Polikarp Mdivani no habría encajado bien en una cena progresista de nuestros tiempos y, probablemente, tampoco quisiera hacerlo. Este audaz personaje soviético, nacido en 1877 en Tiflis, actual Tiflis en Georgia, fue una figura emblemática del comunismo georgiano que vivió en un periodo convulsionado, escalando hasta puestos de poder que muchos políticamente correctos hoy en día jamás podrían soñar. ¿Qué hizo Mdivani? Se involucró en la política soviética justo después de la Revolución de Octubre de 1917, convirtiéndose en un miembro activo del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.
A diferencia de muchas historias liberales que buscan un cambio rosado, Mdivani navegó mares fieramente políticos en una época en que ser consejero de Lenin y Stalin era un oficio a vida o muerte. En 1922, se convirtió en el Secretario del Partido Comunista de la República Socialista Soviética de Georgia. Trabajó bajo un régimen que promovía la expansión del modelo soviético, con logros económicos para el estado que hoy con frecuencia son convertidos en cuentos de hadas de terror por quienes prefieren olvidar la historia. Esto fue en las entrañas mismas del naciente régimen comunista, un lugar donde la palabrería progresista que tanto se escucha hoy hubiera parecido solo una idea soñadora.
No se puede analizar a Mdivani sin hablar de su relación con los otros líderes comunistas de la época. Fue un aliado del famoso principal comisario de la Cheka, Feliks Dzerzhinsky, y sí, esto implicó una colaboración en las labores represivas que le ganaron el título generalizado de "titiritero" de la Georgia soviética. Su labor no se enfocó en abrazar a los enemigos sino en eliminarlos, una postura que muy sabiamente se ve con escepticismo hoy, pero que, de cierta manera, logró cimentar el poder soviético en la región. ¿Acaso alguna vez se ponen rojas las reuniones colegiales progresistas al recordar este tipo de estrategias?
Quizás la parte más interestante de Polikarp Mdivani es su caída. Su hermano, Budu Mdivani, cayó en desgracia por su relación con las políticas más liberales de Trotsky, y este hecho hizo que Polikarp terminara acusado de traición. En 1928, fue arrestado y ejecutado en un vuelo político de inestabilidad interna por orden de Stalin. Su historia nos brinda un recordatorio constante de que las luchas de poder son eternas y no siempre fáciles de pintar con colores de arco iris.
De Georgia a Moscú, los años de Polikarp Mdivani son una lección para aquellos que solo ven al mundo en blanco y negro. Sus políticas, su vida, y su abrupto final nos desafían a mirar más allá de las narrativas simplificadas y a preguntarnos, ¿qué voces estamos apagando hoy bajo el pretexto de la justicia social? El mundo no es simple, y Mdivani nos lo mostró con cada paso temerario que dio, incluso si no por propia elección.
Si bien no muchos desean resucitar las duras políticas del comunismo temprano, tampoco se debe simplificar la historia a una dualidad de bien contra mal, porque claramente, no lo es. La política es un campo de batalla que avanza y retrocede por fuerza, no por coros angelicales. La vida de Polikarp Mdivani marca la travesía de un hombre que entendió que para mover el mundo no se necesita pedir permiso.