Es 2023 y una novela llega para remover las conciencias: Ojalá Tuviera Dos Corazones. Escrita por la brillante autora Fernanda Trías, esta obra nos lleva al corazón de una distopía en donde tener un par de corazones no es lo que parece, y donde se exponen las historias de personajes que nos obligan a pensar en las limitaciones que auto-imponemos como sociedad. Esto ocurre en un entorno urbano que resulta ser un espejo bien pulido de nuestra realidad, donde las emociones, ética y deseos se entrelazan para mostrar la gran paradoja de ser humanos. Aquí hay 10 razones por las que esta novela merece nuestra atención, especialmente si creemos que existen verdades absolutas en el mundo.
Empuja Límites En Berlín, Se Derriban Mitos: Los personajes no responden a los impulsos emocionales que los liberales abrazan ciegamente. Aquí se presenta un Berlín donde quienes poseen dos corazones se ven obligados a enfrentar las normas impuestas por la sociedad para encontrar su propio camino. Trías hace un trabajo formidable exponiendo el costo de vivir bajo la sombra del miedo irracional.
Dualidad Corazón-Sociedad: En esta metáfora forzada entre la biología y las emociones humanas, la autora pone en perspectiva las elecciones individuales contra las expectativas sociales. La ambivalencia de tener dos corazones es un reflejo de la lucha constante entre lo que deseamos y lo que se nos dice que deberíamos querer.
Todo Resuena a Clásicos: Si bien el libro es moderno, no se puede ignorar la sombra de Orwell y Huxley en su retorcida visión del futuro. El relato de Trías tiene la chispa de hacer eco de la misma advertencia que los clásicos le hicieron al mundo: cuidado con seguir ciegamente el fascismo emocional.
Personajes que Saltan de la Página: Algunos lectores quedan atrapados por los personajes de Trías, que desafían el buenismo. Las complejidades y defectos de los personajes hacen que la historia sea realista, a pesar de la premisa fantástica. Son reales porque no son perfectos, porque son humanos en su mayoría, aunque los libere la segunda bomba en su pecho.
El Poder de Una Narrativa Única: Lo que también destaca es la manera en la que la autora utiliza la prosa para construir una narrativa única, con múltiples capas, sin la narración trivial que intentan algunos escritores modernos. Trías saca un estudio sobre lo que significa estar vivo desde una perspectiva que es más conservadora que progresista sin miedo a las repercusiones de ser políticamente incorrecta.
Romanticismo Sin Ilusiones: La novela presenta historias de amor alejadas del romanticismo utópico. Aquí, la experiencia del amor se presenta más como un campo de batalla donde los egos y las expectativas chocan y crean mundos llenos de posibilidades, no meramente tragedias amorosas.
Una Ceniza Que Te Hace Pensar: Es una obra que te hace pensar, como una ceniza que incomoda, obligándote a cuestionar lo que uno cree. Quizás, para aquellos que sólo abrazan una ideología y persiguen una única narrativa de la existencia, esta obra sea un desafío intelectual.
El Grito de la Libertad Individual: Ojalá Tuviera Dos Corazones nos recuerda que la libertad tiene un nombre, y a veces es contradictoria y caótica. No siempre podemos confiar en la narrativa predominante si queremos descubrir la auténtica esencia del ser humano.
Trías, Una Voz Valiente: Fernanda Trías se ha convertido en una escritora valiente al presentar ideas que desafían la conformidad del mundo literario moderno. Nos muestra lo que tememos ver, desde la masificación emocional hasta la restricción de la voluntad personal.
Un Reflejo Incómodo de la Realidad: Cada página nos recuerda la realidad que evitamos ver: la imposibilidad de vivir según una identidad única en una sociedad que jubila la uniformidad. Su historia es como un cubo de agua helada que nos despierta de nuestra fantasía liberal de un mundo de colores, mostrando a la vez, la dualidad de tener corazones equilibrados pero tensos.
Cada lectura es una oportunidad de entender más del mundo. En Ojalá Tuviera Dos Corazones no se trata solo de tener dos corazones, sino de hallar nuestro propio latido en un mundo que muchas veces quiere que seamos sordos.