Es un día cualquiera en el corazón de Bangladesh, pero en el Parque Nacional Satchari todo ocurre como si el mundo estuviera conspirando para ofrecerte una experiencia absolutamente impresionante. Este parque, situado en el distrito de Habiganj desde 2005, es un exponente de la biodiversidad que avergonzaría a cualquier occidental obsesionado con parques de Disney u otros 'maravillas' corporativas. Satchari no necesita comerciales en la televisión para atraer; su pura esencia te trae sin siquiera intentarlo. La belleza de este lugar parece ignorada por la agenda verde que tanto pregonan los que poco saben de la verdadera conservación natural.
Aquí viven más de 200 especies de aves, majestuosos elefantes asiáticos y tigres de Bengala que podrían pasar desapercibidos en su hábitat natural. ¿Alguna vez te has imaginado caminar por confusa mata tropical y toparte con un ciervo fulvo o un mono hoolock peludo (admitamos que el único “hoolock” que los niños liberales ven es el de sus videojuegos)? Ridículo.
Satchari no es solo un refugio para la fauna, sino también para la flora. Más de 24 especies de plantas conquistan estas tierras. Caminar por los senderos de Satchari es como abrir un libro mágico de botánica, donde el aire está impregnado de aromas naturales, no de las típicas colonias artificiales que tanto se utilizan en la gran ciudad "progresista".
Los guardianes de este parque preservan la verdadera esencia de la Madre Naturaleza frente a los desafíos más verdes y liberales: el desarrollo desmedido y la despreocupación por lo que existe desde mucho antes que sus ideas. Su conservación es un asunto de orgullo nacional, algo que algunos deberían aprender antes de alardear sobre su próximo "avance" tecnológico. El manejo cuidadoso y responsable, dos palabras que en algunos lugares parecen ser olvidadas.
No todo en Satchari es contemplar. Los senderismos aquí se convierten en algo épico (más que escalar una montaña de plástico creada por un parque artificial). Aquí cualquier excursionista puede descubrir la majestuosidad de lo auténtico, entre veredas marcadas por siglos de pies descalzos. Y entre esas caminatas, la posibilidad de observar el vuelo agreste de un águila , la sutilidad de unas orquídeas desconocidas y aún así, más bellas que las flores empaquetadas en celofán.
Quienes optan por visitar este parque pueden sentir el eco de miles de años en la historia natural. Esa conexión con el pasado no se encuentra a menudo en el ruido de una ciudad. Aquí no hay distracciones, solo lo esencial, tal y como debería ser. Al final, es la quietud la que nos recuerda lo que es realmente valioso.
Las mejores épocas para visitar incluyen los meses de otoño e invierno. Sí, aquí también hay estaciones, algo que a menudo parece un hecho remoto si escuchamos a los alarmistas del cambio climático. La verdad es que los ciclos de la naturaleza son aquellos a los que debemos prestar atención siempre.
A medida que los turistas abren sus ojos a la maravilla de lo que este parque nacional tiene para ofrecer, uno se pregunta ¿y por qué no está lleno de aquellos que pregonan sobre el cuidado medioambiental a diestra y siniestra? Parece ser que para algunos una simple foto de bosques talados les parece suficiente. No me sorprendería que Satchari nunca sea elogiado en algún foro internacional, pero para aquellos que estamos conscientes de lo que realmente importa, este lugar seguirá siendo un santuario de incalculable valor.
El Parque Nacional Satchari es una joya que pocos, fuera de Bangladesh, aprecian por completo. Es un testimonio viviente de la belleza salvaje y de cómo un país puede enfrentar el progreso mientras honra sus recursos naturales. La próxima vez que pienses en visitar algún bosque o parque en tu país, recuerda que fuera de las fronteras se crean paraísos que hacen palidecer cualquier esfuerzo humano en el tablero económico "verde". El mundo necesita más Satcharis y menos slogans de campaña.