El Enigma Pākehā que tanto incomoda en Nueva Zelanda

El Enigma Pākehā que tanto incomoda en Nueva Zelanda

¿Quién diría que una simple palabra podría levantar tantas pasiones? Un término aparentemente sencillo, Pākehā se refiere a los no maoríes en Nueva Zelanda, especialmente a los descendientes de europeos.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Quién diría que una simple palabra podría levantar tantas pasiones? Pākehā, un término aparentemente sencillo, se refiere a los no maoríes en Nueva Zelanda, especialmente a los descendientes de europeos. Este grupo ha estado presente desde finales del siglo XVIII, cuando los navegantes europeos comenzaron a llegar a las costas de Nueva Zelanda. ¿Cuándo explotó la discusión sobre Pākehā? Prácticamente desde siempre, con el debate alcanzando nuevos niveles de intensidad en el siglo XXI. ¿Dónde está el epicentro de esta controversia? Pues, nada menos que en los círculos académicos y culturales de las ciudades más progresistas como Wellington y Auckland. ¿Y por qué es tan problemático? Porque el término encarna las tensiones de la Nueva Zelanda colonial, una herida abierta que a algunos les gusta rascar.

  1. El misterio detrás de Pākehā. Mientras que para algunos simplemente describe a un grupo étnico, para otros es un símbolo de la opresión colonial. Detrás de esta palabrita se esconden acusaciones de privilegio blanco e imperialismo; sin embargo, existen aquellos que insisten en insertarse en este término como extranjeros ignorantes, incluso cuando han sido parte fundamental del tejido de Nueva Zelanda desde hace más de dos siglos.

  2. El liberalismo y su obsesión por lo políticamente correcto. Seamos claros, se han gastado ríos de tinta en reinterpretar lo que significa ser Pākehā. La lucha por resaltar las diferencias raciales e étnicas a menudo cae en lo absurdo cuando exige disculpas públicas o una suerte de redención cultural, pero poco se habla de los aportes sustanciales que los Pākehā han dado a la sociedad neozelandesa. Construyeron instituciones, crearon industria y en definitiva, formaron un país que actúa con eficacia en la economía global.

  3. La paradoja de la integración. Vivimos en una época en la que ser parte de la cultura europea occidental puede ser problemático por un supuesto pasado de dominio y poder. La ironía radica en que, mientras ciertos sectores prefieren categóricamente ser diferenciados y apartados del término Pākehā, también anhelan los beneficios de la integración y el desarrollo occidental, desde las universidades hasta la tecnología de punta.

  4. El papel de los medios de comunicación. Los periodistas son expertos en estirar las discusiones sobre términos como Pākehā para llenar sus columnas de opinólogos y charlatanes. Cada opinión, artículo o “estudio” a menudo se enfoca más en demonizar la etiqueta que en reconocer su legítima importancia histórica. Por ende, la percepción pública se ve alterada para inclinarse a favor de una nueva narrativa sobre la opresión, encantadora para algunos pero irrisoria para otros.

  5. La supervivencia del sentido común. A pesar de los ataques a la historia común, ser Pākehā no debería estar repleto de una culpabilidad autoimpuesta. Ningún país es perfecto en sus orígenes, y los neozelandeses deberían poder avanzar con orgullo. Menos guías sobre 'cómo ser un mejor Pākehā' y más acciones para construir puentes verdaderos entre comunidades.

  6. La falsa promesa del multiculturalismo. Las retóricas del multiculturalismo prometen un ideal de perfección social donde las diferencias étnicas son románticamente celebradas. A pesar del canto constante sobre aceptación y respeto, a menudo es todo lo contrario, donde cualquier reconocimiento a la contribución de los Pākehā termina etiquetado como apropiación cultural o minimización de otras culturas.

  7. El temor a ser etiquetado. Hoy en día, muchos de aquellos que podrían identificarse como Pākehā tienen miedo de ser encasillados como opresores. Es una montaña de excesiva auto-consciencia por unas críticas que rara vez traen soluciones constructivas. En un giro irónico, esta inseguridad cultural solo eleva las barreras entre comunidades.

  8. Se necesita un balance, no una castración cultural. Nueva Zelanda posee una historia rica y compleja que merece ser honrada, no repudiada. En lugar de descargar la historia en algunos términos malentendidos, podría ser más fructífero que se valoren los avances logrados sin reducir el linaje Pākehā a una caricatura de la historia colonial.

  9. El llamado a la acción. Basta de tanto ruido. Se necesitan políticas claras que realmente beneficiarán a todas las comunidades, en lugar de discursos indulgentes sobre la corrección política. Las soluciones comerciales y de gobernanza sólidas hablan más que cualquier debate sobre la semántica de Pākehā.

  10. Una oportunidad para todos. Para aquellos interesados en la construcción de una nación más sólida y no en deformar su historia a través de un prisma unilineal, esta discusión puede ser una oportunidad en lugar de una fuente de resentimiento. Nueva Zelanda ha sobrevivido a peores tormentas sociales. Hay una lección aquí que vale la pena aprender, mejorar la vida para todos más allá del término Pākehā.