¿Quién pensaría que los crímenes podrían ser tan divertidos? Eso es precisamente lo que 'Ola de Crímenes', la película del director español Gracia Querejeta, plantea con una audaz combinación de humor negro y una crítica mordaz a nuestra sociedad disfuncional. En 2018, esta película irrumpió en los cines españoles, convirtiéndose rápidamente en un tópico de discusión por su representación satírica de cómo nuestros valores se disuelven ante la ambición desmedida. Los sucesos tienen lugar en Bilbao, donde Leyre, una madre sobreprotectora, debe lidiar con el inesperado asesinato cometido por su hijo. La pregunta más importante aquí es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para proteger a nuestra familia?
La trama se centra en Leyre, magistralmente interpretada por Maribel Verdú, quien da vida a una mujer de la alta clase social enfrentando lo impensable. Su propósito inicial es encubrir a su hijo, pero pronto todo se convierte en una hilarante sucesión de eventos desafortunados. Los personajes que rodean a Leyre son un reflejo exagerado de nuestro mundo moderno: un exmarido egoísta, la fría madrastra y la policía incompetente, quienes en conjunto retratan una sociedad que privilegia la apariencia sobre la moralidad.
Lee esto en cualquier medio liberal y verás cómo aplauden el enfoque feminista de una madre que toma las riendas de la situación, mientras ignoran las consecuencias éticas y sociales. No es solo una película sobre crímenes; es una metáfora de cómo nos hemos acostumbrado a manipular la verdad en nuestra sociedad saturada de mentiras dignas de reality shows.
El tono de la película es distinguido por su humor negro, que en momentos hace que el espectador se cuestione si está bien reírse de lo que pasa en pantalla. De hecho, 'Ola de Crímenes' se convierte en un juicio crítico hacia una sociedad que justifica cualquier acción bajo el manto del amor maternal. Sin embargo, lo que realmente despertará las críticas es cómo el guion convierte esos dilemas morales en herramientas para despertar risas, algo que tal vez refuerce el cinismo de algunos en lugar de invitar a una reflexión saludable.
Podemos analizar cómo el guion destaca el abandono de valores tradicionales. Por ejemplo, el deber de decir la verdad y enfrentar las consecuencias es reemplazado por el engaño sistemático para salvar la propia imagen. ¿Es esto lo que queremos inculcar a las futuras generaciones? Este es un punto que cualquier observador atento notará, cuando el instinto de sobrevivencia personal se antepone al respeto hacia la ley y el orden.
Por supuesto, esto revela también una crítica al sistema judicial, representado como ineficaz y falto de sentido frente a la astucia de la gente común. Mientras las instituciones se muestran incompetentes, 'Ola de Crímenes' nos lanza una tajante verdad: la justicia está en manos de quienes saben cómo jugar con las reglas, en lugar de quienes las siguen.
El enfoque feminista podría parecer un punto positivo, pero al desmenuzarlo, es fácil ver que detrás de cada acción de Leyre como madre, existe una justificación de los medios para alcanzar un fin, algo con lo que quienes preferimos valores más tradicionales podemos no estar alineados. Entonces, la valentía del guion radica en no rehuir de pintar a su protagonista como una heroína cuestionable, cuyo amor por su hijo tiene matices peligrosos e imitables por aquellos en busca de roles a seguir.
Finalmente, no es difícil concluir que 'Ola de Crímenes' es más que una simple película de comedia negra; es una representación astuta y provocativa de una sociedad que se aleja más y más de la claridad moral hacia un turbio territorio donde cada uno defiende su trinchera. La visión del director y del guionista Luís Marías nos ofrece entretenimiento, sí, pero también un espejo deformante donde las brechas éticas se expanden. La capacidad de reírnos debe estar siempre acompañada por la introspección sobre lo que está bien o mal.
Quizás el aplauso más grande de 'Ola de Crímenes' provenga de su valentía de tratar el crimen y la moral como un campo de juego influenciado por las bases que nosotros mismos hemos sembrado en nuestra cultura moderna. Aun cuando disfrutes riendo durante su visionado, no es posible ignorar su ligera pero potente invitación a reflexionar sobre nuestra propia hipocresía e indulgencias. Al final, va a quedar claro que incluso en el cine, se aprende a apreciar una historia que no solo entretiene, sino que también mordisquea agradablemente en nuestro complaciente sentido de la realidad.