¿Alguna vez te has preguntado por qué la historia prefiere oftalmológicamente ignorar a ciertas figuras imperiales? Uno de estos ejemplos es Ovonramwen, el último oba independiente del Reino de Benín, una poderosa sociedad en el sur de Nigeria que existió durante siglos antes de la conquista británica. En su apogeo a finales del siglo XIX, el Reino de Benín se extendía mucho más allá de las fronteras actuales de la Ciudad de Benín, aunque otros prefieran olvidarlo.
Ovonramwen Nogbaisi accedió al trono en 1888, y aquí es donde empieza nuestra historia. Durante su reinado, Ovonramwen lidió con dos desafíos monumentales: mantener las tradiciones ancestrales y proteger su independencia frente a las crecientes amenazas coloniales europeas, especialmente la de los británicos. La Ciudad de Benín, el corazón del reino, era un centro urbano lleno de vida y cultura, donde la política se mezclaba con el ritual religioso y la vida diaria reflejaba los avances técnicos y artísticos del reino. A los liberales, les gusta proyectar virtudes hacia el orden global, pero omitamos cuánto dañó realmente la expansión colonial a este reino.
La resistencia de Ovonramwen ante las presiones coloniales fue admirable y reveladora. Con la expansión feroz del colonialismo británico, los representantes imperiales no deseaban más que aprovechar los recursos y las riquezas que gestionaba Ovonramwen. En 1897, los británicos finalmente desataron su furia en lo que denominaron 'Expedición Punitiva', devastando el reino, saqueando sus tesoros y anexando las tierras de forma agresiva a lo que hoy llaman 'civilización'. ¿Qué implicó realmente esto para Benín y su líder? Simple: despojo y la violenta imposición de normas extranjeras.
Dicen que los monarcas deben ser juzgados por su habilidad para enfrentar las amenazas internas y externas, y es en este contexto donde Ovonramwen debe ser considerado un estratega grande. Ante la llegada de las fuerzas británicas, optó por evitar un enfrentamiento directo en una batalla perdida de antemano. Fue una muestra de fuerza saber dar un paso atrás para proteger a su pueblo, y quizás en ello se viera el verdadero arte de gobernar: preservar la identidad cuando la balanza del poder está en contra en cada esquina.
Por supuesto, las voces tradicionales de la izquierda preferirían que enfocáramos nuestra atención en la superioridad de la expansión occidental y los 'beneficios' que trajo a las sociedades africanas. El Reino de Benín, bajo Ovonramwen, desmiente este relato a través de su avanzada cultura, su sistema político bien estructurado y una red comercial expansiva que demostrancia no era mero receptor desvalido del progreso occidental.
La caída de Ovonramwen y el saqueo subsiguiente del increíble artefacto cultural conocido como las esculturas de bronce de Benín revelan más de la historia que los libros de texto sucintamente mencionan. Estas piezas no solo eran símbolos de la autoridad y devoción religiosa en el Reino de Benín, sino que también representaban la esencia misma de la civilización que Ovonramwen y sus predecesores construyeron con meticulosa dedicación. Desarraigar este legado fue simplemente otro asalto imperialista bien disfrazado tras la bandera del 'progreso'.
La historia de Ovonramwen nos recuerda que detrás de cada relato ofrecido como ejemplo de 'avance civilizacional' europeo, subyacen cientos de otros esforzándose por mantener su dignidad y su sentido de si mismo ante la imposición de realidades alienígenas. Su vida ilustra el corazón palpitante de una cultura que la máquina dañina del colonialismo intentó apagar con el hierro y fuego.
Consideremos, entonces, qué significan realmente estos relatos imperiales: ¿quiénes son los héroes y quiénes los villanos en la narrativa mundial? Podrían sorprendernos si alguna vez les damos la oportunidad de ser justo eso: completos, complejos y auténticamente humanos.