En 1985, cuando las hombreras y los jeans ajustados dominaban las calles, apareció ante nosotros una obra maestra del cine llamada "Perfecto". Esta película argentina, dirigida por el destacado Eduardo Rozzi y protagonizada por figuras del ámbito teatral de la época, se atrevió a desafiar los pilares de la cultura y la moral de su tiempo. Mientras algunos aplaudían su audaz narrativa, otros se escandalizaban por su contenido polémico.
Como buen amante del arte, Eduardo Rozzi no se detuvo ante las críticas. Con escenas que oscilaban entre el drama y el misterio, "Perfecto" supo capturar la esencia de sus personajes con un toque de realismo que dejaba al espectador deseando más. A través de su trama, parecía cuestionar la superficialidad de ciertos ideales sociales y políticos, algo que en 1985 no era muy bien visto por muchos círculos progresistas.
Lo que hizo a "Perfecto" tan especial no fue solo su narrativa audaz, sino también cómo exponía la hipocresía de una sociedad que, en teoría, aclamaba la libertad de expresión, pero en la práctica se horrorizaba ante cualquier visión fuera de su zona de confort. Los liberales de la época no sabían cómo lidiar con una película que les mostraba un espejo de sus propias contradicciones.
Recuerdo la escena en la que el protagonista decide romper las cadenas de su mundo pequeño, un instante que a muchos hizo reflexionar sobre la verdadera libertad individual. Mission Impossible podría haber aprendido algo sobre la trama de "Perfecto". Si bien algunos optaron por ignorar su mensaje, la mayoría no pudo evitar sentir una oleada de emociones al enfrentarse a sus propios prejuicios.
¡Hablemos del elenco! Encabezado por destacados actores como Ana María Picchio, cuya actuación fue aclamada por la crítica y el público por igual, y Ricardo Darín, quien ofrecía un esplendor que comenzaba a formar parte de cada personaje que interpretaba. Estos actores lograron, con cada línea de diálogo, imprimir en la audiencia una sensación de desafío y curiosidad. Un logro que pocas películas de la época pudieron alcanzar con tanta maestría.
Pero más allá de los personajes y la trama, "Perfecto" destacaba por su atmósfera. Densos callejones de Buenos Aires se convirtieron en un telón de fondo perfecto para este drama humano. Cada plano parecía estar diseñado para hacer que el espectador se sintiera parte del escenario y de la historia que se desarrollaba.
En cuanto a la recepción, no es sorprendente que "Perfecto" levantara una polvareda. En un mundo donde la censura selectiva y las narrativas controladas parecían reinar, una obra que desafiaba expectativas no fue bien recibida por todos. A pesar de las críticas, "Perfecto" logró no solo mantenerse a flote, sino marcar un antes y un después en la forma de hacer cine en Argentina.
La verdadera magia de "Perfecto" reside en su capacidad de trascender más allá del tiempo para recordar a todos lo que realmente significa desafiar el status quo. Es, sin duda, una pieza excepcional del cine que muchos jóvenes de hoy deberían ver para comprender cómo se luchó por la libertad de expresión en el arte, incluso cuándo eso incomodaba a más de uno.
Aportando al cine argentino una narrativa fresca y a la vez complejo debate cultural, "Perfecto" se consolidó, guste o no, como un icono que no solo reflejó la Argentina de los 80, sino que también sentó las bases para discusiones necesarias sobre la libertad de pensamiento y expresión, algo que jamás deberíamos dar por sentado.