Imagina un mundo donde tu agenda política preferida se disfraza de conciencia ecológica para encantar a las masas. Eso es "Planopus", un término que podría desconcertar a algunos, pero que literalmente significa "plan de pulpo". ¿De qué trata? ¿Por qué nos interesa? ¿Quién lo necesita? Pues bien, "Planopus" es la visión hiperplanificadora que nació de la izquierda radical, y parece tener el mismo número de tentáculos que ese famoso molusco marino... con agendas ocultas por doquier. Este fenómeno está empujando a la sociedad hacia una homogeneidad tiránica donde los cimientos de la individualidad se tambalean.
En primer lugar, "Planopus" se esconde detrás del disfraz del progreso. Se nos ofrece como la solución definitiva a problemas que, curiosamente, nacen más del imaginario colectivo que de verdaderas crisis tangibles. Su columna vertebral es la ingeniería social, un término bastante llamativo que podríamos ejemplificar con la intensa obsesión por redes cero-emisiones, políticas de cambio climático y el amor a la intervención estatal, siendo el telón de fondo de esta ópera la siempre fascinante "sostenibilidad".
La magia comienza cuando promovemos acuerdos internacionales escasamente democráticos, rechazando cualquier antagonista como el villano en la trama. A lo largo y ancho de países que una vez valoraban su independencia, "Planopus" seduce a los gobiernos para que adopten buenas intenciones susurradas al oído por tecnócratas que estudian el grosor de las nubes en bucles interminables de datos. Si planeas plantar un árbol en tu jardín, asegúrate de que cumpla con las regulaciones, o podrías enfrentar la furia de estas entidades con más poder que una docena de políticos juntos.
El humor de "Planopus" radica en prometer confort total a futuros ciudadanos del mundo. Sin embargo, a la vuelta de la esquina, un sacrificio de libertades personales está horneándose. Así como llevaban todas las manzanas del mercado a la gran cesta central en los antiguos cuentos de aldeas, sucede lo mismo ahora con nuestras finanzas, transporte y educación. Todos entregados de buena gana para el impersonal pero siempre confiable "bien común".
No podemos ignorar el papel casi mesiánico de las famosas ONG que predican esta panacea de la utopía verde. Sorprendentemente, conglomerados empresariales también han sido hipnotizados por esta melodía. De repente, nos encontramos con campañas que abrazan la responsabilidad social corporativa como si hubiera sido su plan desde el principio. Aunque ahorrar dinero y reputación al mismo tiempo parece más convincente que la bondad altruista pura, no hay duda de que "Planopus" ha sabido vender su propuesta.
Las maquiladoras morales de la agenda "Planopus" están tan bien desarrolladas que incluso podemos ver a jóvenes con esperanzas brillantes cambiar hacia trabajos relacionados a la sostenibilidad por encima de aquellos que estaban tradicionalmente en la cima de las escalas de prestigio y remuneración. Hay algo claramente emocionante en intercambiar el propósito de la vida por un parche verde en la manga.
Ahora, el hecho más seductor de este relato: la humanidad, que supuestamente unirá sus manos para resolverlo todo. Nosotros, las masas que asienten al unísono, estamos dotados de la creencia de que el proceso no fallará, que todos compartimos la misma confianza. Curiosamente, nunca se menciona que el intercambio constante de dinero e información por conciencia universal podría crear una singularidad donde todo el sentido de propósito deja de ser individual.
En este panorama, somos testigos del coqueteo desenfrenado con la especie Homo Novus: uno que abraza inteligencias artificiales sabias, que le hablarán sobre el hermano Oso Polar y cómo han vencido la lucha común. Sedentarios, fuimos reducidos a espectadores de nuestras propias vidas.
Entonces, persevere. Porque al final del día, "Planopus" no sólo busca un mundo unificado y ordenado; busca redibujar los límites de lo que significa ser libre. Y quizás, para ellos, una civilización sin ciudadanos es la pieza final del rompecabezas.