¿Quién iba a pensar que el amor por los jugos detox y las clases de yoga terminaría controlando nuestra sociedad? En el último lustro, la obsesión por el bienestar ha tomado por asalto a cada rincón del mundo, especialmente en países occidentalizados. Millones de personas compran productos, siguen dietas de moda y se inscriben en clases de meditación como si su vida dependiera de ello. Toda esta locura comenzó a infiltrarse verdaderamente en nuestra cultura alrededor de la década de 2010 en las grandes ciudades y ha ido escalando hasta convertirse en una pandemia cultural que abarca redes sociales, campañas de marketing y reuniones de oficina.
Este fenómeno del bienestar saludable ha sido denominado como la nueva religión del siglo XXI. Ahora, en lugar de buscar redención espiritual, muchos buscan la experiencia purificada al tomar agua de coco. Y cuidado, porque si no participas, podrías ser juzgado por aquellos que consideran que tener una buena salud es lo único que importa. La gran pregunta es, ¿realmente estamos más sanos, o simplemente más presionados para aparentarlo?
Las corporaciones no han tardado en adueñarse de esta tendencia. Las marcas de productos "saludables" embolsan millones, mientras los negocios del fitness convierten a individuos atormentados por la culpa en fieles clientes a largo plazo. La máquina del capitalismo nunca descansó, solo se reinventó bajo el disfraz de lo "natural" y "saludable". ¿No es curioso cómo las grandes corporaciones, oficialmente vilipendiadas por imponer malas prácticas alimenticias, ahora son alabadas por sus versiones "verdes" y "orgánicas" de los mismos productos?
Una de las grandes estrellas de esta obsesión es la moda de la alimentación. Ya no basta con comer bien, ahora es cuestión de estar al día con la última dieta que asegure que te verás diez años más joven. Desde la famosa dieta keto, pasando por la paleolítica, la vegana, hasta las que practican el ayuno intermitente. Éstas han inundado el panorama cultural con sus promesas de salud eterna, pero a menudo olvidan mencionar que, científicamente, no siempre son el camino óptimo para todos.
Ahora, hablemos de los famosos influencers del bienestar. Estos autoproclamados gurús han elevado su estatus a figuras casi divinas para sus seguidores, ofreciendo "sabiduría" y productos promocionados para alcanzar la máxima iluminación. Desde vloggers compartiendo su día a día en sus redes hasta gurús del fitness vendiendo cursos de coaching online. Se han convertido en un ejército que propaga que si no meditas al amanecer o si no consumes alimentos biorregenerativos, eres poco menos que sacrílego.
¿Es el fitness nuestro nuevo culto? Porque viendo la dedicación que algunos ponen en sus rutinas de gimnasio, podría parecerlo. La actividad física, sin duda, es importante, pero la presión social para tener un cuerpo de portada está dañando la salud mental de muchos, arrastrándolos a trastornos alimenticios y percepciones corporales distorsionadas.
Por supuesto, las redes sociales han jugado un papel crucial en esta tendencia. Instagrameamos nuestras comidas verdes, twitteamos nuestros pasos diarios y mostramos en historias de Facebook nuestras asanas de yoga en entornos idílicos. La competencia por demostrar cuánto mejor cuidamos de nosotros mismos que los demás rara vez alcanza límites saludables.
La ironía es que esta obsesión por el bienestar puede estar causando más problemas de los que resuelve. Nos encontramos en una era llena de ansiedad, donde el no lograr alcanzar el bienestar de manera perfecta conduce a la auto-crítica y a la infelicidad. La instauración de normas inalcanzables ha servido para añadir más presión social y, mientras algunos ven en ello un camino hacia una mejor salud, para otros es simplemente un nuevo tipo de presión para ajustarse a estándares inalcanzables.
Finalmente, está el aspecto de la inclusión. No todos pueden permitirse financiar este estilo de vida del bienestar de lujo. Para algunos, simplemente es imposible sostenerlo, dándoles la sensación de que solo valen si pueden participar en este costoso juego de la salud extrema. Y ahí es donde radica uno de los grandes fracasos de esta supuesta revolución del bienestar.
La obsesión por el bienestar ha pasado de ser un estilo de vida saludable a una carga más por llevar. En nuestra carrera por demostrar que estamos a la última en cuanto a tendencias de bienestar, ¿hemos olvidado lo que significa realmente estar saludables? En lugar de encontrar equilibrio, estamos corriendo hacia una dirección que, a veces, solo crea más caos.
Irónicamente, este paradigma no está muy lejos de ser un reflejo de otras ideologías modernas donde el placer inmediato y la apariencia prevalecen sobre el sentido común y la realidad tangible. Vivir una vida verdaderamente saludable debería ser simple. Pero en un mundo de consolas de yoga y batidos de matcha importado, ¿cuántos realmente pueden encontrar la paz interior?