¿Recuerdas el fenómeno del 'planking'? Esa extraña moda que arrasó en internet. Nos referimos a cuando la gente decidió que acostarse rígidamente boca abajo en lugares insólitos era lo más hilarante del mundo. Empezó a hacerse viral alrededor de 2010, y se expandió desde Australia, donde pequeños grupos de jóvenes con tiempo libre demostraron que el aburrimiento es la madre de la invención. Sus razones para esta actividad eran tan vagas y absurdas como cualquier moda del siglo XXI. "Simplemente lo hacemos porque podemos", decían. ¡Qué maravilla de lógica, no? Haz algo absurdo, llámalo arte, y boom, tienes a miles de personas imitándote.
El auge del planking nos enseñó más sobre la psicología detrás del comportamiento joven que cualquier curso de psicología 101. Un ataque directo a lo que solía ser la dignidad humana. Acostados sobre mesas, resbalones de parapetos, medidores de gasolina o techos de autos en movimiento, no había lugar demasiado alto ni peligroso para este acto de “rebelión”. La masa adoradora del trending debía tener sus buenos ratos riéndose de estas ocurrencias en sus smartphones. Quizás tenga un significado más profundo que este humilde servidor no fue capaz de captar.
Obviamente, cuando alguien ve a una figura extendida sobre un poste de luz, la curiosidad llama y uno se pregunta: "¿Por qué, por qué en el mundo haría alguien eso?". La respuesta es simple: porque podían y porque la presión social internetera se olvidó de ser avergonzante. La palabra que estoy buscando es: atención. Este siglo se ha tratado siempre de llamar la atención de la manera más tonta posible y planking no era más que un precursor de lo que vendría después. Ya sabíamos que el aburrimiento generacional podía resultar en ideas absurdas, pero esto... esto fue un hito del desperdicio de tiempo jamás esperado.
El fenómeno, por suerte o infortunadamente, no fue exclusivo de la edad adulta joven confundida, pronto se diversificó. Cuando los padres averiguaron de qué se trataba y que sus hijos no estaban contentos con que ellos se unieran; allí se decidió que el planking era solo una moda pasajera. No obstante, esa gracia quedó como testimonio de las décadas digitales que reinsertaron el término "viral" como tema de conversación popular.
Curiosamente, las redes sociales fueron el mejor y peor aliado. Gracias a ellas se expandió como la pólvora, no solo mostrando ejemplos estrella de creatividad planking, sino llevando consigo una proliferación de estampas y artículos. Los creadores de contenido influyeron con elementos adicionales como estadísticas y comparativas, y a quienes aún no estaban seguros si participar o no, se les tentaba con tener su minuto de fama. Claro, todo generó también su cúmulo de detractores siempre listos para señalar lo ridículo del asunto.
Algunos dirían que esto no fue más que otra forma de perder tiempo, otro producto de las redes, vacío y sin propósito alguno. ¿Y acaso no es exactamente en lo que se han convertido nuestras sociedades tecnológicas modernas, más interesados en compartir con el resto del mundo, actividades tan vacías pero tan imprescindibles para muchos?
Por supuesto, nuestro querido grupo social más progresista vio en ello otro ejemplo de inclusión, creatividad irresponsable y libre expresión donde se permitía romper las "normas sociales" incumpliendo valores más tradicionales. Para ellos, el planking era señal de avance, una prueba de originalidad y no importaba si esa "originalidad" carecía de sentido común. Al final, estamos hablando de un acto que, en el mejor de los casos, provocó miradas perplejas.
Quizás se podría argumentar que el planking fue una pequeña chispa en el vasto universo de modas efímeras de la era digital, algo de lo que pronto nos olvidamos pero que dejó una huella aunque sea microscópica en la historia del entretenimiento humano. La capacidad de convertir el humor en una moda mundial está haciendo que todos nos revaloremos qué es exactamente lo que entendemos por "diversión". Después de todo, ¿no vivimos en un mundo donde aspirar al ridículo parece el nuevo ideal? Ya veremos cual será la próxima moda, pero podemos estar seguros de que será igual de absurda, porque ese es el reflejo actual de la sociedad.
¿Quién iba a pensar que algo tan tonto como acostarse como una tabla en cualquier lugar encontraría el eco masivo que encontró? En definitiva, a pesar de la leve transgresión que supuso en su momento, le debemos algo a esta telenovela del absurdo: nos obligó a conocer qué tan extraño puede llegar a ser nuestro mundo virtual.