Pollo (película de 2015): La obra que hace a los progresistas retorcerse

Pollo (película de 2015): La obra que hace a los progresistas retorcerse

La película española *Pollo (2015)* es una mezcla atrevida y sabrosa de competencia culinaria e identidad cultural que deja a los progresistas retorciéndose incómodos en sus asientos. Esta obra audaz es un tributo a la diversidad genuina en un mundo ansioso por diluirla.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Qué obtienes cuando mezclas una trama aparentemente inofensiva sobre una simple competencia de cocina y un subtexto audaz que desafía todo lo políticamente correcto? Obtenemos Pollo (2015), una película española que, desde su estreno, ha sabido cómo encender pasiones y disparar discusiones. Esta cinta, dirigida por Carles Torras, se lanzó con un enfoque directo en una historia ambientada en el corazón de España, durante la esperada competencia culinaria en la Feria de Sant Joan, en Menorca. No solo nos ofrece un giro dramático donde la gastronomía se encuentra con la política, sino que también destaca por su capacidad para incomodar a quienes insisten en una narrativa mundial única y aburrida.

La película sigue a Pol, interpretado por un magistral Luis de la Rosa, un chef talentoso pero temerario que busca dejar su marca en el mundo culinario ganando un concurso famoso. Y no estamos hablando de un simple duelo de cocina; aquí está en juego algo más grande. La competencia no es solo sobre comida, sino también sobre tradición, identidad y, lo más importante, autenticidad. Elementos que algunos podrían considerar "provocativos" en el mundo de lo superprogre, donde el hecho de defender tus raíces se convierte de repente en un pecado capital.

Por supuesto, Pollo no se limita a hablar de pollo y especias. Esta película es un ejemplo impecable de cómo desafiar las hordas culturales y políticas con una historia que puede parecer simple a primera vista, pero que esconde un subtexto lleno de significados. ¿Por qué preocuparse por una receta? Porque detrás de cada ingrediente hay una historia, una tradición y un linaje cultural que ciertos círculos simplemente prefieren ignorar para allanar el camino de una cultura homogénea.

A través de sus personajes, Torras nos muestra cómo los valores locales son imprescindibles y que, aunque las modas puedan ser tentadoras, es vital recordar de dónde venimos. Pol, con su personalidad fuerte y su indiferencia hacia las tendencias, representa a todos aquellos que no quieren ceder a lo uniformemente correcto. Algo que, para quienes prefieren la corrección política a la honestidad cultural, podría resultar en un revuelo estomacal.

Cada escena familiar, cada momento de tensión entre Pol y sus competidores, destila una verdad simple: la homogeneización cultural solo sirve para perder la riqueza de lo autóctono. No es una simple película de cocina, sino una carta de amor a lo genuino, una que va directamente a contracorriente de la corriente predecible de Hollywood y su constante necesidad de quedar bien con todos, diluyendo la esencia con objetos brillantes pero vacíos.

Finalmente, lo que hace a Pollo realmente indispensable es su atrevimiento a confrontar estas corrientes sin miedo al backlash. En un mundo donde estamos demasiado preocupados por lo que puede ofenderse la próxima comunidad, la película no se disculpa por mostrar, en toda su gloria, lo que significa competir no solo por un trofeo, sino por la validación de una forma de vida. Si algo nos enseña Pol, es que hay más en la vida que seguir la multitud.

Para quienes ven el arte como una plataforma para revivir la diversidad real y para aquellos que luchan por preservar lo que realmente importa, Pollo es una revelación necesaria. En la era de lo políticamente correcto, donde lo único constante es el miedo a ofender, es un refrescante recordatorio de que todavía se pueden contar historias en su forma más pura y auténtica. Todo ello envuelto en la fragancia irresistible de un buen plato que sabe tan bien a la vista como a la mente.