En un movimiento más audaz que un cowboy enfrentando una estampida, el 30 de enero de 2017, el entonces presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 13771, que introdujo el principio de "dos por uno" en la regulación estadounidense. Este decreto no se gestó en algún laboratorio de políticas progresistas en Silicon Valley, sino en la Casa Blanca, donde la idea de que el gobierno debería intervenir menos en la vida de los ciudadanos cobró vida. Su objetivo era claro: por cada regulación federal nueva, se eliminarían dos existentes, en un intento de reducir la carga regulatoria que estrangula a la economía y sofoca la innovación.
Ahora, imagina un gobierno federal que, durante décadas, había hinchado sus archivos con reglas tan extensas y complicadas que le tomaría a un abogado toda una vida entenderlas. Esta orden no fue un simple gesto simbólico, fue un golpe en el estómago de la burocracia. Con este movimiento administrativo, Trump intentó sin pedir perdón y sin dar explicaciones que las empresas estadounidenses compitieran de nuevo en igualdad de condiciones a nivel mundial, sin la pesada mochila de una regulación excesiva.
Aquí vamos a excavar profundamente en cada rincón polvoriento de esta medida histórica que a algunos les sacó canas y a otros, una sonrisa.
¿Por qué tanto pánico? Los defensores de esta medida argumentan que las regulaciones federales son como telarañas que inmovilizan a las empresas, especialmente a las pequeñas, y encarecen la creación de empleos. Al exigir que se eliminen dos regulaciones por cada nuevo mandato, se buscó reducir la burocracia innecesaria que roba recursos esenciales a los emprendedores.
¿Economía libre? Un poco de historia: Estados Unidos fue fundado sobre la idea del libre comercio y la competencia justa. La OE 13771 no solo fue un regreso a esos principios, sino que sirvió como un recordatorio de que el gobierno no debería ser un obstáculo para el éxito económico.
El impacto en las pequeñas empresas: Las PYMES, a menudo aplastadas por las mismas reglas que complican la vida a las grandes corporaciones, sintieron un soplo de aire fresco. Con menos papeleo y menos costos asociados al cumplimiento normativo, pudieron reinvertir en sus negocios, generar empleos y fomentar la innovación.
¿Quién dijo que queríamos más burocracia? Si alguna vez te has encontrado rellenando interminables formularios gubernamentales, entenderás el alivio que supone reducir estos procesos. La burocracia no solo es costosa, también consume tiempo. Revertir dos regulaciones por una nueva abrió la puerta a una gestión más eficiente.
Incentivando la innovación: Reducir el número de normas también significó reducir los obstáculos a la innovación. Las empresas pudieron gastar más recursos en investigación y desarrollo, y menos en abogados para navegar por el mar de regulaciones federales.
El espionaje fiscal y las grandes corporaciones: Las grandes empresas, que cuenten con recursos para capear tormentas regulatorias, a menudo se benefician de normas complejas que impiden la entrada a nuevos competidores. Reducir las regulaciones nivela el campo de juego y fortalece las oportunidades para todos.
Transparencia administrativa: Al exigir mayor responsabilidad por cada nueva regulación impuesta, la OE 13771 promovió la transparencia, ya que los defensores de nuevas normas tuvieron que justificar su necesidad ante la eliminación de las propuestas anteriores.
Control de costos: Frenar la proliferación de normativas significa menos costos de cumplimiento para el sector privado. Este ahorro ayuda a las empresas a reinvertir en su propio crecimiento y mejora, en lugar de llenar las arcas del gobierno.
¿Errores y aciertos? Sin duda, no todas las regulaciones eliminadas eran innecesarias. Sin embargo, el foco siempre estuvo en la reducción sistemática del peso regulador y en juzgar cada regla individual por sus méritos.
Un futuro regulador: La OE 13771 sentó un precedente sobre cómo el futuro debería equilibrar la regulación con la libertad económica. Aunque su aplicación terminó, el enfoque hacia un gobierno menos intrusivo resuena con muchos estadounidenses que valoran la libertad individual y el ingenio empresarial.
En resumen, más que un mero ajuste normativo, la Orden Ejecutiva 13771 fue un resurgir del ideal estadounidense de menos gobierno en la vida privada de sus ciudadanos. Un recordatorio de que, a veces, para avanzar, es necesario liberar el camino de trabas inútiles que solo buscan perpetuar una burocracia que se alimenta de la misma gente a la que dice proteger.