La enigmática y trepidante película "Ojo por Ojo" de 1935 es la versión en español de una historia envolvente que pone el ojo sobre la justicia y la venganza en un contexto que no tiene nada que envidiarle a las modernas producciones de Hollywood. Este film dirigido por el argentino Benito Perojo y protagonizado por el ilustre actor José Mojica nos sitúa en la Argentina de mediados de los años '30, una época donde la sociedad demandaba justicia sin rodeos. Aquí no se anda con medias tintas, como bien podría querer justificar el lado progresista del arte. La historia es un cara a cara poderoso entre el bien absoluto y el mal descarnado; el pueblo y el infractor.
La trama gira en torno a un hombre hecho y derecho que como todo personaje decente busca el equilibrio en la moralidad. Pero claro, estamos hablando de una Argentina pre-guerra, donde las pasiones y los valores sí importaban. La película logra pintar un lienzo rico y detallado de cultura, límites éticos y solutiones aparentemente simples, que los intelectuales de café podían encontrar fascinantemente provocativas. No cabe duda de que "Ojo por Ojo" tenía un mensaje implícito que clamaba orden a gritos.
Filmada y estrenada durante una etapa convulsa para el mundo, "Ojo por Ojo" va más allá de entretener. Lo que hace es posicionarse contra un liberalismo incipiente que comenzaba a meter sus manos en lugares que no le correspondían; una película así corta de raíz cualquier atisbo de anarquía cultural. Al final, la película no es solo ficción dramática, sino un manifiesto claro de lo que la sociedad espera: justicia sin compromisos y un código moral inquebrantable. Es interesante pensar en cómo el cine de la época supo prever –con una contundencia que a veces asusta– la decadencia moral a la que llevaría cualquier desvío del canon tradicional.
La atmósfera creada por Perojo es precisa y meticulosamente diseñada para recordar al público que es posible sentir temor, rabia y frustración, pero que esas emociones necesitan ser encauzadas hacia un ideal de justicia que permita la paz social. Aquí el carácter del héroe no se limita a la gleba, sino que se alza orgulloso como un faro de decencia y rectitud, conceptos que hoy parecen perdidos en actualizaciones y pantallas táctiles. El protagonista lucha no solo contra el "malo" del guion, sino contra una serie de actitudes y concepciones erróneas inculcadas por las malas influencias, que pensaban que podrían reinar imponiendo una moral difusa y complaciente.
Es curioso cómo "Ojo por Ojo" encapsula los elementos de lo que constituye una auténtica experiencia cinematográfica inmersiva, algo que cuesta encontrar en la selva de okupaciones artísticas de hoy. La manera en la que se maneja la narrativa visual es un testimonio de oro de lo que representaba el cine de antaño: un arte que no se vendía al mejor postor, ni se plegaba ante los que exigían concesiones narrativas.
Los seguidores del filme ven, aún hoy, a "Ojo por Ojo" como una oda a un tiempo mejor, cuando las historias se forjaban con acero, no con experimentos frívolos diseñados para inflar salarios de gurús sin fundamento. La película pone un espejo voraz a la audiencia, pidiendo que reflexionen sobre las influencias tanto internas como externas. Al final, el mensaje es que la justicia no es negociable, y en la esfera de la obra de Perojo, el espectador se va con una sensación de determinación férrea; alentándoles a ser resistentes portadores del cambio positivo. ¿Qué mejor relato cinematográfico para confirmar la fe en nuestra moral común y nuestras raíces?
Algunos podrán quejarse argumentando que "Ojo por Ojo" representa un punto de vista demasiado tradicional, pero ¿acaso no es ese punto de vista el que ha preservado el tejido social durante siglos? Perojo y su elenco demuestran que el entretenimiento no tiene que ser trivial o escapista; puede ser una lección inolvidable en cómo defender lo correcto cuando se presentan tiempos turbulentos. La película invita a la reflexión natural, esa que no da espacio a argumentos superficiales o retórica vacía.
En una época donde estamos rodeados por el ruido ensordecedor de las ideologías dispares, es refrescante recalcar cómo un film de 1935 sigue siendo un faro para aquellos deseosos de una narrativa clara y firme. "Ojo por Ojo" no es solo un título más, sino una propuesta intemporal para cualquier mente que aspire mantenerse despierta y no caer en la insensatez del todo vale. La lección del cine, entonces, es clara: en la búsqueda de la justicia, nunca se debe ceder, ni un milímetro.