiples premios. ¿Esos premios se otorgan por calidad cinematográfica o por resonar con la ideología correcta? ¡Así que el mérito real pasa a segundo plano!

Los críticos tendrán prontos argumentos para atacar posiciones como estas. Dirán que el cine es una expresión de la cultura contemporánea y debe reflejarlo. Y los Premios de Cine serían el espacio ideal para expresar lo que se cuece en la sociedad. Ahora bien, ¿debe esto convertirse en la misión principal de estas ceremonias? De todas maneras, hablar con sinceridad se considera casi un acto de insurrección porque parece que cuestionar lo "correcto" es hoy más no entrar al juego de las influencias.

Los relatos de años anteriores probablemente no se habrían enfocado en las posturas sociales tanto como ahora. Los grandes del cine ansiaban la importancia de sus películas según el peso de sus historias y no tanto de la agenda que acompañaba su narrativa. La diferencia es evidente. Antes, lo esperado por muchos era una noche de glamour, música y cine en su máximo esplendor. Hoy, podemos contar con la misma cantidad de política que de celuloide.

Ha llegado el momento en el que lo políticamente correcto se convierte en lo que domina cualquier decisión. La bravura para defender esa supuesta igualdad no hace más que ocultar la realidad ante lo que deberían ser celebraciones artísticas puras, sin sesgos ni favoritismos ideológicos. Es cuestión de tiempo antes de que todos los movimientos sociales encuentren un espacio preferencial en la mesa del arte para reclamar por cada película, director o actor que no esté de acuerdo con el relato predominante.

Es curioso que nos extrañe que el cine de corte tradicional difícilmente resuene tanto como otras propuestas "modernamente aceptables" en las entregas de premios. Y seamos honestos: ¿por qué el talento brilla tanto sólo cuando va acompañado de una oración política? Las respuestas pueden estar en cómo ciertas voces dicen controlar la conversación, eligiendo discriminar o guiar la tendencia de moda.

De igual forma, pareciera que hay un desprecio por quienes osan separarse de la narrativa reinante. Se ridiculiza su discurso, tachándolo de intolerante o anticuado, olvidando que lo trivial es pensar que el arte es sólo una cuestión de bandos. Porque el cine es más que dogmas y debería ser apreciado desde la óptica de la creatividad y no del activismo.

En este maratón de estatuillas hay mucho que debe estudiarse, pero lo que ha quedado claro es que el cine actual parece estar menos interesado en mantener su esencia y más en moldearla según va marcando la ruta hacia lo que ciertos grupos persiguen alcanzar: conformar arte alineado a un dogma al que otros simplemente desean plegarse, aunque no lo compartan realmente. El cine, al igual que cualquier expresión humana, debe ser entendido en su complejidad, pero nunca forzado a donar sus páginas sólo a las historias que coloren bien dentro del marco de lo correcto según los "dueños" del entretenimiento.