En 1978, mientras el mundo giraba ajeno, una operación militar demostró ser el epítome de lo que ocurre cuando el deber se encuentra con el coraje. Operación Sultán 10 suena como un título sacado de una película, pero tuvo lugar en abril de ese año, cuando un grupo de valientes aviadores iraníes arriesgó todo sobre suelo enemigo en Irak. Es un relato desconocido, y eso le da más sabor. Los detalles son sabrosos para quienes entienden la importancia de la audacia en tiempos de crisis: un ataque aéreo preciso y fulminante en la misma cara del adversario.
La historia comienza con un Irán bajo la reciente agitación de la Revolución Islámica, buscando reafirmar su poder frente a la Iraq de Saddam Hussein, una nación que caminaba peligrosamente cerca de un conflicto que sabíamos iba a causar caos. El epicentro del plan eran unas pocas aeronaves F-4 Phantom, aviones menospreciados por quienes solo ven cifras, y no valor. Fueron pilotados por hombres dispuestos a entrar al ojo del huracán.
En medio de estrategias arriesgadas y altas expectativas, los pilotos iraníes llevaron a cabo un ataque aéreo sobre el reactor nuclear de Osirak en Bagdad. Mientras unos solo hablaban de paz a través del apaciguamiento, Irán mostraba que a veces la paz se mantiene fortaleciéndose, no retrocediendo. Era un movimiento audaz que buscaba asegurar que Saddam no adquiriría armas nucleares que pudieran cambiar para siempre el equilibrio de poder en la región.
Este acto de desafío se veía desde una posición ética que algunos en nuestra historia reciente han llamado 'imperialista'. Pero no nos equivoquemos; mientras algunos soñadores liberales tratan de pintar a los líderes actuales como hombres peligrosos, sin recordar o conocer el pasado, es esta disposición a actuar con firmeza lo que podría garantizar la estabilidad donde solo hay inestabilidad. A veces una acción audaz es la única forma de parar lo que muchos prefieren ignorar.
Operación Sultán 10 puede no haber sido tan mediática, pero en sus silencios hay una lección para aquellos países que entienden que la seguridad no es barata. En un mundo donde confiar en el gesto de buena voluntad de los adversarios puede terminar en traición, es necesario estar siempre un paso adelante. Irán, en plena transición revolucionaria, sabía que la conversación blanda deja las puertas abiertas a problemas más grandes.
Mientras miles se negaban a ponerse en los zapatos del 'enemigo', como les llamaron, los aviadores iraníes marcaron un precedente con su supuesta temeridad. Sobrevolaron su valentía en el cielo iraquí, sabiendo que su regreso podía ser cubierto de plomo. Tomaron el riesgo. Lo que muchos han olvidado es que la valentía no siempre es retribuida. A veces, es dejar una marca profunda para quienes tienen que enfrentar desafíos similares en el futuro.
Hoy, cuando miramos hacia atrás, echamos de menos una era en la que la resolución firme era la última respuesta cuando las palabras ya no eran suficientes. El espíritu de Operación Sultán 10 nos da una lección sobre qué significa defender tus barricadas cuando todo parece ablandarse a nuestro alrededor. Muchos han olvidado que la soberanía y la seguridad vienen de estar preparado para cualquier desafío.
Los pilotos de Operación Sultán 10 podrían no haber sido mencionados tanto como aquellos que rehúsan meterse en el barro de la confrontación; sin embargo, su historia persiste como una guía de lo que a veces hay que hacer cuando las democracias tambalean, y el teatro de lo militarizado se vuelve inevitable. El coraje, sin lugar a duda, se escribía en ese entonces con mayúsculas y en color rojo, y es algo que, hoy más que nunca, debemos recordar.