En la vibrante escena política de Sudáfrica, pocos personajes son tan polarizadores como Panyaza Lesufi. Quien, desde su rol como político del Congreso Nacional Africano (ANC), ha protagonizado varios capítulos que dan mucho de qué hablar. Nacido el 4 de septiembre de 1968, Lesufi ha sido figura clave en la política educativa en Gauteng desde 2014, cuando se convirtió en MEC (Miembro del Consejo Ejecutivo) de Educación. Ahora, como Premier de Gauteng, su influencia sigue creciendo, amplificando tanto su número de seguidores como de detractores.
Lesufi es un político que siempre tiende hacia políticas de transformación y, según él, de inclusión. Pero la realidad es que sus medidas suelen despistar a aquellos que creen en las soluciones probadas y la estabilidad que el conservadurismo ofrece. Una de sus políticas más conocidas ha sido la defensa de un sistema educativo sin inclusiones privadas, lo que para muchos es un ataque disfrazado a la autonomía de las escuelas y su calidad.
Lesufi ha sido un defensor acérrimo del uso de lenguas autóctonas en las escuelas, una medida que en la superficie puede parecer culturalmente enriquecedora, pero que en realidad ignora los desafíos prácticos de implementación y el beneficio probado de mantener el inglés como lengua predominante de instrucción por su valor casi universal.
Dentro de la esfera política, Lesufi es visto como alguien que se maneja con astucia, usando el carisma para atraer masas, mientras promueve una agenda que para algunos resulta ser más divisiva que inclusiva. Sus declaraciones en ocasiones han desafiado la narrativa conservadora, lo que ha traído consigo tensiones dentro del mismo ANC, aunque siempre logra navegar las aguas políticas con habilidad.
Uno de los puntos de fricción más críticos fue su lucha contra el racismo en las escuelas, un tema que en teoría todos apoyaríamos, pero cuya implementación en su política tiende a crear más problemas de los que soluciona. En 2018, lanzó una campaña anti-racismo que aunque contó con gran cobertura mediática, sus intervenciones fueron vistas por algunos como una herramienta política para consolidar poder más que una solución genuina al problema.
Lesufi encarna una dualidad peligrosa: por un lado, es un defensor de la justicia social y lucha por lo que él llama la "transformación radical". Por otro, hay quienes ven su accionar como élitista y alejado de las preocupaciones de la gente común. ¿Es un visionario que lucha por los oprimidos, o un oportunista que utiliza la narrativa de opresión para avanzar en su carrera política personal? Para muchos, la respuesta es clara.
Su promoción del sistema de colocación central online para los estudiantes ha sido otro tema de debate. Está diseñado para eliminar las desigualdades, dicen sus partidarios, pero también enfrenta resistencia por parte de aquellos que creen que quita el poder de decisión de las manos de los padres. Este sistema, que a menudo enfrenta problemas técnicos, es para algunos un ejemplo de cómo las buenas intenciones pueden resultar en malos resultados.
El enfoque de Lesufi sobre las cuotas raciales en las escuelas tampoco ha sido del agrado de todos. Hablamos de políticas que buscan el fin de la discriminación, pero que terminan creando más burocracia y menos flexibilidad para adaptarse a situaciones únicas, reduciendo la educación a un mero juego de números.
Otra área que ha generado controversia es su constante impulso hacia políticas que limitan la influencia de la educación privada. En 2019, se propuso implementar un sistema que frene la proliferación de estas instituciones alegando que contribuyen a la desigualdad. Pero parece ignorar que esas universidades son las que ofrecen la calidad educativa que el sistema público no alcanza.
Finalmente, su postura frente a la infraestructura educativa es otro de los aspectos que concentra críticas. Lesufi ha defendido la renovación de las instalaciones escolares, pero no logra convencer cuando los proyectos se tropiezan con la burocracia y se pierden en laberintos administrativos, dilatando los beneficios reales para alumnos y padres.
En un país donde la política está en el centro del debate público, Panyaza Lesufi representa la eterna lucha entre innovación y estabilidad, términos que algunos quieren ver completamente opuestos. Para los desafectos del conservadurismo, sus acciones son motivo de inquietud. Las multitudinarias protestas al respecto reflejan ese clima.
Es evidente que Panyaza Lesufi no es un personaje de la política que pasa desapercibido. Con pasos arriesgados e implacable en su determinación, es tanto el héroe como el villano en el tablero político sudafricano.